sábado, 4 de enero de 2020

ALEMANIA NO ES DE LOS ALEMANES: LOS SERVICIOS SECRETOS Y ULFKOTTE

LOS CONTROLES Y TRABAJOS EN CONJUNTO DE LAS AGENCIAS SECRETAS DE ESTADOS UNIDOS Y ALEMANIA EN COMPLICIDAD CON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y PERIODISTAS COMPRADOS

Hans-Peter Firbas. - Ni punto de comparación entre quien escribe y de quién escribo. Quizás lo único que tenemos en común es ser periodistas alemanes y testigos que nuestra Alemania sigue siendo un satélite estadounidense. Los motivos expuestos por mí sobre esta teoría estructural, como debe ser cada una de las tesis periodísticas que analizan verdades o mentiras tan cercanas entre sí, que se confunden, ya han sido tratadas hasta la saciedad en este blog. Ulfkotte y Firbas sí coincidimos claramente en algo. Los Servicios Secretos de Alemania están al servicio de los de Los Estados Unidos y a su vez pasan por caja cientos de periodistas y medios de comunicación germanos por su paga.

Udo Konstantin Ulfkotte, nacido el 20 de enero de 1960 y fallecido el 13 de enero de 2017 en Alemania, fue periodista y publicista. De 1986 a 2003 fue editor político en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). Desde finales de la década de 1990, escribió varios best sellers y representó posiciones populistas de derecha, islamofóbicas y teóricas de conspiración.

En octubre de 1986, se convirtió en miembro del equipo editorial político de la FAZ, donde fue miembro del departamento de política exterior hasta 2003, especializándose en África, los estados árabes y las Naciones Unidas. Según su propia información, vivió principalmente en países islámicos -Irak, Irán, Afganistán, Arabia Saudita, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Jordania y otros- entre 1986 y 1998 y viajó a más de sesenta países. Estas estancias habrían moldeado su imagen del islam (información personal).

Ya durante sus estudios fue empleado de la Fundación Konrad-Adenauer cerca de la CDU y de 1999 a 2003 fue miembro del personal de planificación de la fundación. Era especialista en gestión de seguridad y espionaje industrial. De 1999 a 2007, Ulfkotte fue profesor de gestión de seguridad en el departamento de administración de empresas de la Universidad de Leuphana en Lüneburg y enseñó observación de la competencia en los Estados Unidos. De junio de 2005 a junio de 2006, fue corresponsal en jefe de la revista de personalidad Park Avenue de la editorial de Hamburgo Gruner + Jahr. Sus artículos han aparecido en las revistas Capital, Cicero, Junge Freiheit y a través de la agencia de noticias DDP. Ulfkotte fue invitado en varios programas de entrevistas y en el club de prensa. (Datos corroborados por propios empleadores).

En 2004, la oficina del fiscal en Frankfurt am Main buscó en su oficina privada por "sospecha de instigar la traición de secretos oficiales". Se dice que Ulfkotte sabía sobre los procedimientos de protección del estado antes de que se hicieran públicos. El autor negó las acusaciones de soborno y describió la sospecha como motivada políticamente. Ulfkotte escribió libros sobre servicios de inteligencia e islamismo.

Ulfkotte, que había estado sufriendo problemas de salud durante varios años, murió de un ataque cardíaco el 13 de enero de 2017 a la edad de 56 años. El libro de Ulfkotte publicado en Eichborn Verlag en marzo de 2003, ‘La Guerra en Nuestras Ciudades’ provocó varios pleitos. El litigio primordial se refería a la afirmación hecha en el libro de que la Federación Islámica es una asociación nacional de la Comunidad Islámica Millî Görüş (IGMG). Según Eberhard Seidel, quien se quejó por la falta de apoyo de Ulfkotte por parte de los medios de comunicación, ya que una "avalancha de procesos" de varias asociaciones, organizaciones, empresas y particulares musulmanes también demandaron el libro.


