domingo, 27 de junio de 2021

FAMILIA FIRBAS Y LA VERDAD EN EUROPA

Hans-Peter Firbas. - Hace muchos años la fijación que tengo sobre mis antepasados y ancestros fue y sigue siendo parte de mi existencia, como si algún poder sobrenatural me machaque que estoy en esta vida para cumplir una misión. 


Los primeros recuerdos de mi infancia influenciaron bastante en esa atracción hacia la historia de mi Vaterland. Aunque nací en Lima y mi madre es peruana, mi otra mitad se encuentra abarrotada de una extraña mezcla genética, que inclusive se apoderó de mi cerebro, de mis pensamientos y de las razones por las cuales terminé acá.

Según conjeturas de mi tío abuelo Oskar Firbas, mis ancestros habrían sido de la Baja Estiria, la que ahora es parte de territorio de Eslovenia. El antepasado más antiguo descubierto por mis investigaciones es Simon Firbas (1500), al parecer un sirviente pobre de familias nobles de Bohemia de Krajir v. Krajek y, por lo tanto, Simon podría haber llegado como un sirviente a Husinec.

Sin embargo, la familia Firbas puede provenir del norte de Bohemia (Nove Mesto) y Opočno. Más tarde, se estableció como una respetada familia de farmacéuticos en Strakonice. El nombre Fürbas es probablemente el nombre original de esta tribu. Prevalece Firbas, que debería ser la grafía eslava de este apelativo. En la parroquia de Bohemia se registra el apellido en una variedad de formas (Fyrbas, Fyrbaß, Firbaß etc.) y se escribe, en algunas entradas, incluso Fürbas. El último cambio de nombre del Firbas a Fürbas se originó en Freistadt (Ducado de Austria Silesia), hoy Karviná.

Mi padre Johann Heinrich, nacido en Viena, Austria, en 1933, fue también alemán, al igual que todo su linaje directo. Es decir, su padre, abuelo, bisabuelo, hasta llegar a Simon Firbas, nacido en el año de 1500 en la ciudad de Husinec (utilizaré el nombre en español) del Imperio Austro-húngaro, ubicada en el hermoso territorio de Bohemia del Sur, prácticamente a pocos kilómetros del triángulo que actualmente unen las naciones de Austria, República Checa y Alemania.

Simon, cuyo apellido Firbas pudo haber sido modificado por razones de pronunciación o por proliferación de diferentes lenguas en la zona, se afincó en Husinec, lugar donde tuvo la oportunidad de conocer nada menos que al niño rey de Hungría y Bohemia Ludwig I –Ludwig II de Jagellón-, quien nació en 1,506 y ya a sus dos años de edad fue proclamado rey húngaro y en 1,509 rey de Checoslovaquia.

Cuando cumplió diez años en 1,516, heredó los tronos sin inconvenientes tras la muerte de su padre Vladislao II de Hungría y Bohemia. Al pequeño monarca le esperaba que la debilidad de su imperio, les diera fuerzas a los otomanos con intenciones de atacarlo y apoderarse de sus tierras. Entrando a la adolescencia, Ludwig I adoraba Husinec y sus alrededores y aprovechaba los vastos bosques para practicar su deporte preferido: la caza de venados.

Conocido en la corte y entre la nobleza como “El Cazador Solitario”, entabló relación con Simon y como buen descendiente de la raza de agricultores alemanes, le encargó la misión de mantener el bosque en buen estado, estar al tanto de la seguridad y de las comodidades que el rey deseaba en su casa de campo. Luego de un par de años de un servicio ejemplar hacia su majestad, Ludwig I distinguió a Simon en 1,523 con el título de Ritter von Husinec o Caballero de Husinec y lo nombró asesor personal, llegando a ocupar cargos públicos dentro del aparato judicial del imperio austro-húngaro.

