Entre los cables secretos de la
era Kissinger destaca el que pone por escrito los esfuerzos de la Santa Sede,
representada por el número dos del papa Pablo VI, Giovanni Benelli, por
defender al régimen militar chileno y por negar su represión, cuya denuncia
atribuyó a la "propaganda comunista" pese a estar acreditada hasta
por prelados conservadores de la Iglesia.
Todos sabíamos que la Iglesia
católica colaboró con el régimen militar de Augusto Pinochet en Chile, y que
toleró los crímenes de lesa humanidad de su régimen dictatorial, pero toparse
con un documento en el que se expone por escrito cómo el número dos del
Papa (en ese momento, el venerado por "progresista" Pablo VI) apoya
en nombre del Pontífice el golpe de Estado contra la democracia en Chile,
constituye un descubrimiento periodístico de primera línea.
Tal como esta misma madrugada
deja patente La Repubblica, uno de los 15 medios de comunicación del mundo
que participa (conPúblico) de la exclusiva
de Wikileaks, el sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano,
Giovanni Benelli, expresó a los diplomáticos norteamericanos (el 18 de octubre
de 1973 y en un encuentro que nada tenía que ver con ese tema) "su grave
preocupación, y la del Pontífice, sobre la exitosa campaña internacional
izquierdista para falsear completamente las realidades de la situación chilena".
En aquella fecha, Benelli era en
la práctica el número dos del Papa, puesto que el secretario de Estado, el
cardenal Amleto Giovanni Cicognani, era demasiado anciano para cumplir con
la mayor parte de sus funciones y había entregado el cargo a su sustituto. Así
que ese florentino (nacido en el pueblo de Vernio, muy cercano a la cuna de
Maquiavelo) trabajó estrechamente durante un decenio con su antiguo maestro,
Pablo VI. Hasta ganarse el apodo de "Kissinger del Vaticano" por
su agresiva, casi autoritaria, gestión al frente de la diplomacia de la Santa
Sede.
Alianza entre Nixon y Pablo VI
Tan importante era Benelli en el
Vaticano que fue él quien recibió en persona a Richard Nixon al pie del
helicóptero en el que el presidente de EEUU aterrizó en la Plaza de San
Pedro en 1969 para sellar la alianza anticomunista entre la Casa Blanca y la
Santa Sede que dio origen a los más crueles golpes militares en América Latina.
Tras el golpe de Estado de
Pinochet, "Benelli tildó la exagerada la cobertura de los acontecimientos
[en Chile] como posiblemente el mayor éxito de la propaganda comunista, y
subrayó el hecho de que incluso los círculos moderados y conservadores parecían
muy dispuestos a creer las mentiras más burdas sobre los excesos de la
Junta chilena", escribió en su informe la Embajada de EEUU en Roma, en un
cable clasificado "SECRETO" y con el código "EXDIS" de
máxima reserva.
"Al darse cuenta de que la caída
de Allende era uno de los mayores reveses para la causa comunista, dijo
Benelli" (tal como expone el cable diplomático estadounidense ROME10729),
"las fuerzas izquierdistas han minimizado ampliamente los daños al
convencer al mundo de que la caída de Allende fue debida exclusivamente a
fuerzas fascistas y externas, en vez de a los fallos de su propia gestión
política, como realmente ocurrió. Benelli expresó sus temores de que el éxito
de esta campaña de propaganda comunista pueda influir en los medios de
comunicación del mundo libre en el futuro.
En cuanto a la represión del
régimen militar pinochetista, el número dos de Pablo VI sentenció: "Como
es natural, desafortunadamente, tras un golpe de Estado, hay que admitir
que ha habido algún derramamiento de sangre en las operaciones de limpieza en
Chile, pero la Nunciatura en Santiago, el cardenal Silva y el Episcopado
chileno en general han asegurado al Papa Pablo que la Junta está haciendo todo
lo posible para que la situación vuelva a la normalidad y que las historias de
los medios internacionales que hablan de una represión brutal no tienen
fundamento".
Además, Benelli (que fue
candidato a Pontífice tras las muertes de Pablo VI y de Juan Pablo I) alegó que
no se podía poner en duda "la validez ni la sinceridad de la
interpretación del cardenal Silva" porque, en su opinión, dicho prelado,
era "uno de los más destacados progresistas dentro de la
Iglesia".
Después, Benelli reconoce que
"el Papa ha estado bajo dura presión interna en la Iglesia, especialmente
desde Francia, para hablar contra los excesos de la Junta" de Pinochet. Y
que "pese a los esfuerzos del Vaticano, la propaganda izquierdista ha
tenido un éxito notable incluso con algunos de los cardenales más conservadores
y con prelados que parecen incapaces de considerar la situación con
objetividad. El resultado es que los izquierdistas han logrado crear una
situación en la que el Papa sería atacado por los moderados si defiende la
verdad en Chile".
Más aún, "el Vaticano está
convencido, y la Nunciatura ha confirmado, que durante los últimos meses del
Gobierno de Allende, la Embajada de Cuba estaba sirviendo como arsenal para
distribuir armas fabricadas en Europa del Este a los obreros
chilenos", afirma Benelli.
El informe secreto de la Embajada
de EEUU ante el Vaticano termina con una corta frase, sin duda restando
importancia al tema puesto que lo deja para el final: "El Vaticano informó
la semana pasada a un intermediario izquierdista de que el Papa no podría
recibir a Isabel Allende, y Benelli cuenta con que esto provocará nuevas
críticas contra el Vaticano.
