miércoles, 15 de julio de 2015

LA VERDAD DE CHECOSLOVAQUIA COMO PAÍS INDEPENDIENTE PARTE 1

EL ACUERDO DE MÜNCHEN. CHECOSLOVAQUIA NO EXISTÍA COMO NACIÓN ANTES DE 1938

Desde 1933, cuando Adolf Hitler asume el cargo de Canciller de Alemania había ofrecido a su amado pueblo, entre los asuntos más importantes lo siguiente:

1.- Dejar que su pueblo siga siendo humillado por el Tratado de Versalles.
2.- Combatir contra la amenaza del comunismo.
3.- Recuperar los territorios históricamente pertenecientes a Alemania.
4.- Dejar que sus compatriotas sigan muriendo de inanición, de hambre, de frío y de enfermedades, devolviéndoles su dignidad.
5.- Hacer un llamado de atención a los ciudadanos alemanes con dinero para que lo repartan con los más necesitados.
6.- Convertir a Alemania en una gran nación, creando millones de puestos de trabajo a través de empresas, industrias y comprometer a los poderosos de su país a ser los grandes responsables de esta misión.

En unos cuantos años todas estas promesas comenzaron a cumplirse gracias a la grandeza de su pueblo y al compromiso asumido por él. La llamada de atención realizada a los alemanes de la clase alta resultó, quizás por el temor de ser despojados de sus bienes si no se comprometían al 100% con sus compatriotas.

Sus grandes colaboradores fueron Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, ya que ellos creían que con Hitler iban a desaparecer la amenaza comunista de Europa sin que ellos se ensuciaran las manos. Tanto los comunistas y judíos fueron asesinados, enviados a campos de concentración y ninguno de los supuestamente abanderados de la justicia, de los derechos humanos y de la libertad, si que nadie hiciera nada. ¡Qué bonita familia!

En esos años Hitler insistía que el territorio de los Sudetes, que pertenecía a Alemania y que le fue despojado pasando a ser parte de Checoslovaquia, debía serle devuelto. Además en ese territorio casi todos eran alemanes y hablaban en alemán, a diferencia del resto del país, cuya lengua era Checoslovaquia.

Para evitar la guerra y para satisfacer el pedido de Adolf Hitler el 30 de septiembre de 1938 en la ciudad de München se desarrolló una histórica cita, sin ser invitado el primero que debería haber asistido: el presidente de Checoslovaquia. ¿Por qué? Simplemente porque iban a entregarle a Hitler parte de su territorio.

Los Acuerdos de München fueron aprobados y firmados durante la noche del 30 de septiembre de 1938 por los  gobiernos del Reino Unido, FranciaItalia y Alemania, con el objeto de solucionar la Crisis de los Sudetes. Benito Mussolini, el francés Édouard Daladier y el inglés Arthur Neville Chamberlain, junto a Paul – Otto Schmidt, intérprete de Hitler asistieron a la cita.

Por mediación del dictador italiano Benito Mussolini y a iniciativa de Hermann Göring, el primer ministro británico Arthur Neville Chamberlain y su homólogo francés Édouard Daladier aprobaron la incorporación de los Sudetes, territorio checo a Alemania. Hitler se salió con la suya gracias a sus aliados.

Ningún representante de Checoslovaquia estuvo presente. El Reino Unido y Francia se mostraron complacientes con los deseos de la población alemana de los Sudetes y consideraban este acuerdo como una revisión parcial del Tratado de Versalles. Especialmente se pretendía evitar una nueva guerra, a pesar de poner en gran peligro la existencia de Checoslovaquia.

El Führer de los alemanes, Comandante en Jefe del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea alemanas, Canciller del Tercer Reich, Hitler, cosechó aquel día el resultado de la audaz, desafiante e implacable política exterior que había ejercido durante cinco años y medio. Había convertido el Tratado de Versalles en viruta. Había anexado Austria con su pleno consentimiento.

Todos estos hechos escandalizaron a las naciones que habían derrotado a Alemania en el campo de batalla sólo 20 años antes, pero nada aterroriza tanto al mundo como los implacables y metódicos hechos del pasado verano y comienzos del otoño que amenazaron con una guerra mundial por la conquista de los Sudetes de Checoslovaquia.

