La estrategia de las vacunas es inocular el virus para que el sistema inmunológico lo reconozca y se facilite su defensa contra él. Sin embargo, ya existen demasiadas muertes de personas que recibieron la vacuna y que fallecieron con la misma característica que la pandemia.
La Covid-19, cuando ingresa al cuerpo humano, ocasiona coagulación intravascular diseminada, que se caracteriza por la formación de acumulaciones anormales de sangre espesa (coágulos) dentro de los vasos sanguíneos. Estos coágulos anormales agotan los factores de coagulación de la sangre, lo que podría algunas veces ocasionar una hemorragia grave en otras áreas. Las causas son las inflamaciones, las infecciones y el cáncer, entre otras. Los síntomas incluyen coágulos de sangre y hemorragias, posiblemente en varias partes del cuerpo.
El gran error en el enfoque ‘médico puro’ del coronavirus es centrar los esfuerzos en el tratamiento en los pulmones. La falta de oxígeno en el caso del virus mencionado se debe a que la sangre no puede transportarlo. La coagulación intravascular diseminada (CID) consiste en la generación excesiva y anormal de trombina y fibrina en la sangre circulante. La CID tiene manifestaciones trombóticas y embólicas venosas, cuando evoluciona lentamente, mientras que la CID que evoluciona rápidamente, en horas o días, causa sobre todo hemorragia.
La CID grave de rápida evolución se diagnostica confirmando la trombocitopenia, el aumento del TTP -es una prueba que permite evaluar la capacidad de formación de coágulos- y el TP -es un examen de sangre que mide el tiempo que tarda la porción líquida de la sangre (plasma) en coagularse.
Cada vacuna contra la COVID-19 hace que el sistema inmunitario genere anticuerpos para combatir el virus de la COVID-19. Las vacunas contra la COVID-19 usan una estructura con forma de espícula en la superficie del virus de la COVID-19 llamada proteína S. La proteína S ayuda a que el virus de la COVID-19 ingrese a tus células y comience una infección. De esta forma, lo que te produce en tu cuerpo la COVID-19 te lo ocasiona también la vacuna.
El Diario El Mundo de España informó el 26 de julio de este año, que un hombre de 36 años falleció semanas después de haber recibido la dosis de la vacuna Janssen. El varón tomó la inyección el 25 de junio en su centro de trabajo y ahora los sanitarios que le atendieron en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla han señalado que puede existir una relación entre la vacuna y el fallecimiento.
TROMBOS, LOS CULPABLES
El fallecido –informa el Diario El Mundo- no presentaba ninguna patología previa diagnosticada. Días después de la administración de la vacuna, el hombre comenzó a sentir un malestar. El día 5 de junio los síntomas se agravaron, por lo que el hombre fue trasladado al Hospital Comarcal de la Merced, en Osuna. Los profesionales sanitarios “no dudaron” en relacionar los trombos que le provocaron el fallo en todos sus órganos al fallecido con la administración de la vacuna.
El periodista español Jaime Montes informó el 6 de mayo que una mujer de 73 años ha fallecido horas después de recibir el segundo pinchazo de la farmacéutica Pfizer con el que completaba su inmunización frente a la COVID-19 en el municipio gaditano de Olvera. La Consejería de Salud y Familias está estudiando el caso y el presidente Juanma Moreno pide prudencia.
Según informa el Diario de Cádiz, la mujer se trasladó al pabellón municipal para recibir la segunda dosis. Poco después, ya en su casa, empezó a sentirse mal y tuvo que ser asistida por una ambulancia del servicio de emergencias, falleciendo poco después. Nunca se hizo una autopsia y se niegan a revelar las causas de su muerte. En Estados Unidos una mujer de 39 años, sin ninguna enfermedad preexistente muere.
Ahora bien, podría pasarme 50 páginas describiendo casos similares. Los únicos estudios científicos realizados por médicos forenses en el mundo han confirmado que los pacientes infectados de la COVID-19 mueren no por problemas pulmonares (que son la consecuencia), sino por la coagulación intravascular diseminada. Finalmente, a mí me tocó ser testigo cercano de lo mismo. Un gran amigo se vacunó y sufrió dos derrames cerebrales y al operarlo encontraron una cantidad muy inusual de trombos en su cuerpo. Antes nunca había padecido de este mal.
Insisto por enésima vez. Lo que usted recibe como si fuera una vacuna no lo es, ya que no ha cumplido con los requisitos mínimos para que sea catalogada como vacuna. Si usted no tiene ni tuvo COVID-19, al vacunarse lo tendrá y deberá asumir sus consecuencias. Advertido está.
