Junto a su menor hijo y a su perro recién recogido abandonado en estas pistas grises de Lima, la joven señora agradece al Perú por su bondad, aunque mencionó algunas incómodas situaciones por las que ha atravesado por su condición de venezolana.
Me resulta una actitud muy humana el estar sin trabajo, con un marido en igual condiciones, quien recién arriba a nuestra capital y encima con un menor hijo a cuestas, decidir adoptar una linda mascota callejera. Un perrito Schnauzer muy juguetón y querendón.
Así como en este blog le hemos dado con palo a los venezolanos que han venido a Perú y países aledaños a delinquir, también existen esforzadas mujeres profesionales, que se paran en las calles a vender chocolates 2 por 1 sol. Bendita sea la persona, que sin tener posibilidades de una vida digna, encima carga un perro callejero.
Les aseguro que ese Schnauzer, así como duerme a su lado en su humilde vivienda de Los Olivos, haría lo mismo si tendría que acostarse sobre el cemento mojado tras un día lluvioso de esos inviernos limeños tristes y opacos.
Hans-Peter Firbas