Hans - Peter Firbas
Este es un pequeño adelanto de mi próximo libro:
Hasta el presente, muchas de las guerras han
tenido como motivo principal a la economía. Léase depresión, inflación,
desempleo y lamentablemente los acuerdos bajo la mesa entre los gobiernos,
personal militar y fábricas y empresas de todo tipo, que construyen,
confeccionan o están simplemente relacionadas a demandas del propio
enfrentamiento bélico.
Tomando como premisa, que este artículo
solamente se referirá a la manipulación de la prensa y en absoluto nos
referiremos a ningún aspecto político relacionado a los personajes o a la
guerra en sí, en gran medida el comportamiento de la prensa frente a un hecho
histórico que causaría la muerte de millones de personas, incalculables daños
materiales y psicológicos.
Mientras Adolf Hitler es nombrado Canciller de
Alemania el 30 de enero de 1933, varios gobiernos capitalistas, sobre todo el
de Estados Unidos vieron con buena cara este hecho, ya que creían que al fin
había alguien con suficiente poder para hacerle cara al crecimiento de la Unión
Soviética. El terror, que el comunismo invadiera Europa, disminuyó ante la
presencia del futuro Führer, ya que era de conocimiento público su odio a las
ideas de Marx.
Al día siguiente, el New York Time escribe el
31 de enero del 33: “La composición del gabinete no deja a Herr Hitler a colmar
sus ambiciones dictatoriales.” Era el SEÑOR HITLER. Tenía sólo el 37% de apoyo
del gabinete de entonces, Hitler los convence de una nueva elección
parlamentaria, con la promesa, que sea cual fuera el resultado el gabinete no
se vería modificado y permanecería tal y como está.
A poco de las elecciones ocurre el incendio del
Reichstag y los comunistas son acusados de este acto. Por esta razón Hitler
toma medidas de emergencia, con el objetivo de que nadie se le cruce en su
camino para cumplir con su promesa de convertir a Alemania en una gran nació y
unificar regiones y países consideradas por él como netamente germanas.
Casualmente ocurre el crack económico de Wall
Street. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia apoyaban a Hitler secretamente.
Luego del incendio del Reichstag comenzó una feroz persecución contra los
comunistas, asesinándolos y enviándolos a campos de concentración. Los
luchadores de la libertad, la justicia y la democracia no decían nada, porque
eran comunistas los afectados.
Ni hablar de la prensa. Si se toma la molestia
de revisar los diarios a partir de 1933 las persecuciones contra los comunistas
y judíos en Alemania no suscitaron ninguna reacción enérgica. A pesar de ser
públicas, nadie defendió a los primeros por razones ideológicas y a los
segundos porque en ese entonces no les importaban. Todo estaba en orden, ya que
Hitler era su aliado en su lucha contra la URSS. (Continuará)
