Por: Yandira Núñez Naveda (C) La Estrella Paraguay
Ejercer el oficio periodístico con la mesura, la agilidad y la ética que los canales digitales demandan parece ser una tarea que no todos los medios de comunicación atienden. Además, la universalidad de los contenidos y la posibilidad de llevarlos a grandes masas —las mismas que los multiplican y replican a la ligera— es otra cuestión de análisis implícita a las posibilidades de Internet y de los canales 2.0.
Es este escenario, las noticias falsas persisten como informaciones aparentemente reales, con la intención de desinformar.
Ya hacia el año 1835, el antiguo diario neoyorquino The Sun mostraba un prematuro romance con las fake news. Para aquel entonces, se hizo de gran popularidad una publicación del astrónomo inglés John Herschel según la cual había descubierto vida en la Luna a través de un telescopio.
Luego del revuelo y de sucesivas publicaciones, quedó en evidencia la falsedad de la información. Y si bien el fenómeno de las noticias falsas no es en absoluto novedoso, hoy día existe una gran variante: con solo un click en la pc , tableta o teléfono móvil, y millones de interacciones e impresiones, es posible generar una espiral casi infinita en el seno de la opinión pública, con hechos en los que la verdad puede estar ausente.
¿A qué se enfrentan las audiencias?, ¿por qué las informaciones falsas se esparcen como pólvora?, ¿hay corresponsabilidad entre medios y ciudadanos? Catedráticos de la comunicación como Miguel Márquez, profesor en la Universidad Latina, atribuyen la problemática a la ola generada por el fenómeno de youtubers y la avalancha de las redes sociales. ‘Para tener seguidores necesitas causar impacto y muchos lo hacen con noticias malas, buenas, falsas, positivas, negativas que afecten a la opinión pública', explica.
‘Crean una mentira que a veces se vuelve noticia; aunque el origen sea falso, al tener popularidad se convierte en hecho noticioso; lo que resulta muy peligroso porque luego para desmentirlo, es necesario abarcar a las mismas audiencias que se hicieron eco de la falsedad', destaca.
Para Márquez, una de las causas subyacentes de la problemática en el Istmo es la inexistencia de noticias de calidad. ‘Muchas veces la redacción no es la adecuada para los lectores a los cuales te estás dirigiendo; los medios de comunicación tienen que reinventarse, hacerse atractivos a las nuevas audiencias y tomar en cuenta a los founders (generación de los nacidos a partir del año 2000), que también escuchan las noticias y son totalmente digitales.
La nueva generación es Netflix, una plataforma que sirve de guía y nos orienta a la necesidad de hacer contenido original, llamativo y diferente'; sin embargo, actualmente ‘las televisoras nacionales ofrecen lo mismo, ¿qué estamos haciendo realmente?'.
Según el catedrático ‘algunos crean las fake news para ganar seguidores, adquirir popularidad o perjudicar industrialmente a una compañía'. Además, ‘hay muchas formas de manejar la percepción y la opinión pública, pero tres son fundamentales: la teoría de la agenda setting , que se formuló en Estados Unidos con el propósito de manejar políticamente desde los medios de comunicación a las grandes masas y está presente en todas las cadenas de noticias y televisoras; la espiral del silencio, donde todos replican lo que hace la mayoría por miedo al rechazo social, en busca de aceptación, y la teoría de la gratificación, donde se obtienen beneficios al seguir una tendencia'.
‘Como periodistas, comunicadores y profesionales de medios tenemos la misión de sembrar en los estudiantes la investigación y el criterio propio, no podemos salir a la calle repitiendo lo que escuchamos en un televisor, sin saber si es cierto o no', destaca. Y la investigación como recurso es fundamental, ‘el buen periodista tiene que ser curioso'.
Márquez comparte que cada vez tratamos más con un consumidor inteligente, ‘las comunidades que no reciben información veraz, absorben lo primero que consiguen y si el grado de instrucción no es alto, se facilita la manipulación con cualquier noticia falsa'. Recalca que actualmente no hay contenidos noticiosos de calidad y la sociedad se amolda a leer ‘basura'. ‘Sin amarillismo y populismo es posible llamar la atención; si todos colaboramos con ello, también subiremos el nivel de instrucción de la población', apunta.