Con apenas 23 años, Simon Firbas Ritter von Husinec ya formaba parte de los hombres cercanos al rey. Sin embargo, los otomanos eran una amenaza y en 1,526, con apenas 20 años de edad el rey falleció durante la Batalla de Mohács. Ludwig I de Bohemia y II de Hungría fue enterrado en Székesfehérvár, Hungría. Extinguida la rama checo-húngara de los Jagellón, quedó como virtual pretendiente al trono el archiduque austriaco Ferdinand I, casado con Ana Jagellón, hermana del rey caído. De allí en adelante, los destinos de Hungría y Bohemia quedarían ligados a los Habsburg.

En 1539, Firbas von Husinec compró el Castillo Šnejdarov Grunt y una inmensa propiedad, gracias a las riquezas y gollerías que recibía de manos de Ferdinand I. Mejor no le podía ir. Una vida perfecta, pero ese genio de los Firbas ya florecía, cuando inició una lucha suicida contra la iglesia y el propio Kaiser, al unirse a la ideología ultraquista, pensamiento cristiano que señala que la eucaristía debe administrarse con pan y vino. Y como seguidor de Lutero, ya estaba condenado.

Al año siguiente, nace su hijo Heinrich. Sin embargo, ya paralelamente Simon se unió a los protestantes en su lucha junto a Martin Lutero por la justicia de su pueblo, ya que la iglesia católica se dedicó a explotarlos a base de impuestos. Ferdinand I, de la dinastía Habsburg, habló con Simon y le dijo que delatara a los integrantes de la iglesia, a lo que Firbas se negó.

Esa posición era considerada como una blasfemia. La iglesia de Zebrak, en un distrito central de la actual República Checa, se convirtió en el lugar de sus constantes protestas a través de composiciones musicales, poemas y discursos, junto a otros personajes, entre ellos el connotado obispo John Augustus y su secretario, el sacerdote Jakub Viles.

El sucesor de Ludwig I, El Kaiser Ferdinand I remitió una orden el 1 de octubre de 1548, para que no culpen a Firbas de ningún delito y que sea puesto en libertad de inmediato, ya que por ser considerado revolucionario fue enviado a la prisión de Pürglitz días antes. Al segundo se obedeció el mandato del emperador.

Ferdinand I, por la cercanía y amistad de Firbas con la monarquía y con él, creía que iba a delatar a ‘sus cómplices’, con quienes componía poesías, discursos y canciones solicitando la aprobación de la eucaristía por parte de la iglesia y del propio emperador. Pero como no lo hizo, fue internado nuevamente en Pürglitz, sin luz, libros, ni visitas. A partir de 1550 le comenzó a ir mejor, gracias a la ayuda de otro prisionero. Por eso pudo escribir su testamento y enviarlo a su hijo.

En ese documento, primero aprueba su matrimonio con la que fue su segunda esposa, Anna Olbramovic, proveniente de una de las más nobles familias europeas. Simon tenía una hija mayor, Dorotea, de su primer compromiso y una más joven Veronika. Pero legó a su hijo Heinrich (nacido en 1540) todos sus bienes. Luego, la prisión fue nuevamente difícil para él. Sin embargo, la esposa secreta del Archiduque Ferdinand Philippine Welser fue enviada a la misma cárcel y sostuvo un romance con ella y tuvieron dos hijos.

Ya viejo, alrededor de 1,568 fue liberado y nunca se supo más de él ni de su heredero Heinrich Firbas Ritter von Husinec. Y por esas extrañas cosas de la vida, el sucesor de Ferdinand I, Ferdinand II, fue parte también de la gesta heroica de mi familia. En 1,582, Gaspar Daublebsky, padre de Kaspar, fue alcalde de la ciudad de Budweis y fue impulsor de la creación de la fábrica de cerveza Budweiser. En 1,620, Kaspar Daublebsky, vendió sus riquezas a cambio de armamento, para defender territorio del Imperio Alemán, poniendo además al servicio de todos los soldados, sus boticas y farmacias que existían en esos tiempos.

