martes, 19 de mayo de 2020

DÍA MUNDIAL DE INTERNET: PARA REFLEXIONAR SOBRE LO POSITIVO Y LO NEGATIVO

Hans-Peter Firbas.- El Día Mundial de Internet pasó muy desapercibido en Perú. Mientras las Redes Sociales como Youtube, Twitter, Facebook e Instagram vienen trabajando arduamente en censurar contenidos contrarios a sus políticas -aunque sean mensajes verdaderos y de suma utilidad- este momento nos da la posibilidad para reflexionar sobre la importancia de la red en nuestro día a día.

El Día de Internet es una fecha que se celebra también en América Latina en países como México, Perú, Chile, Paraguay, Argentina, España, Colombia, Uruguay, Ecuador, El Salvador, Bolivia, Venezuela y República Dominicana y claro está en varios otros lugares del mundo. 

Como viejo comunicador social, que empezó sus labores periodísticas en 1979 con máquina de escribir, papel carbón y liqui paper para corregir errores de redacción, con grabadora en mano con el viejo cassette, además de manejar solamente un fax y teletipos de las agencias EFE, UPI y Andina de Perú, vi el nacimiento de Internet como un boom para hacer cosas realmente mágicas.

Como si fuera poco, el lanzamiento de la telefonía móvil y otras tecnologías más me pusieron felices de saber que estaríamos más cerca de los receptores y con posibilidades infinitas de transmitir conocimientos, ya que los medios de comunicación tradicionales en ese entonces, como hoy en día -la radio, prensa escrita y televisión- tenían el gran obstáculo del 'espacio para difundir'. 

En sus primeros años vimos cómo la prensa alternativa y censurada en los modos tradicionales comenzaron a manejar ese vehículo para transmitir sus ideas, conocimientos y opiniones sin tapujos, sin limitaciones y menos censuras. Había libertad absoluta. Recuerdo esos primeros años que encontrábamos de todo y navegábamos con libre albedrío. 

Pero lamentablemente, esta libertad de expresión en Internet, ya casi no existe y se ha convertido tal boomerang, donde los grupos de poder minoritarios manipulan los contenidos, borran lo que nos les gusta, destacan lo que les gusta y hemos quedado en manos de un puñado de poderosos inescrupulosos que la han prostituido y desde hace años están convirtiendo a sus usuarios en sujetos de vigilancia, de idiotización masiva y de muchos males más, entre ellos el modelo borrego y el miedo. 

Ahora Internet es diabólica, aunque no podemos negar de ninguna manera que tiene también en la balanza un sin número de propiedades positivas, pero no hay cabida para la libertad de prensa y expresión. Este mal se ha extendido en los últimos meses. Youtube ha borrado miles y miles de vídeos y canales de usuarios con valiosa e histórica información. Día a día sufro de malos momentos por esta razón y estoy iniciando la recopilación de todo lo que pueda de mi canal personal, ya que presiento que me podría suceder lo mismo. 

Se celebró el Día Mundial de Internet por primera vez el 25 de octubre de 2005. Poco tiempo después, la Cumbre de la Sociedad de la Información celebrada en Túnez en noviembre de 2005, decidió proponer a la ONU la designación del 17 de mayo como el Día Mundial de la Sociedad de la Información,​ por lo que se movió el denominado Día de Internet a dicha fecha.

La pandemia generada por la COVID-19 nos ha hecho valorar positivamente el impacto que tienen los sistemas y servicios de telecomunicaciones y a la misma vez darle una calificación muy negativa. Ahora ellos nos vigilan, nos espían y mandan en decirnos qué es verdad y qué es mentira, quitándonos el derecho a decidir por nosotros mismos lo que queremos creer o no. 

Nos permiten, entre otras cosas, el trabajo a distancia o la educación online. Paralelamente, ese trabajo a distancia, como por ejemplo utilizando la Aplicación ZOOM, le da la posibilidad a la competencia a observar lo que hacemos. A espiarnos al igual que en Whatsapp. Lo mismo con la educación. Nos educan como ellos quieren y no como nosotros queremos educar a nuestros hijos o a nosotros mismos.

