EDITORIAL HANS-PETER FIRBAS. Entre 1995 y 2015, años en los cuales acumulé, como Roberto Carlos, un millón de amigos, en la última década confirmé datos muy importantes de los más destacados psiquiatras y psicólogos alemanes, que sostenían que los verdaderos amigos nunca se van y permanecen a tu lado sin importar la coyuntura, la relación laboral o algún otro nexo, que de alguna manera pueda condicionar esa presunta amistad.
Mientras el Doctor Sigmund Freud aseguraba que “un egoísmo bien entendido es necesario para vivir, pero tenemos que amar para no caer enfermos. El amor de la amistad promueve y actúa como un bálsamo que alivia nuestras heridas cotidianas”, el diplomático italiano Nicolás Maquiavelo sostenía que “no veo a la amistad con romanticismo; la considero una herramienta útil solo si esta no entraba en conflicto con los intereses de uno de los amigos o que dicha relación se basa en intereses propios de una de las partes.” Para él, los verdaderos lazos se forjan en la necesidad y la utilidad mutua, no en la virtud.
Freud, ve el amor, que promueve la amistad, como un bálsamo para el alma, ayudando a aliviar las heridas cotidianas y actuando como un factor crucial para la salud mental. Maquiavelo tenía una visión pragmática de la amistad, observándola a menudo como transaccional y útil solo si sirve a los intereses de una de las partes. Sus frases sugieren desconfianza hacia las amistades basadas en el dinero, que considera inestables en tiempos difíciles y que la verdadera amistad puede ser peligrosa para la otra parte, si se basa exclusivamente en el afecto en lugar de la conveniencia.
"La amistad se destruye cuando ya no hay nada que ganar. La traición ocurre cuando una persona deja de ser útil". Sostenía que la verdadera amistad se demuestra en los momentos difíciles o simplemente de forma lineal a través del tiempo. También se basaba en que los vínculos más fuertes se construyen por necesidad y no por virtud u otras características positivas, como la honestidad, la lealtad y la confianza. En resumen, dejará de ser tu amigo si ya no te necesita o ya no le eres útil.
La Mesa de la Amistad es una tradición alemana muy respetada. En las tabernas de mi país siempre hay mesas reservadas en un día y hora fijos de cada semana. Stammtisch, que puede traducirse como «mesa de tertulia». Se trata de un lugar donde los viejos amigos se reúnen, siempre el mismo día y hora de la semana, para compartir una bebida y algunas horas de buena conversación.
En estos encuentros se comentan las últimas novedades de cada cual, pero también se rememoran momentos compartidos tiempo atrás, con lo cual es una ceremonia que también revive la felicidad del pasado.
La dualidad entre las teorías psicológicas alemanas con las pragmáticas del resto de países se debe a la gran diferencia que existe entre los valores más importantes. Por ejemplo, si un alemán promete, ofrece o informa a su amigo sobre algo únicamente verbalmente o con un apretón de manos basta. Sin embargo, en otras culturas, ni los contratos notariales son respetados. Aunque debo secundar estas frases en que nunca se debe generalizar. Sólo nos basamos en datos exactos acerca de las relaciones sociales.
Por esta razón, existe la gran diferencia entre los amigos alemanes, austriacos, suizos debido a una larga historia de amor por su tierra y hacia sus compatriotas. Este es el motivo por el cual no es aplicable esta teoría de Freud para el resto de comunidades. Una vez más insisto en datos estadísticos que nunca llegan al 100% y esa es la causa por la que jamás se debe generalizar.
El hecho de haber nacido en Perú y radicado toda mi vida en esta extraordinaria nación y a la par educado entre los cuatro hasta los 17 años prácticamente con compatriotas alemanes, me ayudan a entender con bastante exactitud ambas situaciones. Esta nota no tiene ninguna intención de criticar a alguna de las partes, sino al contrario, sumar ambas experiencias para mejorar la convivencia social entre los verdaderos amigos, que personalmente formé cuando era muy pequeño, ya que, en la infancia, los intereses que puedan existir son de poca importancia.
Eso convierte a los alemanes en muy vulnerables al basar sus amistades, ya como adultos, en 100% de afecto y cariño. Inclusive ya, en los últimos diez años, dicha confianza a sus gobernantes les ha costado caro no sólo psicológicamente, sino además en otras ramas sociales. Me baso en mi propia experiencia con 64 años de edad. Lo que me satisface es que siempre he priorizado la calidad a la cantidad.