Periodistas comprados, libro de Ulfkotte

La escritora argentina y especialista en asuntos políticos internacionales, Telma Luzzani escribía hace casi diez años que el asunto en Libia, en febrero de 2011, era muy claro para los conocedores. Los diarios “serios” del mundo anunciaban, con títulos alarmantes, que Muammar Gaddafi estaba bombardeando a su pueblo, que iba a envenenar las aguas del país y que por las calles corrían ríos de sangre. Salvo voces solitarias como la de Jordán Rodríguez, corresponsal de la venezolana ‘Telesur’, los medios masivos de gran tirada repetían la noticia sin chequear su veracidad. Peor aún: publicaban falsedades a sabiendas, por dinero, con el objetivo de crear el clima propicio para que Naciones Unidas, pocas semanas después, el 17 de marzo de 2011, hiciera la vista gorda a los bombardeos de la OTAN sobre Libia.

Así lo confiesa Udo Ulfkotte, uno de los más prestigiosos periodistas alemanes, en su libro “Periodistas comprados” (‘Gekaufte Journalisten’, Editorial Kopp), un éxito de ventas, aunque un fracaso de promoción sobre todo en Alemania, donde quieren a toda costa seguir ocultando la verdad. En su libro, Ulfkotte admite haber aceptado coimas para escribir muchos otros artículos con tendencia y dirigidos a un objetivo, como por ejemplo uno donde denunciaba supuestos planes de Gaddafi para usar gas venenoso contra su pueblo.

Ulfkotte siempre lo dijo, “en innumerables ocasiones puse mi firma en notas que me entregaron directamente los servicios de inteligencia de EE.UU., de Alemania o de la OTAN. Mentí, traicioné, recibí sobornos y oculté la verdad a la opinión pública. No hacía periodismo sino propaganda. Me avergüenzo, aunque sea tarde para revertirlo.” Y advirtió: “Hoy pasa lo mismo: hay periodistas sobornados para mentir y convencer a la gente sobre la necesidad de una guerra contra Rusia”.

Voy a parar un segundo en este dato importante. Desde el final de La Segunda Guerra Mundial, Alemania pasó a ser mitad de USA y mitad de URSS. Luego de los estratégicos y exitosos movimientos del ese entonces Presidente Ronald Reagan y de sus asesores y de la débil respuesta de Gorbachov ante los polacos y su Perestroika, que se convirtió en poco tiempo en el punto del epicentro mundial contra la posición socialista o simplemente de izquierda, no quedó más remedio que tumbar El muro de Berlín para entregarle en bandeja de oro toda Alemania a Los Estados Unidos. Innumerables pruebas en este blog, las cuales las pueden leer y ver.
 

Políticamente se ubica en el nacionalismo de derecha, lo que explica la furia que siente por lo que él considera la “colonización” de Alemania y Europa por parte de EE.UU. “Alemania se ha convertido en un país bananero”, remacha una y otra vez. Fue colaborador del ex canciller Helmut Köhl, a quien tuve la ocasión de conocer personalmente en el Hotel Weiss de la ciudad de Trier en un viaje con mi representado, el piloto de carreras Ramón Ferreyros.

Según documenta en su libro, en parte autobiográfico, hay un tráfico de sobres que van desde la embajada estadounidense en Berlín, hasta las principales redacciones de los medios alemanes. “Pasan la información o directamente mandan redactado el artículo o el editorial que quieren publicar.” Inmediatamente ofrece una lista híper documentada con nombres y apellidos tanto de los periodistas (él también se incluye) como de las organizaciones que hacen “lobby” para instalar en la opinión pública lo que será el “sentido común predominante” en coincidencia con los puntos de vista de EE.UU. o la OTAN. El esquema –dice Ulfkotte– se repite para los programas de radio y televisión. “Salvo pocas excepciones, las redacciones europeas son sucursales de los servicios de la CIA y de la OTAN.”


