domingo, 15 de junio de 2014

ESPACIO FÍSICO Y MENTAL DEL FUTBOLISTA PERUANO

PRE TESIS UNIVERSIDAD DE LIMA

En el presente capítulo busco explicar algunas de las razones acerca de las desventajas de los futbolistas peruanos con relación a sus colegas en otros países (resumen).

...este deporte de masas mantiene una dualidad en las modalidades de juego imperantes. Europa - América, fuerza - habilidad, técnica - desorden, convicción - apatía, entre otras. Nuestro fútbol se enmarca en el oportunismo, la habilidad, el individualismo y hasta la suerte.

...la gran cantidad de jóvenes y niños que juegan fútbol y el escaso espacio de escenarios, es decir canchas reglamentarias, son factores que dificultan su adecuada práctica. Planteamos la carencia de espacio y la aglomeración de peloteros. Me voy a referir al fulbito, responsable en gran medida de las limitaciones que enfrentamos.

Desde niño el futuro futbolista se inicia en la clandestinidad. La cancha es la calle, la pista y debe eludir a la policía, vecinos quejosos y automóviles que invaden su campo. Aprende a burlar la represión. Así se va moldeando como un ser marginado y la picardía es su respuesta. Luego, si tiene suerte estudia en un colegio que sólo tiene en su infraestructura -si la tiene- canchas de fulbito.

Crece dentro de espacios limitados, cuando es la etapa más importante de su formación. De allí que empiezan con su mente y físico en condiciones inferiores a la realidad. Cancha pequeña y un anti fútbol. Goles dentro del área, no hay corner de arquero, laterales deben ser pasados fuera del área, todos son contra el gol. El mejor ejemplo es la especialidad inca del juego en pared a lo Sotil - Cubillas. ¿Por qué? Por que ellos mismos se pasaban el balón tirándolo contra la pared de las calles.

No pensamos en una verdadera cancha de fútbol y de allí que vemos reducidas las virtudes como el excelente estado físico, una mente que piensa en menor espacio y por eso perdemos. Los niños desde los 7 u 8 años deben comenzar jugando en canchas reglamentarias. La falta de seguridad familiar, educación y alimentación adecuadas. Por último la autoestima en los suelos.