DEMOSTRADOS SUS VÍNCULOS CON LA CIA Y CON RONALD REAGAN.
Al parecer, la alianza venía de mucho tiempo atrás. Según
afirma López Sáez en su libro “El día de la cuenta”, Vaticano-Estados Unidos-mafia
siciliana-cosanostra habían convergido en oscuras alianzas en la era fría, al
unirles un enemigo común: el comunismo. Sostiene Sáez apoyándose en libros como
“El fantasma del pasado”, de Flamigni, que la mafia siciliana fue una especie
de gobierno secreto estadounidense al finalizar la II Guerra Mundial,
establecido para impedir la extensión del comunismo.
Con estos antecedentes, Juan Pablo II alcanza el obispado de
Roma en un año 1978 plagado de acontecimientos trágicos. En realidad, como
queda expuesto en el libro ‘El Día de la Cuenta’ del cura español López Sáez,
Wojtyla había sido promocionado a esas esferas a lo largo de la década de los
setenta nada menos que por Estados Unidos. Con la ayuda de una profesora
universitaria bien conectada, Wojtyla fue introducido en los círculos próximos
al poder a través del cardenal de Filadelfia, Krol y del político Brzezinski,
ambos, de ascendencia polaca.
Éste último, oscuro personaje ligado a Henry Kissinger,
sería consejero de seguridad del presidente Carter y se cartearía con Wojtyla a
menudo siendo ya Papa. Así pues, la política exterior del Vaticano sufrió un
cambio de 180 grados a raíz de la defunción Juan Pablo I. Con la llegada de
Reagan al poder, la conexión entre el Vaticano y la Casa Blanca se haría todavía
más estrecha, eligiendo el ex actor a sus representantes de política exterior
entre católicos; una vía más para aproximarse a la Santa Sede.
La conexión entre el Vaticano, los Estados Unidos y la Mafia
vendría propiciada por la máxima obsesión desde que Wojtyla llega al poder:
acabar con el comunismo, el sistema en el que había vivido y que todavía
reinaba en su patria. Según diversas investigaciones reflejadas en el libro de
López Sáez, todavía con Juan Pablo II en el poder del Vaticano se desviarían fondos
ilegalmente para la financiación del Sindicato Polaco Solidaridad.
Reagan aportó 500 millones de dólares de ayuda para Lech
Wallesa. El general Vernon Walters, recientemente muerto fue quizá él quien
ayudó a la elección de Wojtyla y puede que fuera cómplice en la muerte del papa
Luciani. El mantuvo estrecha relación con el Papa tras mostrarle unas fotos
sobre la intención de la Unión Soviética de intervenir en su amada Polonia.
Richard Allen, que fue consejero de seguridad del presidente Reagan, afirmó que
“la relación de Reagan con el Vaticano fue una de las más grandes alianzas
secretas de todos los tiempos”.
Como se demostró en el sumario abierto contra Roberto Calvi,
el Banco Ambrosiano habría sido un trampolín al servicio de la CIA y la mafia
para distribuir cantidades astronómicas con la complicidad de las ventajas
fiscales del Vaticano a paraísos como Panamá o Nassau, que después servirían
para financiar todo tipo de operaciones secretas (asesinatos, golpes de estado)
fundamentalmente en América Latina.
En El Salvador y Nicaragua, se cometerían precisamente
algunos de los más tristes atentados contra clérigos católicos de finales del
siglo XX: Ellacuría y cinco jesuitas más (1989), Monseñor Romero (1980).
Curiosamente, Juan Pablo II había despachado a Monseñor Romero unos meses antes
de su muerte en una audiencia en torno a las violaciones de los derechos
humanos con un “no me traiga muchas hojas que no tengo tiempo para leerlas… Y
además, procure ir de acuerdo con el gobierno”. Como relata López Sáez,
Monseñor Romero salió llorando de la audiencia papal, mientras comentaba “el
papa no me ha entendido, no puede entender, porque El Salvador no es Polonia”.