Desde que el pasado primero de diciembre Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se posesionó como presidente de México, el mandatario ha dado un giro de 180° en lo que respecta a la relación que los anteriores gobiernos mexicanos habían mantenido con los medios de comunicación.
Muchos las consideran un gran ejercicio democrático: "Ningún presidente mexicano ha mostrado ese tipo de apertura hacia la prensa (...) Es algo que aplaudo y que creo que ayuda en, por lo menos, definir una nueva política en materia de acercamiento a no solo los reporteros, sino también a la ciudadanía", sostiene Jan-Albert Hootsen, de la organización para la libertad de prensa Committee to Protect Journalists (CPJ).
Pero los desplantes no se quedan ahí, meses atrás López Obrador dijo, ante una centena de comunicadores, que ellos no solamente eran "buenos periodistas", sino que además eran "prudentes" y añadió "si ustedes se pasan, pues ya saben lo que sucede". Sus palabras levantaron rápidamente una tormenta de críticas en las redes sociales.
En otra ocasión, el presidente fue ampliamente cuestionado por haber pedido al diario Reforma que revelara sus fuentes después de que el medio de comunicación publicara la carta privada que López Obrador envió al rey de España en la que este pedía a la Corona española que se disculpara por los crímenes cometidos durante la Conquista.
Todos estos actos, sumanos a una sistemática narrativa de deslegitimación, se vuelven alarmantes, sobre todo, porque como señala Hootsen, las palabras del mandatario son vistas "por seguidores fanáticos del presidente como una luz verde para generar campañas de desprestigio contra la prensa considerada hostil", algo que se traduce en agresiones en la red contra estos periodistas.
Si bien, por el momento, esa violencia no se ha traducido en actos físicos, son cada vez más las voces que consideran que esa narrativa, además de ser indigna de un jefe de Estado, incrementa la inseguridad que ya de por sí viven muchos de los periodistas en México. El país, según señala Reporteros sin Fronteras, es -a excepción de los Estados en guerra- el más mortífero para aquellos que ejercen esa profesión.
www.france24.com / Texto Natalia Plazas
