miércoles, 6 de mayo de 2015

LA CRÓNICA MÁS DIFÍCIL QUE HE TENIDO QUE ESCRIBIR EN TODA MI VIDA

LOS FIRBAS Y ALEMANES ASESINADOS EN CHECOSLOVAQUIA LUEGO DE FIRMADA LA PAZ

POR HANS - PETER FIRBAS

Esta es la crónica que en toda mi vida me ha resultado más difícil de escribir, debido a que mi familia ha sido partícipe de esta nefasta historia de la humanidad, donde el genocidio, el asesinato en masa, apropiarse o robar lo ajeno, las injusticias, las violaciones y muchos delitos más fueron cometidos contra inocentes alemanes, que su único pecado era vivir en Checoslovaquia.

Para que entiendan de lo que hablo regreso al 27 de mayo de 1800, día en el que nació en Budweis, Checoslovaquia Jacob Daublebsky von Sterneck. Curiosamente su ciudad de natalicio anda en procesos judiciales contra una cerveza que tomó su nombre y que fue fabricada por un ciudadano alemán. Pero ese es tema aparte. Tras años de investigaciones es el antepasado de mi familia más antiguo que descubrí.

Él falleció en Praga el 9 de diciembre de 1878. Tuvo nueve hijos, entre ellos Karl, famoso notario (17 de junio de 1830 - 3 de julio de 1906), quien nació, estudió y trabajó toda su vida en Praga. Karl dejó nueve hijos, entre ellos Karl, famoso notario (17 de junio de 1830 - 3 de julio de 1906), quien nació, estudió y trabajó toda su vida en Praga. 

FOTOS CEMENTERIO OSLANY EN PRAGA, REPÚBLICA CHECA







Entre sus hijos estaba Ida, quien contrajo nupcias con mi bisabuelo Karl Firbas, alto funcionario del más importante banco de Praga. Ida Daublebsky von Sterneck contrajo matrimonio con mi bisabuelo Karl Firbas el 14 de septiembre de 1887 en Praga. Karl Firbas nació en 1851 y falleció en 1942 en Praga. La pareja tres hijos. Karl, Heinrich (mi abuelo) y su hermano Oswald, los tres nacidos en Praga.

Heinrich, mi abuelo, nació en Praga el 2 de noviembre de 1892. Alrededor de 3.500.000 alemanes vivían en los Sudetes, región perteneciente a Alemania desde hace siglos. Tras la Primera Guerra Mundial y por el Tratado de Versalles entregaron ese territorio al Estado de Checoslovaquia.

FOTO ABUELO



El Acuerdo de München, firmado, acordado y refrendado el 30 de septiembre de 1938 por los gobiernos de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos e Italia aprobaron la incorporación de los Sudetes a Alemania. Razones históricas, acompañadas de que en dicho territorio se hablaba alemán y vivían millones de alemanes eran las razones para devolverle a dicho país esa zona.

FOTO ACUERDO DE MÜNCHEN




Luego, la manipulación de los medios y las mentiras jamás contadas hablaron de una invasión nazi y de Hitler a Checoslovaquia. Sin embargo, ante la hecatombe del III Reich los checos robaron de nuevo esa área geográfica que no les pertenecía. Y esta vez se la quedarían para siempre y decidieron que la población alemana fuera exterminada y expulsada a toda costa.

Cuando se produjo la ocupación de los Sudetes por tropas del Ejército Rojo el nuevo Presidente Edvard Benes proclamó: “Los alemanes y los húngaros no son seguros”. Aquello ya condenaría millares de vidas inocentes. Los primeros incidentes hacia alemanes fueron agresiones y palizas. Pero el Estado no tardó en empeorar las cosas, pues se obligó a los alemanes a llevar distintivo por la calle, a impedirles salir de sus casas en determinadas horas, a la prohibición de andar por las aceras y supresión de servicios religiosos o médicos.

A continuación las propiedades alemanas como granjas y espacios agrícolas fueron confiscadas. Protestar por estos atropellos era considerado falta leve y se penaba al ciudadano alemán con diez latigazos, mientras que si era grave se le fusilaba directamente. Mi familia simplemente perdió todo. Algunos de ellos murieron, pero muchos de los vecinos de los Firbas declararon ante las autoridades que ellos no eran nazis y por el contrario eran checos de corazón. Eran mis abuelos y sus cuatro hijos.

FOTO EN CHECOSLOVAQUIA: PAPÁ, EDITH Y HEIDI. SISSI NO HABÍA NACIDO AÚN




La capital Praga, en la que vivían 500.000 alemanes fue un infierno para ellos. En primer lugar, después de llegar los rusos, se escogió a varios soldados alemanes que fueron atados a farolas y quemados vivos. Estamos hablando de sucesos que ocurrieron luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945. Ya no había guerra. Ya se había firmado la paz.

