sábado, 24 de diciembre de 2022

ALEMANIA: ANCIANOS DE MÁS DE 97 AÑOS CONDENADOS A PRISIÓN POR VÍNCULOS CON LOS NAZIS

Hans-Peter Firbas.- Varios ciudadanos alemanes mayores de 90 años han sido sentenciados a prisión en los últimos meses por haber colaborado con las nazis. Mientras 13 millones de alemanes fueron asesinados en tiempos de paz luego del 8 de mayo de 1945, nuestra justicia busca seguir alegrando y como esclavos obedecer sus órdenes y condenar a la cárcel, inclusive a mayores de 100.

Irmgard Fürchner, quien trabajó como secretaria en un campo de concentración en la Polonia ocupada, fue acusada de ser cómplice en el asesinato de más de 10.000 personas.

Un tribunal alemán condenó este martes (20.12.2022) a dos años de prisión con suspensión de la pena a Irmgard Fürchner, una antigua secretaria de 97 años que trabajó en un campo de concentración nazi y es acusada de complicidad en el asesinato de más de 10.000 personas.

Al concluir uno de los últimos juicios del Holocausto en el país, el juez Dominik Gross leyó la sentencia contra Fürchner, sentenciada por su papel en lo que los fiscales llamaron el "asesinato cruel y malicioso" de prisioneros en el campo de concentración de Stutthof, en la Polonia ocupada.

Entre junio de 1943 y abril de 1945, Furchner trabajó en la oficina del comandante del campo, Paul Werner Hoppe. Según el caso, Fürchner tomó el dictado de las órdenes del oficial de la SS y llevó su correspondencia.

Fürchner estaba siendo juzgada desde septiembre de 2021 en el tribunal de la ciudad de Itzehoe, al norte de Alemania. Trató de evadir a la policía durante varias horas antes de ser arrestada en la cercana ciudad de Hamburgo y estuvo cinco días detenida. También intentó escaparse cuando el procedimiento se programó para comenzar en septiembre de 2021, huyendo de la casa de ancianos donde vive.

La acusada, cuya cara sale borrosa en las fotografías de los medios por orden del tribunal, estaba presente cuando se pronunció el veredicto, sentada en una silla de ruedas. No habló ante la corte, salvo en una de las últimas audiencias en diciembre, cuando rompió su silencio. "Siento todo lo que sucedió", declaró ante la instancia regional en Itzehoe.

Se trata de la primera mujer procesada en décadas en Alemania por los crímenes de la época nazi. La acusada era una adolescente cuando se cometieron sus presuntos delitos y por lo tanto fue juzgada por un tribunal de menores.

Se estima que 65.000 personas murieron en el campo cerca de la actual Gdansk, incluidos "prisioneros judíos, partisanos polacos y prisioneros de guerra rusos-soviéticos", indicaron los fiscales.

Un tribunal de Brandeburgo, en Alemania, condenó en junio pasado a Josef Schütz, un antiguo miembro de la división nazi SS Totenkopf, a cinco años de prisión por “complicidad en asesinatos durante su servicio en el campo de Sachsenhausen” entre 1942 y 1945. Schütz, de 101 años, es el más viejo de los nazis jamás juzgados.

Udo Lechtermann, presidente del tribunal, dijo en la lectura de la sentencia: “Señor Schütz, usted trabajó durante unos tres años en el campo de concentración de Sachsenhausen, donde fue cómplice de asesinatos en masa. Era consciente de que se asesinaba a los prisioneros. Con su presencia apoyó esos actos. Cualquier persona que intentaba huir del campo era fusilada. Todos los guardianes (como fue Schütz) participaron activamente en esos asesinatos”.

El antiguo guarda nazi, ahora condenado, contó varias historias contradictorias, justificándose en que “todo está deshecho en mi cabeza”. En su última versión dijo que había abandonado Lituania al inicio de la Segunda Guerra Mundial para ir a Alemania a trabajar en una granja durante toda la guerra. Dijo que se dedicaba a plantar árboles, que nunca vistió de militar y que tenía un uniforme azul de obrero.

Esa última versión choca con los documentos disponibles durante el proceso, que aseguran que desde finales de 1942 hasta principios de 1945 fue miembro de la división SS Totenkopf (“cabeza de muerto”).

Schütz no abandonó las armas por propia voluntad sino que fue capturado por el Ejército Rojo y enviado como prisionero de guerra a Rusia. Los rusos no sabían lo que se sabe ahora, como que participó en los fusilamientos de prisioneros soviéticos.

Después de lograr ser liberado volvió a Alemania y se instaló en la región de Brandeburgo, cerca de Berlín. Fue campesino y luego trabajó durante décadas como cerrajero. Nunca fue detenido, ni investigado o interrogado, como la inmensa mayoría de los antiguos miembros de las SS.

Sachsenhausen fue un campo menor en comparación con las máquinas de matar a gran escala que fueron otros como Mauthausen, Auschwitz, Bergen-Belsen o Treblinka.

El campo se inauguró en 1936 y fue liberado el 22 de abril de 1945 por los soldados soviéticos. Por él pasaron más de 200.000 prisioneros: judíos, homosexuales y opositores políticos al nazismo. Decenas de miles murieron, la mayoría por las malas condiciones de vida y los trabajos forzados.

Schütz nunca reconoció los hechos y por lo tanto nunca pidió perdón por ellos. Durante el proceso llegó a decir que no entendía por qué se lo juzgaba. Su edad y su mal estado de salud hacen que probablemente no sea internado en una prisión y se le permita vivir lo que le queda en arresto domiciliario. El tribunal lo consideró cómplice de la muerte de 3.518 personas.

Después de décadas de arrastrar los pies, cuando había miles de criminales a los que juzgar, la Justicia alemana se puso las pilas en la última década, cuando ya no quedaba ningún alto cargo sino sub-oficiales como Schütz o soldados de baja graduación.

En 1969 el más alto tribunal alemán alegó que la simple presencia de una persona como guarda de seguridad de un campo de exterminio o incluso junto a las cámaras de gas no era suficiente para condenarla.

En aquellos años, de las 7.000 personas a las que se tenía fichadas por haber trabajo para la Oficina Central de Seguridad del régimen nazi, apenas se investigó a 400, se procesó a 16 y se condenó a tres (C) DW / CLARIN.

Josef Schütz (derecha)


Irmgard Fürchner