Debido al desprendimiento y a la protección de territorio alemán, Ferdinand II de los Habsburg, le entregó personalmente el escudo de armas a mi familia. Kaspar recibió en 1,620 la visita personal del emperador para recibir su título nobiliario de von Sterneck, tal y cual Firbas, con Ritter von Husinec.

Luego de más de un siglo en defensa del imperio, los Firbas y los Daublebsky von Sterneck se unieron, gracias al matrimonio sostenido por mi bisabuelo Karl con Ida Daublebsky von Sterneck, quien como madre de mi abuelo Heinrich, lo convirtió en heredero de sus propiedades y demás bienes. Mis ancestros se movieron por Bohemia. Heinrich tuvo un vástago, Tobías (1590), quien a su vez también nombró un heredero, Adam, ciudadano de Sestajovice en la región Bohemia Central de Praga (1625).

Johann Michael, el próximo de mis ancestros, fue ciudadano de la ciudad de Jsesenitz (1653). Él tuvo nueve hijos. Franz, mi directo descendiente nació en 1692 en Strakonitz. Su hijo Franz (1736), Ignácz (1771) y luego Heinrich en el año 1809 también de Bohemia. Su heredero Karl, de Sedlec, nacido en 1851, fue padre de Heinrich, mi abuelo, de Praga, capital checa, con natalicio en 1892. Finalmente, mi papá, Johann Heinrich nació en Viena, Austria en 1933, pero también con el estatus de ciudadano alemán como mis hijos y yo.

Tras más de 520 años de vivir en Checoslovaquia, la familia Firbas fue deportada en 1945 por el gobierno del presidente Edvard Benes y despojada de todos sus bienes, razón por la cual emigró a Tucumán, Argentina. La historia termina con mi persona, Hans-Peter (1961) de Lima, Perú y mis hijos Hans-Peter (1985) y Martin Heinrich (1989).

LOS FIRBAS Y SU ORIGEN

Los SUDETES es un territorio heterogéneo en el que vivían predominantemente ciudadanos alemanes. El idioma y la cultura eran germanas desde hace más de 600 años aproximadamente. Esa zona se auto identificaba como 'Deutschböhmen', 'Deutschmährer' o 'Volksdeutsche'. Es decir, Bohemia Alemana, Moravia Alemana o El Pueblo Alemán.

La cadena montañosa de los Sudetes, las montañas fronterizas del norte de las ciudades austriacas, como Bohemia, Moravia y Sudetenschlesien hasta la Sajonia alemana y Silesia, tuvieron igual denominación hasta el siglo XIX, todos originarios por el nombre topográfico "Sudetenland". Fue seguida esta denominación como la provincia Sudetenland, que fue fundada el 29 de octubre de 1918 por representantes de habla alemana de la región, de acuerdo con el derecho internacional de los pueblos a la autodeterminación y del Programa de Catorce Puntos dictadas por el mismo Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson el 8 de enero de 1918.

Entre ellos: punto 5.- Reajuste de las reclamaciones coloniales, de tal manera que los intereses de los pueblos merezcan igual consideración que las aspiraciones de los gobiernos, cuyo fundamento habrá de ser determinado. Punto 6.- Oportunidad para un desarrollo autónomo de los pueblos del Imperio austrohúngaro. La proclamación de la provincia austríaca de Sudetenland tuvo lugar un día después.

El objetivo del área fronteriza checo-alemán-austriaca, era la conexión entre los alemanes de Austria con los alemanes del Reich, para eludir a la determinación extranjera de un inventado estado checo. Sin embargo, los tratados suburbanos parisinos hicieron de los Sudetes parte del territorio de la antigua Checoslovaquia.

Como una denominación para las áreas pobladas por los alemanes en Bohemia y Moravia, se utilizó SUDETES desde el surgimiento de la República Checoslovaca; de esto se deriva el término "alemanes de los Sudetes" para los antiguos habitantes de habla alemana de dicho lugar: los alemanes de Bohemia y los alemanes de Moravia.

