LOS FIRBAS SON DEJADOS EN LA FRONTERA ENTRE AUSTRIA Y CHECOSLOVAQUIA
Casi al final del mes de mayo de 1945, Heinrich Firbas, su esposa y sus hijos Johann (mi padre), Edith, Heidi y Sissy fueron dejados en la frontera austriaca. Sin nada más de lo que llevaban puesto, comenzaron su caminata hacia la capital Viena, donde mi abuelo, con cuatro hijos menores de doce años, buscó la forma cómo mantener dignamente a su familia.
Botánico, biólogo e ingeniero agrónomo de profesión hablaba perfectamente siete idiomas: alemán, inglés, checo, latín, español, húngaro y francés logró durante cuatro años algunos trabajos para poder alimentarse y pagar un pequeño departamento para vivir. Sin embargo, la situación económica en Austria era muy difícil, razón por la cual buscó nuevos horizontes.
En 1949 consiguió un puesto para trabajar de profesor y de ingeniero agrónomo en Tucumán, Argentina. Así, tomó a sus seres queridos y en largo viaje en tren llegó al puerto de Burdeos, en Francia, donde se embarcarían en el barco de carga de bandera francesa llamado Kerguelen. Luego de varios meses viajando en condiciones deplorables llegaron el 17 de octubre de 1947 a Buenos Aires.
Con 45 años de edad, con su pasaporte checoslovaco en la mano ingresó a argentina con su esposa Herminne con pasaporte italiano y con sus cuatro hijos con documentos austriacos. Esas casualidades ¿o no? de la vida marcaron el destino de mi padre. El Doctor Johann Firbas había llegado a América el 17 de octubre y en esa misma fecha, pero en el 2002 falleció en Lima. Coincidencia o no, creo que mi padre marcó su vida como buen hombre peruano.
Pero faltaba aún un largo trecho entre Buenos Aires y Tucumán. Al fin en la provincia argentina, los pequeños Firbas ingresaron al colegio y el abuelo a trabajar. Luego mi papá comenzó sus estudios en la Universidad de Tucumán, a donde día a día se colgaba en la parte posterior de los tranvías porque no tenía para pagar el pasaje. desde la Calle San Miguel 205 -otra vez algo muy raro. Siempre vivimos en el distrito de San Miguel, en Lima-. Nunca se pudo comprar un libro y pasaba horas y horas en la biblioteca universitaria para estudiar y graduarse.
Doctor en Bioquímica de la Universidad de Tucumán obtuvo su primer trabajo gracias a su jefe, otro ciudadano alemán en el laboratorio de dicho centro de estudios. En 1958 el abuelo ordenó el retorno de todos a Europa, pero mi padre se opuso y se quedó en Tucumán. Al poco tiempo, la excelente situación financiera que se vivía en Perú lo convenció para tomar sus maletas y viajar a Lima en el 58. Cuando llegó a nuestro país las cosas comenzaron a cambiar.
Hans - Peter Firbas
Foto: barco Kerguelen
Casi al final del mes de mayo de 1945, Heinrich Firbas, su esposa y sus hijos Johann (mi padre), Edith, Heidi y Sissy fueron dejados en la frontera austriaca. Sin nada más de lo que llevaban puesto, comenzaron su caminata hacia la capital Viena, donde mi abuelo, con cuatro hijos menores de doce años, buscó la forma cómo mantener dignamente a su familia.
Botánico, biólogo e ingeniero agrónomo de profesión hablaba perfectamente siete idiomas: alemán, inglés, checo, latín, español, húngaro y francés logró durante cuatro años algunos trabajos para poder alimentarse y pagar un pequeño departamento para vivir. Sin embargo, la situación económica en Austria era muy difícil, razón por la cual buscó nuevos horizontes.
En 1949 consiguió un puesto para trabajar de profesor y de ingeniero agrónomo en Tucumán, Argentina. Así, tomó a sus seres queridos y en largo viaje en tren llegó al puerto de Burdeos, en Francia, donde se embarcarían en el barco de carga de bandera francesa llamado Kerguelen. Luego de varios meses viajando en condiciones deplorables llegaron el 17 de octubre de 1947 a Buenos Aires.
Con 45 años de edad, con su pasaporte checoslovaco en la mano ingresó a argentina con su esposa Herminne con pasaporte italiano y con sus cuatro hijos con documentos austriacos. Esas casualidades ¿o no? de la vida marcaron el destino de mi padre. El Doctor Johann Firbas había llegado a América el 17 de octubre y en esa misma fecha, pero en el 2002 falleció en Lima. Coincidencia o no, creo que mi padre marcó su vida como buen hombre peruano.
Pero faltaba aún un largo trecho entre Buenos Aires y Tucumán. Al fin en la provincia argentina, los pequeños Firbas ingresaron al colegio y el abuelo a trabajar. Luego mi papá comenzó sus estudios en la Universidad de Tucumán, a donde día a día se colgaba en la parte posterior de los tranvías porque no tenía para pagar el pasaje. desde la Calle San Miguel 205 -otra vez algo muy raro. Siempre vivimos en el distrito de San Miguel, en Lima-. Nunca se pudo comprar un libro y pasaba horas y horas en la biblioteca universitaria para estudiar y graduarse.
Doctor en Bioquímica de la Universidad de Tucumán obtuvo su primer trabajo gracias a su jefe, otro ciudadano alemán en el laboratorio de dicho centro de estudios. En 1958 el abuelo ordenó el retorno de todos a Europa, pero mi padre se opuso y se quedó en Tucumán. Al poco tiempo, la excelente situación financiera que se vivía en Perú lo convenció para tomar sus maletas y viajar a Lima en el 58. Cuando llegó a nuestro país las cosas comenzaron a cambiar.
Hans - Peter Firbas
Foto: barco Kerguelen
