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El primero de los crímenes que contra "la Humanidad" se cometió fue, a nuestro Juicio, la prolongación innecesaria de la guerra. La exigencia de una rendición incondicional fue oficialmente definida en la Conferencia de Casablanca. Según varios autores norteamericanos, biógrafos de Roosevelt, fue el Secretario del Tesoro, Henry Morgenthau, quien se mantuvo, en Casablanca, permanente junto al Presidente para que permaneciera inflexible y no aceptara fórmulas de compromiso de paz negociada, tal como hubiera preferido, posiblemente, Churchill.
En todo caso, fuera o no Morgenthau el instigador, lo esencial es recordar que, como hemos visto al estudiar los "Crímenes contra la Paz", Roosevelt era, virtualmente, un prisionero de su Brain Trust, y era éste quien tomaba las decisiones. Pero lo que no se puede negar a Morgenthau es que fue él el autor del siniestro plan de su nombre. En efecto, por el plan Morgenthau se planeaba convertir Alemania en un "país pastoril", privándole de todos sus recursos.
De este modo, se especifica cínicamente en el Plan Morgenthau "Alemania, en pocos años, se convertirá en un país de unos 40 millones de habitantes, en vez de 90 millones". El Plan Morgenthau, adoptado en la Conferencia de Quebec, es una grandiosa e innegable prueba histórica de que el Alto Mando del Sionismo preparó, a sangre fría, asesinar a una Nación.
Un escritor Judío, William L. Newman, afirmó que "el propósito de este Plan es transformar a Alemania en un país nómada y pastoril, con un mínimo de agricultura". El Plan Morgenthau empezó a ponerse en práctica al día siguiente del Armisticio del 9 de mayo de 1945, y sólo se detuvo al cabo de dos años, por imperativos de la "guerra fría" y por un cambio de política de los Poderes Fácticos.
Pero si el Plan Morgenthau no se llevó íntegramente a la práctica, sí se llevó a la práctica el menos conocido Plan Kauffmann. Theodore Nathan Kauffmann, un sionista de pasaporte norteamericano pero nacido en Alemania publicó en 1941, unos meses antes de que su patria de adopción entrara oficialmente en la guerra, un libro en el que afirmaba que, al final de la contienda, Alemania debería ser completamente desmembrada. La población civil alemana, hombres y mujeres, sería esterilizada, con objeto de asegurar la extinción total de Alemania. Los soldados presos o los desmovilizados, tras ser esterilizados, deberían trabajar como esclavos para los países aliados.
El libro alcanzó una notable difusión en todo el mundo, incluyendo Alemania. Hemos dicho que el Plan Kauffmann se llevó a la práctica, aunque no literalmente. Desde luego Alemania sí fue desmembrada; desde luego millones de soldados alemanes sí trabajaron como esclavos durante muchos años, como más adelante veremos, pero los alemanes no fueron esterilizados... físicamente.
Pero si el Plan Morgenthau no se llevó íntegramente a la práctica, sí se llevó a la práctica el menos conocido Plan Kauffmann. Theodore Nathan Kauffmann, un sionista de pasaporte norteamericano pero nacido en Alemania publicó en 1941, unos meses antes de que su patria de adopción entrara oficialmente en la guerra, un libro en el que afirmaba que, al final de la contienda, Alemania debería ser completamente desmembrada. La población civil alemana, hombres y mujeres, sería esterilizada, con objeto de asegurar la extinción total de Alemania. Los soldados presos o los desmovilizados, tras ser esterilizados, deberían trabajar como esclavos para los países aliados.
El libro alcanzó una notable difusión en todo el mundo, incluyendo Alemania. Hemos dicho que el Plan Kauffmann se llevó a la práctica, aunque no literalmente. Desde luego Alemania sí fue desmembrada; desde luego millones de soldados alemanes sí trabajaron como esclavos durante muchos años, como más adelante veremos, pero los alemanes no fueron esterilizados... físicamente.
Pero sí lo fueron espiritualmente, al menos en una gran parte, hasta el punto de que hoy día Alemania tiene una demografía regresiva; tiene más óbitos que nacimientos. Pero sigamos adelante. Y mencionemos el libro de otro hebreo, Maurice León Dodd en el que el autor proclama que los alemanes que sobrevivan a los bombardeos aéreos deberán ser vendidos como esclavos a las colonias anglosajonas o francesas, o regalados a los rusos. Otro correligionario suyo, Charles G. Haertmann exige el exterminio físico de los alemanes, o "al menos, el 90 por ciento".
Einzig Palil, un sionista de nacionalidad canadiense sostiene una posición similar exigiendo el desmembramiento de Alemania y la total demolición de su industria. Ivor Duncan, sionista inglés, en un divulgadísimo artículo periodístico titulado "La secuela del Pangermanismo" aconsejaba la esterilización de 40 millones de alemanes aquilatando el costo total de esa optación en unos 5 millones de libras esterlinas.
Einzig Palil, un sionista de nacionalidad canadiense sostiene una posición similar exigiendo el desmembramiento de Alemania y la total demolición de su industria. Ivor Duncan, sionista inglés, en un divulgadísimo artículo periodístico titulado "La secuela del Pangermanismo" aconsejaba la esterilización de 40 millones de alemanes aquilatando el costo total de esa optación en unos 5 millones de libras esterlinas.
