domingo, 28 de junio de 2015

ESPACIO FÍSICO Y MENTAL EN EL FÚTBOL PERUANO. EL ASUNTO DEL FULBITO

POR HANS - PETER FIRBAS

Todos coincidimos que los primeros años de la vida de un niño son los más importantes para su futuro. Durante su desarrollo físico y mental la alimentación y la educación son primordiales. Entre los 5 y 8 años de edad los nenes entran a una etapa de esponja, en la cual absorben todo lo que pueden. Entrando al fútbol de lleno puedo asegurar que sucede lo mismo.

Comencemos por señalar que el principal problema, aparte de la alimentación y la educación manejadas correctamente, que radica en el escaso espacio con el que cuentan los niños para practicar el fútbol. Planteo la falta de canchas de fútbol reglamentarias y la aglomeración de jugadores que desean estar en ellas. Es donde pasamos al principal mal: el fulbito, que causa deficiencias muchas veces complicadas de solucionar. 

Desde niño, el peruano se contacta con el fútbol de manera clandestina o en espacios inadecuados. En el primero de los casos apunto al fulbito callejero, donde el infante lo practica en las pistas, eludiendo a la policía, a los molestos vecinos y se  acostumbra a ser un sujeto marginado de la sociedad por simplemente jugar fulbito. Entonces aprende a eludir la represión de serenazgo, de la policía, de los vecinos y demás.

¿De dónde aparece esa peculiar característica del pelotero peruano llamada picardía? En mi tesis universitaria, tras producir un documental 'Fulbito Callejero' observé detalles interesantes. Uno de ellos nuestra especial a lo Sotil - Cubillas: jugar en pared. Claro pues, si ellos aprendieron a utilizar las paredes de las casas para darse él mismo un pase y ahora la pared es reemplazado por un compañero de equipo.

La habilidad de jugar en espacios reducidos y hasta eludir automóviles cómo si fuera un contrario más. El fulbito callejero es anti fútbol. No hay corner de arquero, laterales fuera del área, goles valen sólo dentro del área y los populares 'goles vistos', ya que los arcos son simples piedras en el piso. Por eso carecemos de habilidades, como patear desde lejos.

En el caso, en que el niño tiene la oportunidad de comenzar a jugarlo en su colegio lo va a hacer en la mayoría de situaciones en canchas pequeñas. Su cerebro analiza el espacio y se adecua a él. Su físico analiza el espacio y se adecua a él. Crece con un chip equivocado en ambos sentidos.

Recuerdo que apenas tenía seis años y mi primer partido de fútbol en el colegio von Humboldt de Lima lo jugué en una cancha, que en ese momento la miraba como algo inmenso. Y el portero, con semejante arco de largo y alto, pero él y su cerebro y su físico comenzaron a computarizar justamente esas características y medidas. Tan pequeño y corríamos en tanto espacio, pero ese primer contacto es vital.

Hasta ahora las autoridades deportivas de nuestro país carecen de la suficiente inteligencia para darse cuenta de estas cosas. Apuntamos a blancos equivocados, cuando nuestro verdadero objetivo es trabajar con los niños en esos aspectos, que trataremos en los siguientes artículos.