Hans - Peter Firbas
LENGUAJE RADIAL:
Las peculiaridades del medio
radiofónico condicionan la expresión hablada. El periodista radiofónico debe
ser consciente de la fugacidad del mensaje. El oyente no puede volver a
escuchar lo que se está contando, no puede comprobar si ha entendido bien la
información. Su única opción es escuchar el texto en el momento, en el orden y
con el ritmo que establece el locutor.
Por tanto, escribir para la radio
implica saber utilizar adecuadamente el principal instrumento del periodista:
la palabra. Para ello, se tendrán en cuenta las características básicas del
lenguaje hablado y sus exigencias:
1.- Claridad: se trata de hacer
asequible la expresión porque existe el riesgo de interrumpir la asimilación
mental de los mensajes si se adoptan códigos que requieren esfuerzos
reflexivos y por tanto, tiempo de descodificación (comprensión). Lo concreto,
en forma activa y presente. En radio son necesarias las formas que más
“vitalizan” las imágenes y los relatos. En casos de equivalencia semántica, mejor
las formas simples que las compuestas, el presente que el pasado, la frase
activa que la pasiva.
2.- Brevedad: las exigencias del
tiempo, la necesidad de facilitar la asimilación y la fugacidad del mensaje
obligan a la radio a construir mediante periodos y frases breves que aseguren
la comprensión. El periodista radiofónico está obligado a dominar la
ortografía, la morfología, la sintaxis y un vocabulario rico.
Debe saber escribir y narrar pero
además debe adaptar su escritura y narración al ritmo, cadencia y entonación
requeridos en cada momento. A estas características debe unirse el matiz de la
expresión personal. A través del micrófono, lo que se pierde desde el punto de
vista plástico se gana en los matices de expresión exclusivos del sonido y en
la posibilidad de testimonios personalizados a través de la voz; es lo que se
puede denominar tono comunicativo, necesario tanto en informativos como en
programas.
La voz, la música, los efectos y
el silencio son los elementos sonoros que determinan la capacidad expresiva. La
armonía de todos ellos en torno a un contenido interesante será la que permita
sostener el relato radiofónico. Así, captar la atención y el interés del
público y hacerlo con la gramática adecuada al medio y al mensaje será la principal
exigencia del periodista radiofónico.
LENGUAJE TELEVISIVO
Con un discurso que se nutre de
distintas narrativas audiovisuales es posible hablar de lenguaje televisivo. Está
determinado por su naturaleza visual y auditiva. En él se conjugan el lenguaje
visual o imágenes (lenguaje del cine), el lenguaje auditivo verbal y no verbal
(lenguaje radiofónico) y el lenguaje periodístico sobre las informaciones,
noticias y reportajes.
Si reconocemos cierto orden y
reglas que rigen la puesta del mensaje televisivo, heredados de los lenguajes
ya mencionados y adaptados a su condición de producción.
1.- Fragmentación: los distintos
programas pierden autonomía por la franja publicitaria. Ellos son presentados
en bloques. Son parte de un todo y deben considerar su valor como unidad, al
presumir la incorporación de televidencia, que requiere de resúmenes o
reiteraciones de contenidos en bloques anteriores, para capturar su atención.
2.- Apertura o Cierre: el propio
espectador determina la duración del mensaje. La práctica del “zaping”, las
transmisiones permanentes y las repeticiones son condiciones
materiales de la relación entre el medio y el televidente.
3.- Espectacularidad: su
ingrediente esencial es el espectáculo. Es la relación de un espectador
expuesto a la exhibición de una escena. Una relación donde el espectador
concurre al llamado, por diversas fuentes de interés, intención y voluntad, a
la entrega de puestas en escena, en las que se sostienen o alimentan
varias formas de lenguaje. La espectacularidad está situada como una forma
exacerbada de ciertos elementos de estos lenguajes para una captura en el
tiempo del espectador: la música, las luces, el color o su ausencia, la imagen,
el ritmo, etc.
El discurso televisivo transmite
códigos ideológicos tradicionales. Si revisamos las premisas reglamentarias de
la televisión, nos daremos cuenta de los valores, aunque muy generales, con los
cuales se construye el discurso televisivo.
4.- Banalización de Contenidos: al
estar la televisión determinada por las condiciones de financiamiento requiere
de las mejores y altas televidencias. Surge así la “necesidad” de generar un
discurso apreciable por todos, un mensaje que sea entendido por las grandes
masas de consumidores, instala la puesta en circulación de discursos con
una mínima profundidad y máxima extensión de temas. Los avisadores no invierten
en publicidad para programas de baja expectación. Programas demasiado
específicos no son franjas de interés para los avisadores, prefieren una
programación masiva y totalizante.
5.- Predominio de lo Emocional
sobre lo Racional: los programas televisivos presentan mecanismos que se
estructuran de forma narrativo-testimonial, mediante imágenes y relatos, que
apuntan a un modelo lúdico-afectivo, modelo opuesto al modelo racional-analítico.
6.- La palabra en la Televisión:
aunque la imagen posea la mayor fuerza en el mensaje televisivo, propio de
soportes audiovisuales, donde el contexto y texto están determinados por la
narración de la imagen y el sonido, el lenguaje verbal cumple la función de
acompañamiento, que refuerza, valora, comenta e interpreta.
El mensaje verbal debe ser: conciso
y entregar la información en pocas palabras, evitando las reiteraciones
innecesarias. Claro y preciso: deber ser de fácil comprensión para todo
espectador. Amplio, al evitar el lenguaje muy especializado, ya que los
contenidos se dirigen a todos los espectadores. Dinámico con un lenguaje ágil y
con entonaciones diversas, para no provocar cansancio y distracción.