jueves, 9 de octubre de 2014

Prisioneros de guerra del Eje en la URSS

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La Unión Soviética era una de las pocas naciones en el mundo que no había firmado la Convención de Ginebra para el trato justo y digno de los prisioneros de guerra en caso de un conflicto bélico. Si la URSS de Iósif Stalin había sido de lo más inhumana con sus propios ciudadanos, de ninguna manera sería amable con soldados extranjeros de potencias invasoras en la Segunda Guerra Mundial.

Prisioneros 1941-1945

Nunca se mostró ningún tipo de humanidad por los prisioneros alemanes en el momento en que pisaron la URSS. Los primeros capturados en la “Operación Barbarroja” fueron pilotos de la Fuerza Aérea Alemana (Lufwaffe), que sin ningún miramiento fueron pasados por las armas nada más caer en paracaídas. Uno de los hechos que demostró lo que iban a ser prácticas comunes del Ejército Rojo durante toda la contienda, fue la captura de un hospital alemán en Teodosia en 1941, en el cual los soldados soviéticos asesinaron a 160 alemanes heridos, llegando a lanzarlos por las ventanas o rociándolos con agua en el exterior para que muriesen de frío.

La Batalla de Stalingrado fue el ejemplo más cruel de lo que el Ejército Rojo podía hacer con sus prisioneros de guerra. Cuando el VI Ejército del general Friedrich Von Paulus se rindió con más de 91.000 soldados, fueron condenados a andar sobre la nieve en la denominada “marcha de la muerte” pereciendo 40.000 a causa de la caminata y las palizas. Al resto se les recluyó en los campos de concentración de Lunovo, Suzdal, Krasnogorsk, Yelabuga, Bekedal, Usman, Astrakán, Basianovski, Oranki y Karaganda, e incluso a 3.500 de ellos en la misma Stalingrado para que reconstruyeran la ciudad. La mayoría de ellos, con temperaturas de -25 y -30º grados bajo cero enfermó de tifus, disentería, icteria, difteria, escorbuto, tuberculosis, hidropesía y malaria. De los 91.000 prisioneros sólo lograrían sobrevivir 6.000.

Sobre mediados de 1943, con la reconquista de Kharkov, los soviéticos organizaron fiestas populares en las que 150 prisioneros alemanes fueron ahorcados en público bajo los aplausos de la gente. Sin embargo la mayor matanza llegó en Glowno en 1944 cuando 2.000 alemanes que se rindieron al Ejército Rojo fueron empleados para pisar minas, siendo los pocos supervivientes de los artefactos quemados a continuación con lanzallamas.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial eran muchos los prisioneros del Eje que estaban en manos del Ejército Rojo. Comenzaba un calvario que duraría hasta 1953. Estacionados en gulags y campos de concentración, millares de soldados alemanes, japoneses, italianos, rumanos, húngaros, finlandeses, eslovacos, españoles, franceses, etcétera, se apiñaban en la URSS muy lejos de sus patrias.

Con la muerte de Stalin en 1953, todos los prisioneros de guerra en la URSS supervivientes pudieron volver a sus países gracias a la presión de la Cruz Roja internacional. Hasta ese momento más de 2 millones de prisioneros de Eje habían muerto en el sistema concentracionario soviético.

-Alemania: El Tercer Reich se llevó la peor parte en lo que a bajas se refiere. La brutalidad que anteriormente mostraron las tropas alemanas de la Wehrmacht y en especial las SS hacia los prisioneros soviéticos, conyevó a que los soldados rusos con ansias de venganzas, descargaran su odio cuando los germanos fueron los presos. La gran mortalidad se debió también a que los militares germanos eran más numerosos que cualquier otro ejército del Eje, más de 3.000.000 en total. En los campos de concentración y gulags murieron la impresionante cifra de 1.000.000 de soldados alemanes.