La cronista argentina Luzzani comenta con claridad y honestidad: “cuando los abogados del ‘Frankfurter Allgemeine Zeitung’ supieron que el libro estaba en imprenta le enviaron una carta advirtiéndole sobre las consecuencias legales que enfrentaría por publicar nombres y secretos del estado alemán. "Ellos sabían que yo tenía pruebas de todo”, dijo el periodista en una entrevista al diario ‘Russia Insider’. Y por supuesto su libro, que desde hace cinco años es exitoso entre el público común y corriente de Alemania, apenas si es conocido en el resto del mundo.

“Ninguna de las empresas mediáticas permite hacer notas sobre ‘Periodistas comprados’ –aseguró al diario ruso–. Ningún periodista puede hacer una bibliográfica sin arriesgarse a quedar sin trabajo. Por lo tanto, estamos ante un libro que es un éxito editorial en ventas, pero a ningún periodista le es permitido escribir o hablar de él,” escribió en ese entonces Russia Insider. No lo digo ni escribo yo.

Ulfkotte en una de sus últimas entrevistas –ya que nadie se las daba- dijo: “no tengo hijos y estoy enfermo. Mi salud quedó seriamente dañada después de un ataque con gas en 1988 en Irán. Tuve tres paros cardíacos. Lo pensé durante cuatro años y me decidí a escribir la verdad sobre lo que hacen los medios y los periodistas alemanes. Ahora, están buscando una guerra en Europa con el pretexto de Ucrania. Y eso me preocupa. No quiero más guerras. No quiero ser parte del largo brazo de propaganda de la OTAN.”

Y en ese año coincidimos con Udo en el sentido en el que Estados Unidos quería meter de cualquier forma a Alemania a una guerra también en Medio Oriente contra Siria, Yemen y otros territorios más (ver nuestras notas en este blog), con la excusa que Alemania era atacada por Al Qaeda. Cosa más falsa y nunca sucedió, a pesar de las insistencias de los medios pro americanos y del propio Presidente Obama. "No quiero apoyar el belicismo. Estoy preparado para asumir las consecuencias.” Luego bromeó con el periodista del ‘Russia Insider’: “Tal vez tenga que terminar pidiendo asilo en Rusia como el ex espía norteamericano Edward Snowden”.

Sobre el conflicto en el este de Ucrania, Ulfkotte cree que la manipulación de las noticias es masiva. Según él, no hay dudas de que, cuando el semanario alemán ‘Der Spiegel’ publicó la información de que el Boeing malayo (vuelo MH 17) fue derribado sobre Ucrania por un misil ruso, lo hizo bajo el dictado de los servicios especiales, aunque sin presentar ninguna prueba. Ulfkotte recuerda que esa noticia sirvió de pretexto para que Occidente impusiera sanciones económicas contra Rusia, algo que para él debe ser interpretado directamente como “una declaración de guerra económica a gran escala, luego complementada con la reducción artificial del precio del petróleo y la depreciación del rublo, todo orquestado con el mismo fin”.

Años después de ser editado, el libro de Ulfkotte sigue siendo casi desconocido, mientras la guerra en el este de Ucrania avanza, al igual que otros conflictos más. Alemania no quiere más guerras y mientras exista un solo alemán que luche por amor a su patria, a sus compatriotas y a su padre tierra, no habrá poder en el mundo que pueda avasallarlo, aunque Alemania ya no es más de los alemanes. Una Alternativa para Alemania es lo mejor, para volver a ser dueños de un futuro como lo fuimos en gran parte de nuestro pasado.


El nuevo partido ALTERNATIVA PARA ALEMANIA es el más quejón. Llegan a extremos de exigir ver nalgas alemanas libremente, ante propuestas extranjeras de lo contrario. Claro está, que esta frase es una manera de decir con humor y sarcasmo que queremos de regreso nuestro país.


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