domingo, 13 de septiembre de 2020

EL MEDIO ES EL MENSAJE: EDITORIAL FIRBAS

Hans-Peter Firbas. – La vida me ha demostrado que los conocimientos, novedades, descubrimientos o modificaciones extremas a enseñanzas diseminadas a billones de personas por cientos de años, que rompan el estatus quo de cualquier ciencia, son censurados, rechazados o demonizados. 

Al final de cuentas son verdades que luchan por salir a flote, a pesar de la inmensidad de obstáculos y ataques que debemos enfrentar los individuos que buscamos, de alguna manera, difundirlas.

Antes, las razones de estas críticas estaban enmarcadas en motivos religiosos o en opiniones. En opiniones sin el respaldo de investigaciones, estudios o teorías estructuradas. Si alguien lanza los dados y aparece un ocho o un diez, son inmediatamente desconocidos y el responsable manual será tildado de mentiroso e inundado de adjetivos calificativos. La típica estrategia de la negación sin fundamentos. Pero les pregunto: ¿por qué aparecieron esos números en los dados que no están incluidos entre el 1 y el 6?

Muy simple. Salieron a relucir porque existen esas opciones. Marshall McLuhan dedicó su vida a ser coherente con una frase suya: “La mayoría de las personas viven en una época anterior, pero uno debe vivir en su propio tiempo”. Su aforismo “el medio es el mensaje” se ha convertido en un lema de la estética y las ciencias de la comunicación contemporáneas, ya que, para él, la manera de percibir la realidad está en relación directa con la estructura y la forma de informar, y cada medio está relacionado a su vez con una parte de la psiquis humana.

Esta famosa frase no fue siempre bien entendida. El teórico canadiense quería decir que la forma en que adquirimos la información nos afecta más que la información en sí misma. Marshall McLuhan es una celebridad que se estudia hasta hoy en las facultades de Periodismo y Comunicación. Fue una de las mentes más eruditas, cuando transcurrían mis años académicos en la Universidad de Lima allá por 1983. El potencial de los medios de comunicación en la sociedad en esa época era importante. Hoy en día dejó de serlo, ya que se convirtió en una biblia sagrada. En la voz de nuestras consciencias.

McLuhan vaticinó el impacto y el alcance de Internet cuando apenas unos ‘locos’ de la tecnología creían en el invento que ha conseguido revolucionar la forma de entender la información y las comunicaciones. Él era de creencias protestantes, siguiendo las sabidurías de Martin Lutero, quien destapó la verdad que ya la había transmitido Jan Hus. Hus murió quemado en la hoguera el 6 de julio de 1,415, condenado por herejía por el Concilio de Trento. Su delito fue revelar el contenido real de las Sagradas Escrituras. 

Lutero tuvo que resistir heroicamente acusaciones similares, al igual que Simon Firbas Ritter von Husinec, encarcelado en 1548 por el Emperador Ferdinand I.

Lo curioso fue que su antecesor, Ludwig II le había otorgado el título de ‘Caballero de Husinec’ (Ritter von Husinec) a Simon Firbas en 1,523, por la excelencia de sus servicios a él, el monarca austro-húngaro. Estos datos históricos marcan una gran huella al contenido de la nota que quiero demostrar. Las opiniones no tienen cabida en la ciencia. En esa era, la ciencia no poseía el suficiente peso específico para ser considerada como fehaciente. El tiempo -como siempre sostengo, que es el mejor aliado de descubrir lo real y desechar la ficción-, fue responsable de devolver a mis ancestros el reconocimiento de que ellos no estaban desubicados y peleaban por sacar a la luz la certeza científica sobre comentarios esgrimidos sin respaldo.

En el año 1,620, Ferdinand II, sucesor de Ferdinand I, emperador que envió a prisión a mi directo ancestro por pensar diferente, entregó a mi familia su segundo escudo de armas por su distinguido servicio al imperio alemán. Luego en el siglo XX recibimos el tercer escudo de armas y reconocimiento a ser parte de la nobleza alemana, gracias a Hildegard Firbas, por su aporte a nuestra nación.

Trece generaciones directas, es decir los padres de mi padre desde el año 1,500, con Simon Firbas, premiados por los más prestigiosos gobernantes de Germania. Ahora, en el 2020, paso por las mismas incongruencias. No voy a ser quemado ni arrestado, pero sí experimento las censuras en las redes sociales sobre investigaciones que realizo hace décadas. Ya en abril de este año advertimos en este Blog sobre las mentiras vertidas a través de los medios de comunicación de todos los rincones de este planeta.

En 1983 en mi universidad me enriquecía con Marshall McLuhan. El medio es el mensaje, hoy más que nunca es un mandamiento. Por suerte, hace 500 años, los Firbas nos negamos a darle un visto bueno a esos comunicadores sociales que son comprados para emitir mensajes ajenos a lo que la ciencia los considera veraces por la cantidad de data que apoya la emisión del contenido contrario a lo que se difunde masivamente.

Reitero por enésima oportunidad, que en la ciencia la opinión no tiene cabida. Pero en Perú seguimos en el siglo XVI. Cansado de transmitir valores, solo me queda esperar que en poco tiempo pueda estar en otro nivel de contacto, en el cual los receptores sean conscientes sobre la realidad de la que escribimos.