No se puede pasar de alto de ninguna manera LOS ACUERDOS DE MÜNCHEN, firmados el 30 de septiembre de 1938, es decir en tiempo de paz, por los gobiernos de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, con el objetivo de solucionar los desacuerdos de la zona SUDETES.

El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain y su homólogo francés, Édouard Daladier, aprobaron la incorporación de los Sudetes (pertenecientes a Checoslovaquia) a Alemania, debido a que la mayor parte de sus habitantes eran de habla alemana. Ningún representante de Checoslovaquia estuvo presente. El Reino Unido y Francia se mostraron complacientes con los deseos de la población alemana de los Sudetes (AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS) y consideraban este acuerdo como una revisión parcial del Tratado de Versalles. Especialmente se pretendía evitar una nueva guerra, a pesar de poner en gran peligro la existencia de Checoslovaquia.

Las consecuencias del 8 de mayo para Alemania

Las muertes CONTINUARON DESPUÉS DE LA RENDICIÓN ALEMANA. Es decir, Alemania firma la paz, pero los Aliados siguieron atacando Alemania y a sus soldados y civiles en toda Europa. Luego de la Segunda Guerra Mundial se afectó a la abrumadora mayoría de los alemanes, a través de ocupación, violación sexual, secuestro, saqueo, hambre, trabajo forzado, cautiverio y asesinato cruel.

Estos hechos históricos, demostrados en innumerables documentos, filmaciones, fotos y sobre todo denuncias de ciudadanos de los propios países aliados, han quedado como recuerdos eclipsados y han sido desplazados al olvido y a mejor vida, mientras millones de los afectados están muertos hoy y nunca recibieron justicia. Es decir, sus muertes y violaciones quedaron impunes. Sin embargo, la verdad difiere con la realidad. Toda la realidad del 8 de mayo de 1945 incluye información, que para muchos de mis compatriotas alemanes son completamente desconocidos por el manejo y manipulación mentirosos de los medios de comunicación y de la gran mayoría de historiadores.

Para la población alemana, el período que siguió al 8 de mayo fue inicialmente lleno de pura represión, secuestros, violaciones a niñas y mujeres, asesinatos y el robo de propiedades, dineros en bancos y hasta de la ropa que llevaban puestas. Lo más doloroso: las niñas de inclusive cinco años violadas por decenas de soldados aliados en orgías de sexo y alcohol. El destino de los alemanes en las zonas ocupadas de los soviéticos, los franceses y los estadounidenses fue especialmente malo.

La expulsión de las familias alemanas de sus hogares en cuestión de horas, para proporcionar viviendas a las fuerzas de ocupación, la violación de mujeres por parte de soldados franceses, estadounidenses y rusos, el hostigamiento de los alemanes civiles indefensos, el robo a su población de objetos personales ya nombrados por parte de las tropas de ocupación francesas y soviéticas y el cierre de los suministros de alimentos por orden del asesino Eisenhower y de las autoridades militares de los Estados Unidos fueron las consecuencias inmediatas del 8 de mayo de 1945.

Nadie podría haber adivinado en ese momento y haberse consolado a sí mismo, que estas condiciones que sufrimos en carne propia, algún día serían denominadas por "derecho y libertad".

En 1945, para todas las partes de Alemania, el general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas de ocupación occidentales, señaló en su orden JCS 1067: "Alemania no será ocupada con el propósito de liberación, sino como una nación enemiga derrotada. El propósito es ... la ocupación de Alemania para hacer cumplir ciertos objetivos aliados ". La directiva permaneció vigente hasta el 14 de julio de 1947. Stalin expresó lo mismo en 1944 en una orden a sus tropas: "Con odio ferviente en nuestros corazones, entramos en la tierra del enemigo. Venimos como jueces y vengadores ".