Todavía otro sionista, Douglas Miller, éste de nacionalidad norteamericana, estimaba que 80 millones de alemanes eran demasiados. Humanitario el hombre, rechazaba los sistemas drásticos, pero preconizaba una regulación de las importaciones y las exportaciones, de manera que unos cuarenta millones de alemanes perecieran de hambre.
Pero el ejemplo más curioso es el libro de otro sionista, éste de Nueva York, Maurice Gomberg "A New World Moral Order for Permanent Peace and Freedom" (Un nuevo orden moral mundial para la paz y la libertad permanente). Este Gomberg era un hombre enteradísimo de los entresijos de la Gran Política Mundial.
Pero el ejemplo más curioso es el libro de otro sionista, éste de Nueva York, Maurice Gomberg "A New World Moral Order for Permanent Peace and Freedom" (Un nuevo orden moral mundial para la paz y la libertad permanente). Este Gomberg era un hombre enteradísimo de los entresijos de la Gran Política Mundial.
En su libro aparece un mapa de lo que será el mundo después de la guerra. En dicho mapa Rusia se ha anexionado media Polonia, los Estados Bálticos, Rutenia Transcarpática, Besarabina, Bukovina, Prusia Oriental, y Carelia Septentrional. También se ha anexionado las Kuriles y el Sur de la isla de Sakhalin, así como Manchuria. China, Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Albania, Yugoeslavia, y Bulgaria aparecen como estados "vasallos" de la URSS.
Alemania está partida en dos trozos. También se hallan divididas Corea, Indochina y Berlín. Este reparto del mundo, como sabemos, coincidiría con el que, cuatro años después, acordarían Roosevelt y Stalin con un Churchill cada vez más "descolgado" en Yalta. Aún hay más cosas en ese mapa "profético". Los imperios ultramarinos inglés, holandés y francés, han desaparecido, pasando como "vasallos", ora a la URSS, ora a los USA... ¡Qué premonición más fantástica!...
¿No parece increíble?... Sobre todo, si tenemos en cuenta que el libro fue escrito antes de Pearl Harbour, es decir, antes de la entrada de los Estados Unidos en la contienda.
Todo esto se sabía en Alemania y, como es natural, endureció aún más la resistencia del país, costando millones de vidas a alemanes y aliados la prolongación innecesaria de la guerra y siendo causa inmediata del hundimiento de los imperios coloniales de los enemigos de Alemania, excluyendo a la URSS y, por unos pocos años, a los USA. Debemos tener muy presente, que la exigencia de una rendición incondicional no tiene precedentes en la Historia Universal.
Morgenthau, además, organizó una "Sociedad para la Prevención de la III Guerra Mundial", en la que se exigía que todas las cláusulas relativas al desmembramiento de Alemania fueran llevadas a la práctica. Los bienes de los alemanes en países beligerantes, e incluso, neutrales, debían ser incautados por los gobiernos aliados. A los hombres de negocios americanos no se les concederían visados para visitar Alemania.
¿No parece increíble?... Sobre todo, si tenemos en cuenta que el libro fue escrito antes de Pearl Harbour, es decir, antes de la entrada de los Estados Unidos en la contienda.
Todo esto se sabía en Alemania y, como es natural, endureció aún más la resistencia del país, costando millones de vidas a alemanes y aliados la prolongación innecesaria de la guerra y siendo causa inmediata del hundimiento de los imperios coloniales de los enemigos de Alemania, excluyendo a la URSS y, por unos pocos años, a los USA. Debemos tener muy presente, que la exigencia de una rendición incondicional no tiene precedentes en la Historia Universal.
Morgenthau, además, organizó una "Sociedad para la Prevención de la III Guerra Mundial", en la que se exigía que todas las cláusulas relativas al desmembramiento de Alemania fueran llevadas a la práctica. Los bienes de los alemanes en países beligerantes, e incluso, neutrales, debían ser incautados por los gobiernos aliados. A los hombres de negocios americanos no se les concederían visados para visitar Alemania.
No se concederían visados a alemanes para emigrar a los Estados Unidos. Sé prohibía el matrimonio de mujeres alemanas con soldados americanos. Las comunicaciones postales con Alemania no debían ser restauradas en dos años. Varias de estas exigencias se cumplirían al pie de la letra; otras no fue posible aplicarlas por su propia demagogia y por el cambio de política que las circunstancias impondrían a partir de 1948.
Con todo, el daño causado a Alemania por esa pacífica sociedad. fue notable. ¿Quiénes eran sus componentes? Pues eran Juliys Goldstein, Isidor Lischutz, Emil Ludwig, Erich Mann, E. Amsel Mowre, Aarón Shipler, Louis Nizer, W.E. Shirer, F.W. Foerster, Guy Emery, Cedrik-Forster y el inevitable Morgenthau. Todos judíos. Será casualidad o lo que se quiera, pero todos esos pacíficos ciudadanos americanos eran judíos.
Quien no era judío, pero sí cripto-comunista, como más tarde quedaría ampliamente demostrado, era Richard B. Scandrette, miembro prominente de la Comisión Americana de Reparaciones, creada bajo los auspicios de Morgenthau. Scandrette en un informe ante el Congreso declaró.
"No debemos tener misericordia para con la población civil, pues es culpable de haber asistido a Hitler hasta el final. Hay que mantener a ese país en un status puramente agrícola y pastoril; todas las industrias deben ser desmanteladas; los soldados alemanes deben servir como trabajadores forzosos en Rusia e Inglaterra. Nadie debe quedar exento de castigo, ni siquiera las Iglesias, que también son culpables en Alemania, especialmente la Católica".