sábado, 6 de abril de 2019

LOS PERROS Y SUS SENTIDOS SUPERIORES AL DEL SER HUMANO

Por Hans-Peter Firbas. – Quizás por la extrema atención que tuve casi 15 años con mi hijo Friedrich ‘Der Grosse’ –Fritz es su diminutivo-, Federico El Grande, es que logré enchufarme con mi perro de tal forma, hasta que llegaba a hablarle en alemán y era clarísimo que me entendía. Su nombre, en homenaje al Kaiser germano, quien fue el que conquistó el más extenso territorio para su pueblo, amaba la música desde muy pequeño con su mejor amigo Hans.

Esos datos históricos y su mirada cuando lo conocí me bastaron para saber que iba a ser lo más importante que me pasaría en la vida. Sus primeras noches durmió en el bolsillo de mi pijama, para luego ser mi fiel compañero al costado de mis pies en mi cama. Se enamoró de un peluche, con quien de vez en cuando se acostaban en su cuna y hacían el amor. Realmente para Fritz ella estaba viva. Nunca sentí una relación tan extraña. Realmente no entendía en ese entonces qué pasaba.

Luego de un par de años de estudios sobre este tema, el asunto quedó transparente. Los perros nos superan largamente en la calidad de los sentidos que tienen y además son capaces de utilizar la telepatía, inclusive después de muertos. Siendo una persona poco amable para recibir consejos, recomendaciones y similares, tuve la suerte de comprobar personalmente que el perro puede entablar una comunicación con sus amos o ex dueños, si ellos utilizaron seriamente su mente para ese fin.

Cuando ingresé un día a mi dormitorio, vi a mi esposa en el suelo abrazando a Fritz y me decía que estaba muerto. De inmediato lo levanté, lo tumbé a mi cama y gracias a la respiración boca a boca y a masajes cardíacos, de un momento a otro despertó. Sin embargo, el daño cerebral al no recibir el oxígeno necesario le causó un daño irreparable a su Sistema Nervioso Central. Luego de unos cuatro meses de un sufrimiento compartido se fue.

Fue una puñalada a mi alma, pero lo que experimenté después de su muerte es una prueba más de su capacidad para entrar en contacto conmigo. Él puede, pero el ser humano nunca. Comprobado científicamente. Yo no paré de leer lo más posible de autores doctorados y con experiencias inigualables en las Universidades más prestigiosas del mundo y aprendí que los perros, después de muertos son capaces de decirte que están presentes.

A través de colores, olores, aves y telepatía e inclusive apariciones reales son sus caminos para no perder esa relación tan especial. Telepáticamente Fritz se despidió de mí en la madrugada del día que falleció, lo he visto unas veces, pero sólo como destellos. He sentido su cuerpo entre mis piernas y su cuerpo en mis pies mientras dormía. Por intermedio del olor, el día en el que estuve grave de salud, un olor nauseabundo inundó mi dormitorio.

Al levantarme de mi cama y buscar el origen de ese olor, cáspita, salía nada menos que de su perro de peluche, que duerme conmigo desde su muerte. Puse el peluche en mi nariz y la pestilencia era insoportable. Unos meses después, a las cuatro de la madrugada me fui al baño a orinar y un ave que no habita en Lima se paró al costado de mi ventana y comenzó a cantar una melodía por varios segundos. 


Desde esa fecha hasta hoy a las 04.45 am puntualmente inicia un concierto en el patio de mi casa. Finalmente, una vez al medio día salgo a mi balcón y un petirrojo se puso al lado mío. Pocos minutos después una hermosa amarilla recién nacida se colocó sobre la antena de mi televisor y también cantaba. De pronto, levantó vuelo rozando mi cabeza. Ingresé a mi dormitorio extrañado, miro por la ventana y el pájaro más negro que he visto en mi vida estaba allí. Los colores de la bandera alemana.

Las comunicaciones con Fritz son constantes. Dicen que estoy drogado, borracho, loco o simplemente chafado. No me importa, porque sé que él me está esperando en el Regenbogenland, donde pronto viajaré.


FRIEDRICH DER GROSSE