Por Hans - Peter Firbas
Mi padre, el fallecido Doctor en Bioquímica Johann Firbas, también alemán, investigó más de 20 años la solución del gran problema de la nutrición infantil en Perú, sin trabajar en un empresa, ni recibir nada a cambio. Su interés era otro: ayudar a su prójimo. El desarrollo del cerebro normal de los niños es indispensable para que cuando sea mayor su inteligencia sea superior. Lo mismo sucederá con su estado físico debido a una buena alimentación.
Hace mucho tiempo y era muy niño cuando mi papá me explicó que había descubierto como hacer un pan muy económico, que contenía las vitaminas, los minerales y no tengo idea cuántas cosas más para que un niño pueda resistir esa deficiencia alimenticia por la extrema pobreza. Lo más gracioso de todo fue que nos usó a mis hermanos y a mí como conejillo de indias durante varias semanas.
Análisis de laboratorio antes y después de alimentarnos solo con ese pan, el resultado fue muy alentador. Me acuerdo que el en casa construyó un pequeño laboratorio para hacer sus pruebas. Tenía un pan que el gobierno podría haberlo regalado a los niños desnutridos con una inversión mínima. "Al gobierno no le interesa. Entonces chau al proyecto."
También investigó la valiosa contribución de la anchoveta para la nutrición de los niños, pero la prioridad del gobierno y de los empresarios privados era ganar dinero exportando al pescado en cantidades incontrolables, luego de ser transformado en harina de pescado, para alimentar animales de granja, en vez de repartirla a nuestros pequeños hambrientos. Y no tienen idea cuánta anchoveta había. Llegamos a ser el primer país exportador de este pescado. Le ganábamos a Japón y Rusia. Había tanto...
La anchoveta es uno de los más ricos alimentos y era transformado en harina de pescado. Es uno de los ingredientes básicos en la alimentación de los animales. Preferían alimentar pollos en Rusia que a sus niños. Las coimas en las exportaciones eran fabulosas.
Como tampoco le dieron bola otra vez, mi padre muy molestó agarró su investigación y la tiró al olvido. “Los alemanes no necesitan esto. Los peruanos sí, pero no les interesa. Al tacho de la basura.” Luego descubrió las bondades del magnesio y del zinc en el cuerpo humano y simplemente la fórmula se la regaló a un doctor para que salga de su mala situación financiera.
Atendía gratis y lo increíble era que yo recibía a diario llamadas de la gente que cuidaba mi padre. Era su secretario para que pudiera descansar en sus últimos años. La gente me lloraba por teléfono diciendo que se había curado de cáncer, del sida y otras enfermedades y solamente escuchaba cosas lindas. Qué orgullo. Ese trabajo fue de un científico que se basaba en la bioquímica.
Tu cuerpo entrega valiosa información a través de la sangre. De esta forma, descubres que todos los pacientes son diferentes y a cada uno hay que tratarlo distinto, gracias a las pruebas de su sangre. Eran como cincuenta productos que fabricábamos. Yo almacenaba los productos, los pesaba, claro está antes de ser debidamente esterilizados y hasta le ponía las etiquetas. El día que falleció en el 2002 nunca más los volvimos a fabricar.
Ahora resulta que su trabajo es utilizado con engaños, y usan SU nombre para su propio beneficio. Fui testigo de sus citas con varios laboratorios alemanes muy famosos que le querían comprar sus fórmulas por un dinero nada despreciable. "Van a 'modificar' mis fórmulas y encima las van a vender a precios muy altos. De ninguna manera. Y en Perú bambean las cosas."