La Covid-19, cuando ingresa al cuerpo humano, ocasiona coagulación intravascular diseminada, que se caracteriza por la formación de acumulaciones anormales de sangre espesa (coágulos) dentro de los vasos sanguíneos. Estos coágulos anormales agotan los factores de coagulación de la sangre, lo que podría algunas veces ocasionar una hemorragia grave en otras áreas. Las causas son las inflamaciones, las infecciones y el cáncer, entre otras. Los síntomas incluyen coágulos de sangre y hemorragias, posiblemente en varias partes del cuerpo.
El gran error en el enfoque ‘médico puro’ del coronavirus es centrar los esfuerzos en el tratamiento en los pulmones. La falta de oxígeno en el caso del virus mencionado se debe a que la sangre no puede transportarlo. La coagulación intravascular diseminada (CID) consiste en la generación excesiva y anormal de trombina y fibrina en la sangre circulante. La CID tiene manifestaciones trombóticas y embólicas venosas, cuando evoluciona lentamente, mientras que la CID que evoluciona rápidamente, en horas o días, causa sobre todo hemorragia.
La CID grave de rápida evolución se diagnostica confirmando la trombocitopenia, el aumento del TTP -es una prueba que permite evaluar la capacidad de formación de coágulos- y el TP -es un examen de sangre que mide el tiempo que tarda la porción líquida de la sangre (plasma) en coagularse.
Cada vacuna contra la COVID-19 hace que el sistema inmunitario genere anticuerpos para combatir el virus de la COVID-19. Las vacunas contra la COVID-19 usan una estructura con forma de espícula en la superficie del virus de la COVID-19 llamada proteína S. La proteína S ayuda a que el virus de la COVID-19 ingrese a tus células y comience una infección. De esta forma, lo que te produce en tu cuerpo la COVID-19 te lo ocasiona también la vacuna.
El Diario El Mundo de España informó el 26 de julio de este año, que un hombre de 36 años falleció semanas después de haber recibido la dosis de la vacuna Janssen. El varón tomó la inyección el 25 de junio en su centro de trabajo y ahora los sanitarios que le atendieron en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla han señalado que puede existir una relación entre la vacuna y el fallecimiento.
TROMBOS, LOS CULPABLES
El fallecido –informa el Diario El Mundo- no presentaba ninguna patología previa diagnosticada. Días después de la administración de la vacuna, el hombre comenzó a sentir un malestar. El día 5 de junio los síntomas se agravaron, por lo que el hombre fue trasladado al Hospital Comarcal de la Merced, en Osuna. Los profesionales sanitarios “no dudaron” en relacionar los trombos que le provocaron el fallo en todos sus órganos al fallecido con la administración de la vacuna.
El periodista español Jaime Montes informó el 6 de mayo que una mujer de 73 años ha fallecido horas después de recibir el segundo pinchazo de la farmacéutica Pfizer con el que completaba su inmunización frente a la COVID-19 en el municipio gaditano de Olvera. La Consejería de Salud y Familias está estudiando el caso y el presidente Juanma Moreno pide prudencia.
Según informa el Diario de Cádiz, la mujer se trasladó al pabellón municipal para recibir la segunda dosis. Poco después, ya en su casa, empezó a sentirse mal y tuvo que ser asistida por una ambulancia del servicio de emergencias, falleciendo poco después. Nunca se hizo una autopsia y se niegan a revelar las causas de su muerte. En Estados Unidos una mujer de 39 años, sin ninguna enfermedad preexistente muere.
Ahora bien, podría pasarme 50 páginas describiendo casos similares. Los únicos estudios científicos realizados por médicos forenses en el mundo han confirmado que los pacientes infectados de la COVID-19 mueren no por problemas pulmonares (que son la consecuencia), sino por la coagulación intravascular diseminada. Finalmente, a mí me tocó ser testigo cercano de lo mismo. Un gran amigo se vacunó y sufrió dos derrames cerebrales y al operarlo encontraron una cantidad muy inusual de trombos en su cuerpo. Antes nunca había padecido de este mal.
Insisto por enésima vez. Lo que usted recibe como si fuera una vacuna no lo es, ya que no ha cumplido con los requisitos mínimos para que sea catalogada como vacuna. Si usted no tiene ni tuvo COVID-19, al vacunarse lo tendrá y deberá asumir sus consecuencias. Advertido está.