LA HISTORIA ANTES DEL ACUERDO DE MÜNCHEN

En ese año crucial Checoslovaquia era un estado artificial en Europa Central asentado sobre un territorio de unos 122.000 km cuadrados, que contaba con una población de algo menos de catorce millones de habitantes. Según el censo de 1921 estos habitantes se desglosaban de la siguiente manera: 6.727.000 checos; 2.010.000 eslovacos; 746.000 húngaros; 460.000 ucranianos; 76.000 polacos; 180.000 judíos; 239.000 súbditos extranjeros y 3.123.000 alemanes.

Los checos no llegaban a constituir la mayoría en el país. Si no había unidad lingüística ni nacional, tampoco la había en el plano geográfico. Al oeste, el cuadrilátero de Bohemia, que los montes de Moravia separan de Eslovaquia. Al este, Eslovaquia, prolongada por la Rutenia, región ucraniana.

Los territorios que componen el estado checoeslovaco habían formado parte del Imperio Austro-Húngaro, cuya destrucción era una de las finalidades de la Primera Guerra Mundial. El 30 de Mayo de 1918 se reunieron en Pittsburgh, Estados Unidos, dos docenas de emigrados checos y eslovacos que se constituyeron en Asamblea Constituyente y firmaron una convención fundando el "estado checoeslovaco", en el cual los eslovacos, que eran minoría, asegurarían su propia administración y gozarían de su propio parlamento y su propia magistratura.

Bajo esas condiciones, los eslovacos se asociaron a los checos y más tarde aceptaron los tratados de Versalles, de Saint-Germain y de Trianon porque eran solemnes e internacionalmente proclamadas. Los "deux ex machina" de la reunión de Pittsburgh habían sido tres checos, Masaryk, Benes y Stefanik, los tres conspicuos francmasones, que odiaban a muerte a la monarquía católica Austro-Húngara y eran germanófobos empedernidos.

Stefanik, para mayor "Inri", no era siquiera ciudadano del antiguo Imperio Austro-Húngaro, sino que había adoptado la nacionalidad francesa y había sido capitán del ejército de su patria de adopción. De acuerdo con la legislación francesa, un oficial del ejército que firma una convención que constituye un nuevo estado debe ser degradado y metido en el calabozo, pero ya se sabe que los "hermanos" gozaban de especiales protecciones.

Masaryk y Benes mantenían estrechas relaciones con el Presidente Wilson, que, junto con el ministro de Asuntos Exteriores francés, Pichon, era su principal defensor ante los consignatarios del Tratado de Versalles. El gobierno francés, cuando se constituye el nuevo estado, hace una declaración oficial en la que se afirma que "se hará todo cuanto sea necesario para hacer que se materialicen las aspiraciones del pueblo checoeslovaco a la independencia dentro de sus fronteras históricas".

Falso. Nunca ha habido fronteras históricas del pueblo checoeslovaco antes de 1938. Nunca ha habido un estado checo. Nunca ha habido un estado eslovaco. La mayoría de sus actividades dependían de Alemania, de Austria o de Austria-Hungría. Hubo eslovacos que dependían de Hungría. Pero el trío Benes-Masaryk-Stefanik estaba resuelto a crear este país a toda costa.

El nuevo estado, además de Eslovaquia, engloba a Bohemia, incluyendo a su importante minoría alemana, a la Rutenia Transcarpática - sin previa consulta a los ucranianos que vivían en esa zona - y deseaban todo lo que podían añadir. Los checos, que encabezaron esta operación, sólo prometieron autonomía interna a los eslovacos para obtener su adhesión al nuevo estado, pero están resueltos a someterlos a su hegemonía dictatorial.

Si en el nuevo estado anexaron la región alemana de los Sudetes, fue por dos razones:

(a) Porque los Sudetes era una región fuertemente industrializada - una de las más industrializadas de Europa - y sin ella el nuevo estado quedaría reducido a un territorio de mediana riqueza agrícola y ganadera, con un equipamiento bastante atrasado,

(b) Para protegerse de posibles ataques del Reich alemán con la posesión de los montes del Böhmerwald y de Erzgebirge, que se hallan precisamente en los Sudetes, y que los checos pensaban fortificar.