Sin el buen funcionamiento de estos sistemas hubiera sido imposible poder seguir con nuestras obligaciones y nuestra contribución a la sociedad: la enseñanza de los docentes, el aprendizaje de los estudiantes y el trabajo desde casa de gran parte del sector productivo. A la misma vez, si un profesor enseña sobre un tema tabú su vídeo será borrado, como viene sucediendo con los médicos que nos enseñan a tratarnos del coronavirus con medicina alternativa o natural. El gran poder farmacéutico borra todos esos contenidos. ¿Cómo es posible que ellos tengan el acceso a borrar contenidos? Muy fácil. Son dueños de las farmacéuticas, de los medios de comunicación, de los bancos, de la tecnología, de Internet, de la telefonía, en fin, son dueños de todo esto los mismos accionistas. Son los mismos propietarios de casi todo lo que existe. Concentración masiva de poder oculto.

Hasta ahora, para muchos y en particular para los más jóvenes, Internet era fundamentalmente una herramienta para su ocio o para las relaciones personales. Sin embargo, se ha convertido en un servicio indispensable para poder seguir con una vida lo más parecida a la hasta hace poco habitual.

Pero estas tecnologías no están llegando por igual y con la misma calidad a todos. Estamos olvidando a muchas personas, sobre todo los pobres, que no tienen acceso a ella. Esta reflexión es pertinente. Cómo los jóvenes de familias de bajos ingresos pueden verse expulsados de un sistema educativo en clave digital, de cómo algunas personas mayores no están capacitadas para aprovechar las tecnologías de la información y las comunicaciones para poder sentirse más cerca de sus seres queridos y poder aliviar la sensación de soledad y de cómo las zonas geográficas no conectadas, o con conexiones de baja calidad, se encuentran más aisladas.

La UNESCO alertó ya de este gran problema a nivel global al comienzo de la crisis sanitaria. Imagínense lo que está sucediendo en lugares donde, ya sea por falta de infraestructuras, por falta de ingresos para poder acceder a estos servicios o por falta de capacitación digital solo una minoría está conectada. Dicho en pocas palabras, Internet se está convirtiendo en arma de doble filo, ya que está siendo responsable de crear mayores divisiones entre las personas y esto está quedando plenamente demostrado en tiempos del bicho.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones nos resume todos los años los avances y los déficits en su uso y acceso. En el último informe, con los datos del 2019, dice que más del 75 % de las personas no tienen acceso a Internet en muchos países de África Central (como Níger, Chad, Sudán, Etiopía, Uganda, Congo, Mozambique, Mali, Mauritania y muchos más), pero tampoco en Afganistán, Nicaragua, Haití y Nueva Guinea.

Esto implica que el desarrollo social y económico se ve limitado por no poder estar en las mismas condiciones que la minoría que sí puede aprovechar estas tecnologías. Y si profundizamos un poco, vemos que no es solo por la falta de red, sino por las altas tarifas en relación a los ingresos medios per cápita, por la falta de alfabetización digital o incluso habiendo conexiones, la falta de calidad o la velocidad insuficiente de la misma.

Pensando en el futuro, la actual crisis sanitaria está suponiendo una aceleración notable del proceso de digitalización de muchos sectores en aquellos países que tienen la infraestructura y los medios. Todavía no sabemos qué va a significar esta tecnología para las personas. Se habla de su papel en el alcance de grandes retos como los vehículos sin conductor, la monitorización continua de variables de personas, cosas, ciudades u operaciones quirúrgicas a distancia.

Lo que está claro es que la brecha entre los que tienen la disponibilidad de estos nuevos servicios y los que no se está agrandando. Y no sabemos qué derechos básicos, como ahora el derecho a la educación, se están viendo ya afectados en el día a día de estas sociedades o pueden verse afectados de manera más aguda ante otro momento de crisis.

Reflexione amigo lector. Piense un poco el camino al que nos están conduciendo. Sin embargo, el poder tiene tanto poder, que solamente todos los pueblos y gobiernos unidos podemos evitar lo que buscan de nosotros. Sueños de opio.