¿Controles? El catedrático apoya la idea de establecer regulaciones a medios como la radio y la televisión. ‘He visto en nuestro país contenidos de violencia y sexo a las tres de la tarde. He escuchado a locutores comentar cosas fuera de lugar durante el día. Alguien tiene que controlar esto'. Ernesto Cedeño, abogado panameño, afirma que la libertad de expresión se ha transformado en libertinaje, llegando a transgredir la honra y la reputación. ‘Algunas noticias falsas rayan en lo delictual con calumnias, injurias y violación a la Convención Americana sobre Derechos Humanos porque afectan reputaciones', argumenta. ‘Otras podrían estar en el encuadre penal si atemorizan a la ciudadanía. Sin embargo, cuando no existe tal situación, no aplica nuestra legislación y sería delicado tratar de restringir la libertad de expresión'.
‘Más que tratar de tipificar lo que podría convertirse en una violación a la libertad de expresión, creo que debemos apostar por los principios de cada ciudadano con la utilización de sus redes sociales, con las normas ya existentes', cita.
Aclara que ‘tenemos que cuidar la regulación del periodismo pero controlar conductas podría ser una restricción a la libertad de expresión y el periodista podría sentirse intimidado'. Aunque en algunos países han tratado de establecerse normativas para el uso de Internet, el jurista se confiesa convencido de que debe respetarse el principio de la universalidad de la red.
‘Estoy contra estas medidas; las dictaduras suelen limitar el uso de la web. Cada medio de comunicación y administrador de la red social debe ser autónomo en sus protocolos internos, a eso debemos apostar', acota.
Según el catedrático ‘algunos crean las fake news para ganar seguidores, adquirir popularidad o perjudicar industrialmente a una compañía'. Además, ‘hay muchas formas de manejar la percepción y la opinión pública, pero tres son fundamentales: la teoría de la agenda setting , que se formuló en Estados Unidos con el propósito de manejar políticamente desde los medios de comunicación a las grandes masas y está presente en todas las cadenas de noticias y televisoras; la espiral del silencio, donde todos replican lo que hace la mayoría por miedo al rechazo social, en busca de aceptación, y la teoría de la gratificación, donde se obtienen beneficios al seguir una tendencia'.
‘Como periodistas, comunicadores y profesionales de medios tenemos la misión de sembrar en los estudiantes la investigación y el criterio propio, no podemos salir a la calle repitiendo lo que escuchamos en un televisor, sin saber si es cierto o no', destaca. Y la investigación como recurso es fundamental, ‘el buen periodista tiene que ser curioso'.
Márquez comparte que cada vez tratamos más con un consumidor inteligente, ‘las comunidades que no reciben información veraz, absorben lo primero que consiguen y si el grado de instrucción no es alto, se facilita la manipulación con cualquier noticia falsa'. Recalca que actualmente no hay contenidos noticiosos de calidad y la sociedad se amolda a leer ‘basura'. ‘Sin amarillismo y populismo es posible llamar la atención; si todos colaboramos con ello, también subiremos el nivel de instrucción de la población', apunta.
¿Controles? El catedrático apoya la idea de establecer regulaciones a medios como la radio y la televisión. ‘He visto en nuestro país contenidos de violencia y sexo a las tres de la tarde. He escuchado a locutores comentar cosas fuera de lugar durante el día. Alguien tiene que controlar esto'. Ernesto Cedeño, abogado panameño, afirma que la libertad de expresión se ha transformado en libertinaje, llegando a transgredir la honra y la reputación. ‘Algunas noticias falsas rayan en lo delictual con calumnias, injurias y violación a la Convención Americana sobre Derechos Humanos porque afectan reputaciones', argumenta. ‘Otras podrían estar en el encuadre penal si atemorizan a la ciudadanía. Sin embargo, cuando no existe tal situación, no aplica nuestra legislación y sería delicado tratar de restringir la libertad de expresión'.
‘Más que tratar de tipificar lo que podría convertirse en una violación a la libertad de expresión, creo que debemos apostar por los principios de cada ciudadano con la utilización de sus redes sociales, con las normas ya existentes', cita.
Aclara que ‘tenemos que cuidar la regulación del periodismo pero controlar conductas podría ser una restricción a la libertad de expresión y el periodista podría sentirse intimidado'. Aunque en algunos países han tratado de establecerse normativas para el uso de Internet, el jurista se confiesa convencido de que debe respetarse el principio de la universalidad de la red.
‘Estoy contra estas medidas; las dictaduras suelen limitar el uso de la web. Cada medio de comunicación y administrador de la red social debe ser autónomo en sus protocolos internos, a eso debemos apostar', acota.
