Aunque en la Conferencia de la Paz el Canciller austríaco Karl Renner, socialista, líder del Anschluss es, al mismo tiempo, el líder de los Súdetes, territorio que formaba parte de estados germánicos hace cientos de años. Renner respetaba el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. Nos referimos a la democracia tan admirada por Wilson, Responde, con arrollador cinismo, que la democracia no se aplica a los vencidos. El 16 de Febrero de 1919 deben tener lugar elecciones generales en toda Austria, pero los Aliados las prohíben en los Sudetes.
Los esfuerzos del Reich y de Austria, así como de los alemanes Sudetes no serán tenidos en cuenta. Más de tres millones de alemanes pasan a la soberanía checa, contraviniendo los principios de los propios Aliados. Los checos no se privarán de hacer pagar a esos alemanes la autoridad que el Imperio Austro-Húngaro había ejercido sobre ellos cuando formaban parte del mismo.
Tampoco se consultó democráticamente a los húngaros, los polacos y a los ucranianos inmersos en el nuevo estado y ni siquiera se consultó ni se tuvo en cuenta para nada en la redacción definitiva de los Tratados que dieron nacimiento a Checoeslovaquia, a los eslovacos, con lo cual, el nuevo estado contravenía de manera flagrante los principios democráticos de sus patrocinadores internacionales, de su institucionalización en los Tratados de Versalles, Saint-Germain y Trianon y de su propia constitución interna.
El estado checoeslovaco, en fin, era simplemente un estado checo, y los checos eran minoría. No existía una conciencia nacional checoeslovaca - no podía existir - y cada cual tiraba por su lado. El nuevo estado era inviable. Sólo la férrea política centralista y antidemocrática de Benes y Masaryk lograba mantener la apariencia de cohesión indispensable en un estado moderno.
En un discurso pronunciado en el Guildhall, de Londres, el 7 de Octubre de 1928, Lloyd George, Primer Ministro británico, cuando se consumó la injusticia histórica de la creación del estado checoeslovaco, explicó cómo se había visto obligado a ceder, - pese a sus reticencias.
"Toda la documentación que nos fue presentada por nuestros aliados durante las negociaciones de Versalles, era mentirosa y falseada. Decidimos cuestiones gravísimas basándonos en falsificaciones, concretamente en los casos de Checoslovaquia y Polonia. El 15 de Junio de 1919, el canciller austríaco Karl Renner escribió a Clemenceau una carta que contenía esta advertencia profética.
"Al persistir en ese camino en el caso de Checoeslovaquia, las potencias vencedoras crearán en el centro de Europa, un foco de guerra civil, que, a la larga, puede convertirse para el mundo y para su progreso social en algo más peligroso que la pasada y continua fermentación bélica en los Balcanes".
En 1938, Checoeslovaquia fermentaba desde casi veinte años. La profecía de Karl Renner se estaba cumpliendo con creces. Sin embargo, podía añadirse que no era un foco de guerra civil, sino un foco de guerra mundial. Los Aliados no crearon Checoeslovaquia por sí misma, sino para levantar una barrera contra el germanismo", reconocería el destacado político francés Tardieu, acérrimo defensor de las secuelas de Versalles.
Píerre Cot, que sería varias veces Ministro, aclararía cínicamente que "el motivo de existencia de Checoeslovaquia es servir de porta-aviones a Francia en caso de conflicto con Alemania". El primer pacto que suscribió Checoslovaquia como estado independiente fue con Francia, Rumania y Yugoslavia, el denominado Pacto de la Pequeña Entente.
Aún más, según el Coronel W. Nicolai, en su obra Geheime Mächte, la Escuela de Espionaje Hollashovitz, de Praga, se encuentra enteramente bajo control francés, así como todo el servicio de contraespionaje checoeslovaco. Francia además mandó a sus instructores para formar al ejército checoeslovaco. Fue artífice de ese pacto militar que apuntaba contra Alemania.