Pero algo sorprendente ocurrió con la llegada del Presidente Edvard Benes, pues para recibirlo se organizó una ceremonia pública en la Plaza de Wenceslao donde muchos alemanes fueron colgados de pies bajo paneles publicitarios y rociados con gasolina. Sin embargo, el plato fuerte ocurrió el 18 de Mayo al ser ametrallados en el Estadio Municipal de Praga unos 5.000 soldados SS alemanes, aunque la guerra ya no existía.

La masacre en Saaz fue de la más sangrienta. Solamente en esa ciudad se ametralló a 3.000 vecinos civiles alemanes. En Bokowitz los ciudadanos alemanes fueron linchados públicamente por soldados y civiles checos, matando delante de sus padres a los niños de 10 años y después a los adultos, pero como muchos no morían por las palizas se les rociaba con ácido clorhídrico sobre las heridas y huesos rotos para provocarles una muerte más agónica. En Brno se llevó a que más de 250 mujeres se suicidaran.

En Iglau se hizo caminar desnudos a 350 civiles por la noche durante un trayecto de 33 kilómetros. Uno a uno fue cayendo de cansancio o por el frío, a otros se los remató a culatazos de fusil. Pero peor fue el destino del antiguo alcalde de Iglau, pues al dictaminar el tribunal que lo juzgó a muerte, su sentencia se realizó en la misma sala del juicio abriéndole el cuerpo con un bisturí, por supuesto sin anestesia, mientras lanzaba alaridos de dolor que le provocaron las roturas de las cuerdas vocales antes de fallecer. Ante estas muertes agónicas que contemplaron otros ciudadanos, cerca de 1.200 alemanes decidieron no pasar por ello y se suicidaron.

Se abrieron diversos campos de concentración para ciudadanos alemanes en toda Checoslovaquia. En el campo de Hagibor había 1.200 prisioneros, la mayoría mujeres, violadas hasta 45 veces por día. Otro campo, el de Kladnow, los guardias recubrían las espaldas de los presos de alquitrán hirviendo mientras se les golpeaba con porras.

En ese mismo lugar en Mayo de 1945 ocurrió la matanza de varios soldados alemanes heridos a los que se condujo a un llano y se les lanzó por diversión granadas de mano que explotaban y mataban con la metralla. Había más campos, como el de Moraska-Ostrava. Todo en tiempo de paz.

Las mujeres alemanas de Checoslovaquia sufrieron humillaciones públicas de todo tipo. Se las decía: “De rodillas putas alemanas” y cuando lo hacían les cortaban los cabellos con bayonetas. Si alguna se desmayaba se la echaba un cubo de agua helada encima para despertarla y seguir con la labor. Se las rompían las costillas o les cortaban trozos de pies. Las embarazadas sufrían más que nadie, pues mujeres checas y judías las apaleaban con porras hasta hacerlas abortar. A muchas cautivas en los campos se las hacía comer excrementos de los muertos infectados de disentería.

Casi 3 millones de alemanes fueron expulsados a pie de los Sudetes y Chequia en general. En los Sudetes murieron 250.000 germanos y en los campos de concentración checos unos 175.000, lo que elevó la cifra a 425.000 alemanes exterminados por Checoslovaquia. Entre esos tres millones estaban mis abuelos Heinrich Firbas y su esposa Hermma Brick, mi papá Johann y sus hermanas Sissy, Heidi y Edith. Los cuatro hijos menores de 12 años.

Como anécdota, un grupo de judíos que logró escapar a Estados Unidos le rindió un homenaje a la abuela Brick, quien con valentía y coraje escondió en su propiedad en Checoslovaquia a decenas de judíos, que al final salvaron sus vidas gracias a ella. Mi padre odiaba a los nazis y siempre me lo repetía. Lo peor es la venganza contra gente inocente.

FOTO PAPÁ




Mi abuelo escondió en sus ropas unas láminas de oro, un prendedor de corbata y un anillo, también de oro. Llegaron a Austria sin nada más, sin ropa, sin hogar, sin una vida de decenas de años que tuvieron en Checoslovaquia. Otros miembros de mi familia huyeron a Eslovaquia, Eslovenia y hasta se vieron obligados a cambiar de apellido y de documentación. A los otros nunca más los vieron.

Soy consciente que las injusticias están al orden del día. Pero cuando le toca a uno recién reacciona. Para mí esta es sólo una injusticia más y estaré siempre alerta de cualquier otra para denunciarla. Tuve la gran suerte de recibir una educación alemana, en la que antes que nada está el amor a tu país, a tu compatriota y a la justicia.