viernes, 19 de junio de 2015

Millones de civiles y prisioneros alemanes exterminados por los aliados

Copyright © ADECAF (Asociación Democrática Catalana de Funcionarios, fundada en 1996 por el Licenciado Jaume Farrerons, en defensa de los maltratos de los presos en España, pero en especial en Cataluña).

Desde el año 2007 denuncia las vulneraciones masivas e impunes de los derechos humanos por parte de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Singularmente, ha subrayado la criminalidad del comunismo y, sobre todo, el olvido de sus más de 100 millones de víctimas.

Fue el primero en sumar las cifras de víctimas totales del genocidio perpetrado por los aliados anglosajones y soviéticos contra el pueblo alemán, que Farrerons calcula en un mínimo de 6 millones de personas y un máximo de 13, sosteniendo por otro lado que el Holocausto, además de exagerado, fue sólo una respuesta al plan de exterminio aliado publicado en 1941 y puesto en práctica con los bombardeos crematorios ingleses contra civiles alemanes pocos meses después.

Hemos esbozado un cálculo aproximado -que iremos perfilando poco a poco- de los alemanes, civiles o militares desarmados, que fueron víctimas de vulneraciones de los derechos humanos en la Segunda Guerra Mundial. Las cifras resultan escalofriantes, pero todavía lo es más pensar que dichas actuaciones criminales fueron perpetradas por potencias que decían luchar contra la maldad del nazismo en nombre de unos valores que la ideología fascista había vulnerado.

En primer lugar, 1.100.000 de civiles alemanes exterminados en bombardeos planificados a tal efecto por la sofisticada tecnología crematoria, constantemente “mejorada” a lo largo de la guerra, de la aviación inglesa.En resumen: !quemar vivos a mujeres, ancianos y niños!
 
Este plan estratégico, denominado “bombardeo moral”, tenía la supuesta finalidad de provocar en el pueblo alemán una reacción de rebelión contra el régimen nazi, pero cuando se comprobó que el resultado era el contrario, siendo así que difícilmente se podía justificar la causa aliada amparándola en semejantes métodos, los ataques aéreos incendiarios contra la gente común y corriente prosiguieron incluso hasta después de que el ejército alemán, prácticamente derrotado, no presentara ya una resistencia digna de ese nombre (por ejemplo, en el ataque a Pfüllingen). 

Conviene añadir que el plan británico ponía como norte matar a 15.000.000 de alemanes y comenzó en 1941, es decir, antes de que pueda hablarse en algún sentido de un holocausto judío a manos del Tercer Reich.Más de 12.000.000 de civiles alemanes de los territorios del Este, es decir, Prusia, Silesia y Pomerania, fueron sometidos a limpieza étnica, calificada según la legislación internacional vigente de “crimen contra la humanidad”. 
Territorios de Alemania que, como los Sudetes, Prusia Oriental, Silesia y Pomerania, pasaron a incorporarse, sin mediar tratado alguno y a guisa de botín de guerra, a la URSS, Polonia y Checoslovaquia.Más de 2.500.000 de civiles alemanes resultaron exterminados como consecuencia de dicho proceso de limpieza étnica.

Más de 1.000.000 de militares alemanes desarmados murieron, por hambre y malos tratos, en los campos de concentración norteamericanos y franceses después de la Segunda Guerra Mundial. El comportamiento alemán con los prisioneros ingleses, norteamericanos y franceses -no así en el caso de los rusos y de los judíos- respetó empero, en todo momento y con contadas excepciones, las normas de la Convención de Ginebra.

Más de 1.500.000 de militares alemanes desarmados perecieron de la misma manera en los campos de concentración soviéticos.

De los millones de mujeres alemanas violadas, 200.000 murieron a consecuencia de la violencia sexual perpetrada por el Ejército Rojo de forma sistemática.

Unos 80.000 civiles alemanes fueron exterminados en campos de concentración de posguerra regentados por gentes como Salomón Morel.

A estas cifras hay que sumar los ciudadanos soviéticos de etnia germana, completamente ajenos al nazismo, deportados a Siberia por Stalin, así como las minorías germanohablantes en países de Europa oriental: Hungría, Rumanía y Yugoeslavia, objeto también de todo tipo de atrocidades después de la guerra. Las minorías étnicas alemanas, unos tres millones de personas, fueron, en efecto, también expulsados, pereciendo en medio de tales fechorías unos 1.300.000 civiles inocentes.

Por si fuera poco, 4 y 8 millones de alemanes murieron por inanición a partir del año 1945 como consecuencia de la deliberada política de castigo -de la cual conocemos al autor intelectual: el banquero norteamericano Henry Morgenthau- impuesta por los aliados a la nación vencida. En total, tenemos como poco 13 millones de alemanes exterminados fuera de las operaciones militares por los valientes y simpáticos cruzados del humanismo cristiano, la democracia y el socialismo que aparecen en las películas de Hollywood mascando chicle o bebiendo vodka.

Semejantes cifras pueden, empero, alcanzar hasta los 13 millones de muertos, sin contar los desplazados forzosos ya mencionados (en total, 25 millones de alemanes afectados por vulneraciones de los derechos humanos), de manera que la cantidad mínima de “seis millones” no es producto de exageración alguna, sino una estimación muy moderada y computada a la baja.

De estos alemanes nada se sabe, no se han rodado en Hollywood películas sobre el tema y sólo poco a poco empezamos a tener noticia del escándalo a través de libros e investigaciones de heroicos historiadores que son automáticamente estigmatizados por el sistema demoliberal, todo ello en nombre de la ideología antifascista, la misma que justificó este auténtico “holocausto olvidado” y que sigue vigente so pena de excomunión social en los pomposamente autodenominados países libres.

Conviene recordar que el fascismo originario, el régimen de Mussolini -el único que puede de forma rigurosa ser calificado de fascista-, no perpetró genocidio alguno, 25 son las penas de muerte que, tras un juicio en regla, se aplicaron a terroristas eslavos en los veinte años que duró la existencia del Estado fascista. Además, muchos fascistas ampararon a los judíos perseguidos por la Gestapo, pues esta etnia estaba sobrerrepresentada -respecto a su porcentaje dentro de la población total italiana- en el propio partido fascista. 

Pensemos que sólo la banda terrorista marxista-leninista ETA ha asesinado a más de 1000 personas inocentes por motivos racistas (la ideología de Sabino Arana), ya sea de un tiro en la nuca, ya mediante artefactos explosivos, no obstante lo cual a sus cómplices abertzales sólo se les reclama “condenar” los atentados etarras para poder reintegrarse a la alborozada fiesta progre de la sociedad “democrática” (?) y desempeñar cargos públicos, algo que está vetado a los “fascistas”, incluso cuando no hayan asesinado a nadie y por muchas condenas o matizaciones autocríticas que puedan hacer -como es nuestro caso- sobre el pasado histórico de dicha corriente política.

La filosofía no puede callar ante esta deformación monstruosa de la conciencia humana.