Por ejemplo, si revisamos las condiciones en Perú para ser congresista, ministro o incluso presidente, son mínimas, pero si ellos desean nombrar dentro de su equipo a un asesor, este debe cumplir con estudios superiores y con grados académicos como máster o doctorado. Es aquí, donde el enfoque ha sido nebuloso por los que redactaron las leyes, porque les faltó el puntillazo final, para que los gobernantes cumplan con mayores requisitos académicos para que se hagan cargo de millones y millones de personas.
Uno de los ejemplos que podemos citar es el manejo político que se realizó al cerrar el congreso. En este punto, los científicos no tendrían por qué meter sus narices, ya que es una decisión netamente política, en la que la física, la medicina, la bioquímica y similares no tendrían por qué dar un punto de vista al respecto. Ningún gobierno que se precie admitirá públicamente su falta de confianza en la ciencia y los beneficios que de ella se pueden derivar. Sin embargo, es en los momentos de crisis cuando aparecen las medidas exactas del valor de la vida. Cada cosa en su sitio, es decir, las que realmente importan.
Lo que venimos atravesando en este instante ha sido manejado de diversas maneras alrededor del planeta. Mientras los países con mayores éxitos en su historia plantearon estrategias basadas en la verdad sobre el coronavirus, otros antepusieron sus beneficios personales sobre los de sus respectivas naciones. Quiero reiterar que aquí está el detalle del fracaso de muchos por haber tomado el camino de las opiniones, en vez de la ruta de la ciencia.
En un informe de finales del siglo pasado, preguntada la sociedad estadounidense por la persona más influyente del siglo XX respondió, mayoritariamente, no con el nombre de un político, militar, religioso, deportista, empresario, actor o cantante, sino con el nombre de un científico, Albert Einstein. Esta respuesta, aunque seguramente no se hubiese dado en Perú, no está tan lejos de lo que pudiera esperarse, ya que una parte de nosotros sí reconocemos al científico como un profesional esforzado que merece todo respeto.
En el asunto local, las situaciones se han manejado partiendo de una premisa falsa, lo que, por lógica, nos enviará a resultados negativos. Si empiezas mal, terminas mal. Ahora nos preguntamos por qué los países más desarrollados del mundo optaron por seguir el mandato de la libertad sobre la violación de los derechos humanos. Porque, en el asunto del coronavirus, las opiniones no tienen cabida en la ciencia.
Por esta razón, en el caso de Alemania, desde el inicio la estrategia de la Canciller Angela Merkel la construyó sobre bases y cimientos con el material de la verdad. ”Se van a contagiar 50 millones de alemanes.” Al cierre de esta nota, ya están en más de 120 mil exámenes positivos al Covid-19 y de ellos 2,627 fallecidos. Los alemanes se están moviendo alrededor del 2,16% de tasa de mortalidad. Si Alemania, con todo su poderío sanitario nos dice eso, imagínense en Perú lo que debería habernos señalado Martín Vizcarra.
A pesar de la campaña de destrozo de la imagen del Presidente Donald Trump por la prensa internacional -por motivos que solamente son conocidos por investigadores-, las cifras que se entregan en Estados Unidos son verdaderas. Nuestros gobernantes las maquillan y las manipulan, porque para ellos más importantes son las encuestas de opinión que los datos científicos. Increíble, pero cierto.
El coronavirus es un virus. Para luchar contra él hay que salir a buscar a los enfermos y no esperar que los enfermos nos busquen. Primer error. Para pelear contra el coronavirus hay que hacer no mil ni doce mil pruebas diarias, sino 100,000 por día. Para derrotar esta pandemia en este momento, no en el futuro, las pruebas deben ser moleculares y no rápidas y por último la estrategia debe ser construida por datos científicos y no por opiniones. Vamos a ser vulgares. Si tienes un equipo de fútbol y quieres plantear una estrategia defensiva para lograr un empate, debes colocar por lo menos cinco defensas, cuatro mediocampistas y un delantero y no salir con un 4-2-4.
Si dices “quédate en casa” un millón de veces y en paralelo repites “anda al banco a cobrar, anda a la AFP a cobrar, anda al mercado a comprar” es como retroceder un peón en ajedrez, cosa que no es permitida por las reglas del juego. Por esta razón, ya no hay paso atrás y no nos queda más remedio que aceptar el error y, por ende, el remedio va a ser, sin lugar a dudas, peor que la enfermedad.
“Que el ciudadano norteamericano, el alemán o japonés tenga tan alta estima por la ciencia puede entenderse simplemente por el bienestar que esa ciencia produce en sus respectivos países e incluso los puestos de trabajo que generan y, en definitiva, la riqueza que produce para el país, sin contar aspectos más sutiles tales como el prestigio internacional que supone y su relación directa con el avance tecnológico del país,” opinaba hace unos años el Diario El País de España.
Nuestros ciudadanos no han percibido en toda su extensión lo que la ciencia puede llegar a motivar a un ciudadano con aspectos más palpables y materiales. La calidad de la ciencia de un país debe ser decidida por sus ciudadanos y, naturalmente, en una democracia y no andar pidiendo facultades extraordinarias como si un solo hombre fuera superior a la suma de todos.
Las crisis se resuelven no solo con viejas recetas que nos coloquen en la oscuridad más absoluta y con órdenes deshumanizantes que anulan la personalidad. La ciencia se ve como origen de riqueza y empleo y en los momentos de crisis se hace una apuesta decidida hacia adelante como un motor más de la economía. Este gobierno va por su cuarto año y el actual mandatario ya cumplió dos. Que no me vengan con vainas, ya que en vez de haber agarrado del pescuezo el mayor mal que sufre el Perú –el sector salud- y solucionarlo, apostaron por inversiones como Los Juegos Panamericanos. Y la razón está a la vista: convertir ahora sus edificios en hospitales.
No hay nada que hacer, la suerte está echada. Cuando nos devuelvan la libertad lo que va a suceder es simplemente un rebrote del coronavirus y regresará con más fuerza, con más enfermedades debido al aumento de pobreza, con más muertes ocasionadas por el hambre, con más enfermos mentales por el excesivo encierro. Nadie me va a decir que soy oportunista, ya que hace 40 años insisto día a día hasta la saciedad que la educación, el deporte y la salud son las bases concretas de sociedades exitosas y este gobierno nunca hizo nada por estos.
Nazario Martín, químico madrileño señaló hace varios años atrás que “es la sociedad a través de sus gobiernos e instituciones la que debe decidir que ciencia quiere. Pero sin olvidar que la ciencia no sabe de atajos y que un parón como el producido con esta crisis nos pasará una factura muy elevada que nos llevará años pagar en términos económicos y humanos.
Los responsables de los ciudadanos deben de saber a qué juegan cuando se produce un parón que afecta a nuestros jóvenes que se ven desamparados en su propio país y obligados a quedarse a hacer su ciencia en aquellos países que sí saben apreciar su valía y formación."
Estamos en el final de la cuenta atrás. Es hora que nuestros gobiernos e instituciones encuentren la respuesta definitiva a una pregunta simple: ciencia ¿para qué? Y termino diciendo. Somos millonarios y terminaremos muriendo como pobres.
