jueves, 30 de octubre de 2014

LA FAMILIA ALEMANA FIRBAS RADICABA EN CHECOSLOVAQUIA DESDE EL AÑO 1804

ALEMANES QUE VIVÍAN EN CHECOSLOVAQUIA FUERON TRATADOS PEOR QUE BASURA. Hans - Peter Firbas

Mis ancestros de nacionalidad alemana radicaron, estudiaron, trabajaron e hicieron importantes investigaciones y aportes al gobierno de Checoslovaquia y a su pueblo. Muchos de ellos, científicos, botánicos, banqueros, médicos y checos de corazón. Hicieron su vida y fueron todos ellos gentes de bien. Sin embargo y sin razón alguna, cuando ingresó el ejército ruso en 1945 fueron deportados y despojados de sus bienes y de sus ahorros bancarios acumulados durante decenas de años. Fueron violados, tratados como chanchos, algunos asesinados, otros desaparecidos, pero el odio contra ellos injustificable. Los subieron a un tren con destino a Austria.

Tengo que regresar al pasado y encontré a mi ancestro más lejano. Jakob Daublebsky von Sterneck, nacido en Budweis (*) el 27 de mayo de 1800 y fallecido en Praga el 9 de diciembre de 1878. Tuvo nueve hijos, entre ellos Karl, famoso notario (17 de junio de 1830 - 3 de julio de 1906), quien nació, estudió y trabajó toda su vida en Praga.

(*) Ciudad curiosamente donde apareció la cerveza Budweiser gracias a un compatriota alemán.

Karl dejó siete hijos, entre ellos Ida, quien contrajo nupcias con mi bisabuelo Karl -el mismo nombre que su suegro- Firbas, alto funcionario del más importante banco de Praga. Ida Daublebsky von Sterneck contrajo matrimonio con mi bisabuelo Karl Firbas el 14 de septiembre de 1887 en Praga. Firbas nació en 1851 y falleció en 1942 en Praga. Tuvieron tres hijos. Karl -otra vez-, Heinrich (mi abuelo) y su hermano Oswald, los tres nacidos en Praga.

Heinrich Firbas, mi abuelo, nació el 2 de noviembre de 1892 en Praga y era de nacionalidad alemana. Al ser deportado escondió en su ropa interior un anillo, un prendedor de corbata y unas láminas de oro. Es lo único que pudo rescatar. Tras una larga demanda contra su gobierno alemán obtuvo una pequeña indemnización, es decir una propia.


Uno de sus hijos, el Doctor Johann Heinrich Firbas fue mi querido, adorado y extrañado padre. Acá jugando en los fantásticos jardines de su padre, que rodeaban una gran mansión. Fue un hombre muy bueno y los que lo conocieron lo saben.



Junto a sus hermanas menores Heidi y Edith en los momentos más felices de sus vidas.


Eran tres angelitos, mi padre el hijo mayor con once años en otro inolvidable momento de su niñez. Siempre me contaba que su abuela, por parte de su padre Karl era muy tacaña. Era muy rica, vivía con todo lo que necesitaba, pero mi padre se escapa al sótano del castillo familiar, ya que decía: "allá con los sirvientes se comía más rico, más abundante y sin tantas huevadas de la abuela. Miren ese hermoso bosque.



En 1945 mi abuelo, su esposa, la abuela Herminne, quien por esas cosas extrañas vivió 103 años y sus tres hijos fueron simplemente deportados y no exterminados o enviados a campos de prisioneros o de concentración gracias a que muchos checos les explicaron a los generales rusos que eran de gran corazón y que los ayudaron mucho. Fueron arrojados así de sus tierras.


Otros alemanes no corrieron la misma suerte. Igual que mi familia. Dos abuelos, un papá y dos hermanas.



Mi padre siempre decía algo que jamás olvidaré. "Has lo que tu padre dice y no lo que tu padre hace."



Continúo mi vida con no ser un conformista con lo que sufrió mi familia. Ahora quedamos mi madre, mi esposa, mis dos hermanos, mis dos hijos, mis cuatro perros, mi gata y mi coneja. También mi Mercedes. Esas dos feas de arriba son Chasca y Kiara. Ese día las adoptamos. Ahora parecen princesas. Fritz mi rey y su hermano Klaus, un lindo Siberiano.





Mis hijos y mi madres para la próxima historia, que será demasiada larga.