Según los términos de la Directiva Eisenhower, la Comisión Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la Organización de Ayuda y Socorro de las Naciones Unidas (UNRRA) prohibió a los estadounidenses distribuir alimentos a la población civil alemana o a prisioneros de guerra alemanes. El hambre fue el primer castigo para mis compatriotas, inmediatamente después de la capitulación.

Los suministros de socorro de la CICR fueron enviados con urgencia a todo el territorio alemán, en el país derrotado. Pero primero, fueron entregadas a las autoridades de ocupación británicas a partir de octubre de 1945 y luego a partir de diciembre de 1945 a los franceses. Los estadounidenses y los soviéticos rechazaron la ayuda del CICR durante el duro invierno de 1945/46. Ambos no abrieron sus zonas de ocupación hasta marzo y abril de 1946 para las misiones de ayuda de la Cruz Roja. Como resultado del hambre y la falta de carbón para el calentamiento invernal, entre tres y cinco millones de personas murieron de agotamiento, tuberculosis, disentería y desesperación suicida por su situación desesperada.

Llamados a violaciones masivas

Además del hambre, el destino más desagradable que golpeó a los alemanes en ese momento fue la violación de innumerables niñas y mujeres por parte de soldados soviéticos, franceses y estadounidenses. El Ejército Rojo recibió expresa orden de Stalin y de sus oficiales y tolerados como mudos testigos por los ejércitos francés y estadounidense, los soldados de los tres estados violaron a cientos de miles de mujeres alemanas, que tenían edades entre los cinco a noventa años.

Estos hechos sucedieron entre abril y julio de 1945. Miles de ellos lo hacían acompañados entre diez a veinte camaradas y varias veces al día. revisen los datos de natalidad nueve meses después. No me dejan mentir. El número de víctimas de violación luego del 8 de mayo de 1945 se estima en 90,000 solo en Berlín. Innumerables mujeres fueron asesinadas después de las violaciones. Un gran número de estas mujeres se suicidó por depresión y desesperación.

En comparación con la grave hambruna, la peste, el primer invierno frío de la posguerra y la violación de niñas y mujeres inocentes, los otros lados oscuros de esta época parecen triviales: la censura de periódicos, radio, cine, literatura y libros de texto, la pérdida de trabajo y su posición bien ganada a través de años y siglos para muchos ciudadanos alemanes y sus familias, la expropiación, el desmantelamiento de fábricas e instalaciones industriales en las zonas de ocupación francesa y soviética hasta 1949, el robo de patentes alemanas por parte de los estadounidenses y, por último, la supresión del trabajo de la administración civil alemana para la organización de la economía y el tráfico en el primer período de posguerra.

Cuando se produjo la ocupación de los Sudetes por tropas del Ejército Rojo el nuevo Presidente Edvard Benes proclamó: “Los alemanes y los húngaros no son seguros”. Aquello ya condenaría millares de vidas inocentes. Los primeros incidentes hacia alemanes fueron agresiones y palizas. Pero el Estado no tardó en empeorar las cosas, pues se obligó a los alemanes a llevar distintivo por la calle, a impedirles salir de sus casas en determinadas horas, a la prohibición de andar por las aceras y supresión de servicios religiosos o médicos.

Hansi Rudel señala © que Giles MacDonogh es una reconocida autoridad en dos materias tan distintas entre sí, como pueden ser el mundo del vino y la historia de Alemania. Con su nueva obra ha convulsionado no sólo la historiografía de la posguerra inmediata de la Segunda Guerra Mundial, sino la visión que se tenía hasta ahora sobre el padecimiento de la población civil alemana en aquellos años. Es lo que el historiador inglés describe con precisión exhaustiva en Después del Reich. Crimen y castigo en la posguerra alemana (Galaxia Gutenberg), un voluminoso ensayo que hace especial referencia a asuntos vidriosos y apenas pormenorizados hasta ahora como son las masivas muertes y los elevados índices de violaciones.

