Hans-Peter Firbas. - La historia nos ha dejado huellas que nos permite compararlas con otras para poder entender con la máxima precisión posible lo que vendrá más adelante, es decir en el futuro.
Si vemos, sin necesidad de lupa, las pisadas que se han realizado en Perú en los últimos dos años, identificaremos sin dificultad lo mismo que ha ocurrido en otras naciones y por ende y por simple lógica, podemos concluir que llegaremos al mismo lugar que ellos.
No es complicado para el amable lector que conoce el pasado de diferentes países y los miramos ahora con mucha lástima, al percatarnos que sin excepción cada uno de ellos siguió la misma ruta y arribó al mismo destino: dictadura, pobreza, hambre, corrupción generalizada, violaciones a los derechos humanos, desorganización, fuga masiva de intelectuales y capitales, en fin. Todos eligieron el camino que claramente marcaba el lugar de llegada. Si asesinas a alguien te espera la prisión. Para ser más directo.Entrar a detallar cada paso tomado en ese sentido, primero por Vizcarra y luego por Sagasti sería escribir página tras página. Innumerables e indiscutibles indicios, pruebas y hechos, que para cualquier ser humano con educación elemental son reflejos idénticos de acontecimientos suscitados en diversos lugares del planeta. Mi padre siempre me insistía en que Perú vive ‘demorado’ en relación a sus pares en la historia. Es como si estuviera siguiendo el ejemplo de otros.
Lo extraño es que si desde atrás observo que el que va delante de mí toma un camino y se encuentra con una serie de obstáculos y dificultades y termina hundido en el fango y lo estoy viendo, de inmediato paro, retrocedo, tomo otro rumbo, pero esta vez persigo a alguien exitoso que va con una considerable ventaja sobre el resto. Aquí es donde nace la gran preocupación que me perturba, pero al mismo tiempo la experiencia recabada del pasado me asegura que esta molestia mental tiene una razón de peso, ya que Perú me muestra cada día que no existe ninguna intención de enmendar los errores, sino más bien profundizarlos para conducirnos a una crisis sin precedentes.
Pero cuál es la razón: el poder de turno busca imponer su verdad sobre todas las otras, utilizando una serie de mecanismos en los campos de la vida social y científica. En el extremo de la manipulación convierten el blanco en negro, el alto en bajo, la ley en ilegal y lo bueno en malo. Con un descaro sin precedentes y a sabiendas de tener respaldo de socios mediáticos, quieren convertir un país desarrollado en subdesarrollado porque para ellos es lo correcto.
Sería inútil referirme a cada una de esas huellas, pero mencionaré sólo una. Los policías son los malos y los delincuentes los buenos. Por suerte que en este blog existen innumerables testimonios al respecto, escritos realizados con la única intención de advertir lo que se viene. Mi labor como consultor es identificar –gracias a una serie de hechos que me permiten elaborar una teoría estructurada- un problema antes que ocurra, para que mi cliente pueda efectuar las medidas correctivas que eviten la llegada del inconveniente. Perú ya no está en esa fase. La siguiente etapa es cuando un cliente me llama y me cuenta que hoy ha tenido un problema.
De esta forma, se busca una solución ante un problema que recién aparece. Perú tampoco se ubica en aquel escalón. Pero si un cliente me llama y me pide ayuda con un problema que tiene desde hace un año, la solución será complicada por el tiempo transcurrido. Acá está Perú. Solamente el trabajo de un equipo altamente calificado y profesional podrá encontrar la salida. Estamos muy cerca del momento en el que no habrá vuelta atrás y nos dirigiremos directamente al precipicio.
Foto: Lifeder
