Traducción Hans - Peter Firbas
Dirijo este discurso a todos los que creen en
nuestro país y en el Reich. Si quieres ir siempre sólo es egoísmo. ¿Qué sería
de ti en este mundo si tu salario y tus préstamos son lo único que consideras
en esta sociedad y sólo te importan tus posesiones personales? Lo que tienes se
lo debes a todos.
No me respondas que es una molestia hacer
recolecciones y donaciones. Usted nunca ha conocido lo que es el hambre, sino
sabría que tener hambre es una molestia. Leemos en el periódico que una mujer
se ha suicidado junto a sus dos o tres hijos. Mis queridos compatriotas. Ellos
no son malas personas. Esa decisión es muy difícil de tomar. La decisión que sí
es fácil de tomar es entregar un par de monedas, más aún si sabes que otros han
dado sus vidas por ti.
Los alemanes sólo podían enorgullecerse de su
pasado, ya que del presente sólo podían avergonzarse. El Eintopf (olla común
que se organizaba generalmente en invierno para alimentar a los pobres
hambrientos) es ignorado por muchos. Hemos recolectado más de 30 millones de
marcos. Ni siquiera sabes a cuantos millones de compatriotas les hemos dado
comida caliente y a cuantos niños salvamos de morir de hambre. Ni siquiera eso
comprendes.
Para esos alemanes les digo que gracias a ello
podemos guiar nuevamente a nuestro pueblo. Millones de sus compatriotas
estarían felices si sólo tuvieran ese plato de comida todos los días, cuando
realimentan una sola vez al mes. A esos alemanes, que no contribuyen con su
pueblo, son para mí los verdaderos pobres, mendigos, pobres mendigos que se
aprovechan del trabajo común y son protegidos y defendidos por ellos.
Sin embargo no están dispuestos a sacrificarse.
Vemos el colapso de clase tras clase. La clase media está desesperada. Ciento
de miles de vidas en ruinas. Año tras año la situación es cada vez peor para
decenas de miles de alemanes, que se van a la quiebra. La fila de desempleados
se incrementa minuto a minuto.
Un millón, dos millones, tres millones, cuatro
millones, cinco millones, seis millones, siete millones. Hoy tenemos más de
ocho millones de desempleados. No sólo debemos de hablar de un pueblo de
hermanos y hermanas, sino también de caminar junto a ellos, sin prejuicios.
Debemos ayudar y ayudar una y otra vez.
Hoy me encuentro conectado con mi pueblo, para
bien o para mal. No le decimos a los ricos por favor denles algo a los pobres.
Les decimos ayúdense a sí mismos. Todos deben ayudar, sean ricos o pobres.
Siempre hay que pensar que alguien está peor que nosotros. A ellos hay que
ayudarlos, son nuestros compañeros del pueblo.
Espero que todos los alemanes con un
sentimiento de decencia y el carácter de caminar junto a nosotros. ¿Cuánto
tiempo puede durar más esto? Estoy convencido que debemos de actuar ahora, sino
será demasiado tarde. He decidido el treinta de enero, con el apoyo de mi
partido, que comenzó con siete miembros y ahora somos fuertes con doce millones
para salvar a la patria y al pueblo alemán.
Así como yo, que he trabajado incansablemente
durante catorce años para construir este movimiento, que lo hice crecer de
siete personas a doce millones. Hay que trabajar y esforzarse para la
resurrección del pueblo alemán. No lo estoy haciendo por un salario o una
recompensa. Lo hago por ustedes. Esta noche nos comprometemos en pensar
solamente en Alemania cada minuto, cada día. En nuestro pueblo, nuestro Reich y
nuestra nación alemana. Victoria eterna para el pueblo alemán