Benes gobierna en Praga como un auténtico dictador. A su lado, Masaryk, queda empalidecido. El caso de Benes es singular. Raras veces en el curso de la historia un gobernante de un pequeño país habrá alcanzado tanto renombre. Retorcido, desprovisto de escrúpulos necesitó, para ser "lanzado" políticamente, la catapulta de personal político francés.
Los esfuerzos del Reich y de Austria, así como de los alemanes Sudetes no serán tenidos en cuenta. Más de tres millones de alemanes pasan a la soberanía checa, contraviniendo los principios de los propios Aliados. Los checos no se privarán de hacer pagar a esos alemanes la autoridad que el Imperio Austro-Húngaro había ejercido sobre ellos cuando formaban parte del mismo.
Tampoco se consultó democráticamente a los húngaros, los polacos y a los ucranianos inmersos en el nuevo estado y ni siquiera se consultó ni se tuvo en cuenta para nada en la redacción definitiva de los Tratados que dieron nacimiento a Checoeslovaquia, a los eslovacos, con lo cual, el nuevo estado contravenía de manera flagrante los principios democráticos de sus patrocinadores internacionales, de su institucionalización en los Tratados de Versalles, Saint-Germain y Trianon y de su propia constitución interna.
El estado checoeslovaco, en fin, era simplemente un estado checo, y los checos eran minoría. No existía una conciencia nacional checoeslovaca - no podía existir - y cada cual tiraba por su lado. El nuevo estado era inviable. Sólo la férrea política centralista y antidemocrática de Benes y Masaryk lograba mantener la apariencia de cohesión indispensable en un estado moderno.
En un discurso pronunciado en el Guildhall, de Londres, el 7 de Octubre de 1928, Lloyd George, Primer Ministro británico, cuando se consumó la injusticia histórica de la creación del estado checoeslovaco, explicó cómo se había visto obligado a ceder, - pese a sus reticencias.
"Toda la documentación que nos fue presentada por nuestros aliados durante las negociaciones de Versalles, era mentirosa y falseada. Decidimos cuestiones gravísimas basándonos en falsificaciones, concretamente en los casos de Checoslovaquia y Polonia. El 15 de Junio de 1919, el canciller austríaco Karl Renner escribió a Clemenceau una carta que contenía esta advertencia profética.
"Al persistir en ese camino en el caso de Checoeslovaquia, las potencias vencedoras crearán en el centro de Europa, un foco de guerra civil, que, a la larga, puede convertirse para el mundo y para su progreso social en algo más peligroso que la pasada y continua fermentación bélica en los Balcanes".
En 1938, Checoeslovaquia fermentaba desde casi veinte años. La profecía de Karl Renner se estaba cumpliendo con creces. Sin embargo, podía añadirse que no era un foco de guerra civil, sino un foco de guerra mundial. Los Aliados no crearon Checoeslovaquia por sí misma, sino para levantar una barrera contra el germanismo", reconocería el destacado político francés Tardieu, acérrimo defensor de las secuelas de Versalles.
Píerre Cot, que sería varias veces Ministro, aclararía cínicamente que "el motivo de existencia de Checoeslovaquia es servir de porta-aviones a Francia en caso de conflicto con Alemania". El primer pacto que suscribió Checoslovaquia como estado independiente fue con Francia, Rumania y Yugoslavia, el denominado Pacto de la Pequeña Entente.
Aún más, según el Coronel W. Nicolai, en su obra Geheime Mächte, la Escuela de Espionaje Hollashovitz, de Praga, se encuentra enteramente bajo control francés, así como todo el servicio de contraespionaje checoeslovaco. Francia además mandó a sus instructores para formar al ejército checoeslovaco. Fue artífice de ese pacto militar que apuntaba contra Alemania.
Benes gobierna en Praga como un auténtico dictador. A su lado, Masaryk, queda empalidecido. El caso de Benes es singular. Raras veces en el curso de la historia un gobernante de un pequeño país habrá alcanzado tanto renombre. Retorcido, desprovisto de escrúpulos necesitó, para ser "lanzado" políticamente, la catapulta de personal político francés.