Hans-Peter Firbas.- Uno de los libros que más me impactó en la universidad fue el escrito por el francés Ignace Lepp. 'Psicoanálisis de la Muerte', una obra maestra, que explica en gran medida lo que está sucediendo en el mundo.
Lepp, psicólogo, psicoanalista, psiquiatra, teólogo y por allí alguna profesión más, escribió uno de los textos que me causó mayor impacto en mi vida. Jugó mucho con la dicotomía para demostrar su teoría. Existe instinto de vida, porque existe instinto de muerte. Es como decir que existen los gordos porque hay flacos.
En este plano de la psiquiatría entraría a analizar uno de sus párrafos, que recuerdo sin acudir al libro, ya que no lo tengo a la mano por razones de mudanza. Pero recuerdo bien ese párrafo. Decía algo así. Si no existiera instinto de muerte, no habría persona que asumiría riesgos en la vida, como un piloto de carreras.
Plantea que el ser humano tiene una balanza entre su instinto de vida y de muerte. Según Lepp, los seres humanos cometemos actos contra la vida inconscientemente. Cuando hablamos de vida o muerte no nos referimos exactamente a vivir o morir, sino a estar bien o mal.
Solo un perfecto narcisista podría desterrar de su cerebro ese instinto de muerte. Sin embargo, si acudo al alemán Philipp Lersch, en su libro 'El Hombre como Ser Social', destacan varios conceptos que indirectamente apoyan a Lepp. Por ejemplo, el hecho del confinamiento, no tener trabajo, no poder estar con nuestros seres amados y ser esclavos de unos cuantos estúpidos.
Estas órdenes, acumuladas, crean depresión, lo que aumenta en la balanza el instinto de muerte. Y es en esos momentos que cometemos errores en la percepción de nuestro entorno social. Por eso, he escrito mucho sobre el miedo al virus y los constantes mensajes de los medios de comunicación que nos empujan al lado oscuro, a la muerte. Hablamos puramente a nivel inconsciente.
Hablar de Lepp y Lersch me tomaría horas de horas. La conducta humana está muy bien identificada. Sigmund Freund fue uno de los que más describe situaciones como la actual.
Y lo repetiré una vez más. El poder de nuestra mente es menospreciada por la ciencia y por nosotros mismos. Solamente usted será capaz de trabar esta estrategia destructiva a nivel global que nos agobia todo el tiempo. Seamos fuertes y recordemos que somos la resistencia. Actuemos con inteligencia.