MacDonogh (Londres, 1955; nieto de un judío austriaco, cuya familia padeció directamente la experiencia de los campos de exterminio) argumenta que los meses inmediatamente posteriores a la victoria aliada en mayo de 1945 no trajeron la paz al derrotado esqueleto social del Reich hitleriano, sino que sus habitantes sufrieron mayores padecimientos que los implicados por la propia guerra. En la zona rusa de Austria “la violación fue una práctica diaria hasta 1947”, y las cifras más conservadoras calculan en 20.000 las mujeres violadas en Berlín; oficiales británicos recordaban los lagos de la próspera zona occidental repletos de cadáveres de mujeres que se habían suicidado tras ser forzadas, “algunas en 50 ocasiones”; sus edades variaban entre los 12 y los 75 años de edad.

Con todo, ha despertado polémica en círculos políticos e historiográficos de Estados Unidos y Francia el distinto rasero con que, según las voces críticas, Mac- Donogh valora la distinta conducta de los soldados aliados occidentales. Ante la práctica inexistencia de violaciones protagonizadas por las tropas de ocupación británicas, el autor incide en que las violaciones fueron relativamente comunes en las áreas controladas por los estadounidenses, y “algunos soldados fueron ejecutados por ello”. Acabada la contienda, la rampante prostitución fue una moneda común entre la hambrienta población femenina de la aquella zona aliada.

Según él se cuentan en unos 94.000 Besatzungskinder o “niños de la ocupación” los nacidos de estas relaciones. “Entre 1945 y 1946 muchas niñas se vieron empujadas a la prostitución por una cuestión de supervivencia. Los niños también ofrecieron sus servicios a las tropas aliadas”. Era una opinión común entre las autoridades de las zonas de ocupación norteamericana que la violación fue un fenómeno que fue desapareciendo gracias al sexo a cambio de una tableta de chocolate o una pastilla de jabón.

La actitud, en fin, de los ocupantes franceses es escrutada con similar severidad desapasionada, extrayéndose conclusiones bastante menos favorables. Así, habla del comportamiento de aquéllos en Stuttgart, donde “quizás 3,000 mujeres y ocho hombres fueron violados”. Otras 500 mujeres fueron violadas en Vaihingen, añade.

En este relato minucioso y valiente –es el primer especialista que disecciona los padecimientos de una población a manos de las potencias aliadas y mayoritariamente democráticas–, Mac- Donogh calcula en tres millones los alemanes que fallecieron tras el cese oficial de las hostilidades. Un millón de soldados germanos murieron antes de que pudieran regresar a sus casas.

La mayoría de ellos lo hicieron como prisioneros de los soviéticos (dato indicativo: de los 90.000 prisioneros alemanes en Stalingrado, sólo 5.000 regresaron a casa), pero también hubo decenas de miles de fallecidos como prisioneros de los anglo- americanos. Muchos de ellos encerrados en multitud de verdaderas jaulas diseminadas a lo largo del Rin, sin techo y apenas alimentados. Otros alojados en los mismos campos regentados hasta hacía poco por las SS nazis. Otros fueron más afortunados, y se convirtieron en mano de obra esclava en algunos países aliados, algunos durante años. El investigador británico da fe de la existencia todavía en 1979 de algunos alemanes que se encontraban en esa situación en la Unión Soviética.



Los dos millones de civiles germanos que fallecieron fueron sobre todo ancianos, niños y mujeres, a consecuencia de hambre, frío, enfermedades, suicidios, asesinatos colectivos o las citadas violaciones. El otro de los puntos más delicados que trata el ensayo es la descripción pormenorizada de la matanza de un cuarto de millón de alemanes de los Sudetes a manos de sus vengativos compatriotas checos. Los supervivientes de esta limpieza étnica fueron desplazados a territorios del antiguo Tercer Reich, sin poder regresar jamás a sus hogares. Semejantes desplazamientos y masacres se desarrollaron en otras zonas como Polonia, Silesia o Prusia Oriental.

No es cuento chino, mi familia estuvo allí.

Traducción Hans-Peter Firbas