sábado, 17 de enero de 2015

MIS INICIOS EN EL PERIODISMO

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Seguimos con algunos pasajes más...........

Tuve la suerte de ingresar al periodismo justo en el ‘boom’ de la devolución de los medios a sus verdaderos propietarios y en la político 100% respetuosa del Arquitecto Belaúnde con relación a La Libertad de Prensa y al irrestricto cumplimiento de la democracia y las leyes.

Estaba en la Universidad de Lima, en el tercer ciclo de Ciencias de la Comunicación y me moría por hacer periodismo deportivo, sobre todo en los autos. Así que un día me armé de valor, toqué la puerta de Radio Programas cuando estaba en la Calle Sevilla de San Isidro y me atendió un señor bastante serio.

Era Miguel Humberto Aguirre, a quien pude llegar gracias a Cecilia Pinglo y a mi mamá. Ella era promotora de las chicas del espectáculo, como Gisela Valcárcel, Teddy Guzmán, Amparo Brambilla y de café teatros, como El Diablo, La Gata Caliente y se ocupaba de otros asuntos más, que ya no recuerdo. Así que Cecilia y mi madre eran patas de Mihua y me dio una cita.

Conversamos, le conté mi pasión por el deporte y los autos y me dijo: “No. Antes debes pasar por la redacción como practicante y me refiero a redacción en cantidad y calidad, escrito para la radio. No es un diario ni televisión. La radio tiene su propio lenguaje. Nada de deportes. Te pondré en la caldera del diablo.” Me colocó como redactor de la Rotativa del Aire. A mis 19 años no podía estar más feliz, aunque la mayoría de los colegas de RPP me miraba raro.

Una vieja máquina de escribir, con varias fallas, papel de calcar, rollos de los teletipos de UPI, EFE y Andina, notas de prensa de empresas, de entidades del gobierno, etcétera. Así que me pasaba diez horas al día escribiendo y escribiendo. A veces pasaba Don Manuel Delgado Parker cerca de mi escritorio. La primera vez me preguntó quién era. Después me decía “hola Hans” y le respondía “don Manuel, ¿cómo está?”

Al mes me llamó a su oficina Don Hernán Valderrama, a quien recuerdo con cariño. “Empiezas mañana.” Simplemente no lo podía creer. Mis superiores Rolando Estremadoyro, Gregorio Tello (QEPD), también me hablaron y me aconsejaban mucho. Lo que me dejó perplejo fue que al mes me promovieron como Sub-Jefe de Informaciones.

 En ese entonces, ninguna nota, ninguna grabación, ningún contenido, es decir nada era revisado por nadie. La libertad era absoluta. Quiero hacer un paréntesis para mencionar a Don Manuel. Sin temor a equivocarme era el dueño perfecto que podía tener un medio de comunicación. Nunca intervino para nada en la Rotativa del Aire. Un caballero a carta cabal.

Lo mismo opino de Mihua –Miguel Humberto Aguirre-, quien tampoco metía la mano en mi trabajo. La diferencia con Don Manuel era que él sí me puteaba y requintaba cuando metía la pata, pero por algún error en la redacción, en la edición de una grabación o en la forma en la que presentaba alguna información.

Siempre fui franco con ellos y tenían pleno conocimiento de mi posición política. Mis ideas de derecha, admirador de Milton Friedman y de las ideas del mercado. Lo que manda es la oferta y la demanda y la economía debe funcionar bajo esas normas, pero Mihua era de izquierda. Mi obligación como periodista objetivo era dejar de lado mis ideas y hacer el trabajo como un profesional.

Don Miguel Humberto Aguirre, quien por esas cosas de la vida se encontraba en Checoslovaquia el día del golpe de estado contra Salvador Allende. Él era su hombre de confianza y subdirector del Diario La Nación. Se enteró del asunto porque el botones del hotel en Praga le dijo. “¿Chileno? Allende….” Y con un gesto con la mano atravesando su cuello le dio a entender que algo malo le había pasado.

Tras algunas llamadas se enteró del fallecimiento de su presidente y de todo lo demás. Si hubiera estado ese día en Chile seguramente hubiera sido asesinado. Impedido de ingresar a su tierra vino al Perú y comenzó a laborar en RPP. Él fue el hombre quien con su mal genio, con su excesiva dedicación a su trabajo y sus constantes reprimendas y gritos a todo el personal logró que RPP se convirtiera en grande y poderosa.

Gracias a él aprendí a ser periodista. Gracias a sus enseñanzas soy lo que soy, con mis defectos y virtudes. Su ejemplo, su ética profesional y sus resondradas con palabras subidas de tono me pusieron en la ruta para que hoy a mis 53 años  pueda decir que soy alguien en la vida.

Mi horario en RPP empezaba a las cuatro de la tarde, pero él ya estaba allí desde la mañana. Don Manuel Delgado le tenía un especial cariño y su confianza total. Su brazo derecho. Nunca pudo ser director de La Rotativa del Aire, porque la legislación peruana impedía que un extranjero manejara un noticiero, pero igual él era el de las ideas, de la modernización, de la creación de la programación y de casi todo. Lo importante era la libertad que gozaba. Era perfecto.

Luego la recompensa fue mayor. Me nombraron productor del programa Comunicando, que se emitía de Lunes a Viernes de 9 a 12. Guido Lombardi era el director. El espacio tenía, entre sus objetivos principales recibir denuncias de los oyentes y ver la manera de solucionarlos.

A diferencia de los productores de hoy, personalmente me pasaba horas de horas después del programa atendiendo a los ciudadanos que llegaban a la radio y preguntaban por mí. Todos humildes, muchos analfabetos y debido a sus condiciones de pobreza y falta de educación los poderosos se aprovechaban de ellos.

Se me presentó la oportunidad que deseaba. Defender a mis compatriotas, defender las injusticias y los abusos de los poderosos. La fuerza de RPP era el canal apropiado para difundir las corrupciones y tuve la ocasión de solucionar decenas de casos. Ese era mi mayor satisfacción. El haber servido al Perú.

Un día recibí una llamada de Don Julio Schiappa-Pietra, accionista de Radio Cadena, quien me propuso ir a dirigir Radio Cadena Informativa con un salario bastante superior al que recibía en ese entonces. Al toque acepté. Lamentablemente ya no estaba Belaúnde, sino Alan García, quien hizo mierda al Perú.

Nosotros y el Diario La República éramos los únicos medios opositores al gobierno aprista. Siendo de derecha, el directorio de cadena estaba compuesto por gente de izquierda. Nuevamente, como un camaleón, dejé en el olvido mis preferencias ideológicas y me puse a trabajar con la mayor objetividad posible.

Nunca olvidaré la huelga policial durante ese nefasto mandato. A pesar de ser el director del noticiero personalmente acudí como reportero a cubrir el evento allá en Alfonso Ugarte. Estaban los parlamentarios Javier Olivera y Javier Diez Canseco. Yo usaba una frondosa barba. Los policías ya sabían de mí y me permitieron ingresar al local.

Subí al estrado a acompañar este justo reclamo y sorpresa. Al día siguiente aparezco nada menos que en la portada del Diario Marka. ¿Qué hacía un derechista en la portada de un diario pro senderista? En ese momento comenzaron con una marcación a presión a lo Reyna contra Maradona.

Nuevamente gocé de absoluta libertad. A pesar de mi contraria visión económica y política nadie intervino en mis contenidos. Nadie me dijo qué escribir o que no escribir, aunque Cadena era el blanco para tumbarse, al igual que La República. Nadie más se oponía, salvo los medios terroristas, que al final fueron clausurados.

Hans - Peter Firbas