Los alimentos liberan su energía a disposición del organismo, que los procesa. No solo el ritmo de las actividades vitales, laborales, sociales y de expansión depende de la utilización de esta energía, sino también la capacidad para hacer frente a situaciones difíciles y defenderse contra las enfermedades.
La alimentación basada sobre criterios nutricionales no conspira contra la buena mesa. Al contrario, muchos alimentos mejoran en sabor al elevar su valor nutritivo. La dieta, que comprende los alimentos, diariamente consumidos, no debe ser monótona. A diferencia de la dieta común, que varía poco en su composición química, han surgido recientemente regímenes que estipulan cambios periódicos y dan excelentes resultados al estimular nuestro metabolismo.
No debemos sacar conclusiones precipitadas de los regímenes de adelgazamiento rápido, que son tan molestos para muchos, como dañinos a mediano o largo plazo.
Lamentablemente, los patrones tradicionales de alimentación, perdidos frente a las presiones de la vida moderna, han sido reemplazados por modelos improvisados, que amenazan nuestra salud y vida. Sin embargo, podemos seleccionar entre la gran variedad de alimentos disponibles aquellos más adecuados y formar con ellos una alimentación sana, energética en un sentido dinámico y estimulante.
La política alimentaria se define más a nivel familiar que en las esferas gubernamentales. No solo debe responder al hambre, los gustos y caprichos, sino también cubrir las necesidades biológicas y prevenir el deterioro, sufrido por nuestro cuerpo a consecuencia de muchas agresiones, entre las cuales figura la mala alimentación.
Recién cuando los habitantes de un país han asumido una actitud crítica y se han planteado exigencias en el terreno alimentario, habrá una respuesta de los gobiernos, hasta ahora limitados a la tarea de “llenar la barriga” del pueblo y evitar desastres, que motiven reclamos populares o graviten de repente sobre la economía nacional.
El desarrollo de las civilizaciones ha dependido del éxito de esas tareas. En los últimos doscientos años han cambiado bruscamente los hábitos alimentarios, sin dar tiempo aun al hombre a adaptarse a las novedades. Las modernas técnicas agrícolas e industriales han elevado la producción alimentaria y permitido rápidos incrementos poblacionales. La conservación de los granos ha conducido a reservas alimentarias en los países desarrollados, reduciendo la amenaza de hambre en los tiempos de escasez.
Problemas mundiales
El éxito del hombre en asegurar su abastecimiento alimenticio ha permitido su crecimiento poblacional a los niveles actuales más que otros factores, como la lucha contra las enfermedades y epidemias, que asolaron las civilizaciones asiáticas y europeas, sin haber alcanzado niveles similares en América, probablemente por mejores normas sanitarias y un menor hacinamiento en las grandes ciudades, como Cusco y Chan-Chan.
A pesar de los éxitos de la moderna Agronomía en lograr rendimientos muy altos, el creciente aumento de zonas áridas en nuestro planeta y los cambios climáticos y ecológicos, presentan un serio peligro para el abastecimiento de alimentos.
Pero igualmente importante es el deterioro de la salud y calidad de vida del hombre, causado por la mala alimentación, que no respeta los principios naturales, creando desequilibrios interiores en el organismo, reduciendo la vida productiva y acortando la duración del tiempo de vida, a pesar de que la medicina extiende los años de invalidez en muchas personas.
La manipulación publicitaria del hombre ignorante por grandes intereses industriales y el estilo de vida moderno distorsionan muchos patrones ancestrales de alimentación en un nivel mucho más dañino, que lo apreciado de forma común. Basta mencionar en favor de este argumento el hecho de que las principales causas de mortandad en los países industrializados se relacionan directamente con la mala alimentación.
El éxito del hombre en asegurar su abastecimiento alimenticio ha permitido su crecimiento poblacional a los niveles actuales más que otros factores, como la lucha contra las enfermedades y epidemias, que asolaron las civilizaciones asiáticas y europeas, sin haber alcanzado niveles similares en América, probablemente por mejores normas sanitarias y un menor hacinamiento en las grandes ciudades, como Cusco y Chan-Chan.
A pesar de los éxitos de la moderna Agronomía en lograr rendimientos muy altos, el creciente aumento de zonas áridas en nuestro planeta y los cambios climáticos y ecológicos, presentan un serio peligro para el abastecimiento de alimentos.
Pero igualmente importante es el deterioro de la salud y calidad de vida del hombre, causado por la mala alimentación, que no respeta los principios naturales, creando desequilibrios interiores en el organismo, reduciendo la vida productiva y acortando la duración del tiempo de vida, a pesar de que la medicina extiende los años de invalidez en muchas personas.
La manipulación publicitaria del hombre ignorante por grandes intereses industriales y el estilo de vida moderno distorsionan muchos patrones ancestrales de alimentación en un nivel mucho más dañino, que lo apreciado de forma común. Basta mencionar en favor de este argumento el hecho de que las principales causas de mortandad en los países industrializados se relacionan directamente con la mala alimentación.
La aterosclerosis es inducida prematuramente por un exceso de alimentos altamente refinados (como las grasas) y carnes excesivamente gordas, frutos de los modernos sistemas industriales de crianza animal.
Aproximadamente la mitad de los tumores parecen tener causas alimentarias, aunque no todas recientes y la diabetes parece ser una aflicción creada por el desarrollo alimentario industrial, que suministra alimentos artificiales desprovistos de vitaminas y minerales.
Problemas peruanos
En el Perú se aprecia un caleidoscopio de diferentes patrones alimentarios, que permite hacer apropiadas evaluaciones de la incidencia de la alimentación en la vida del hombre.
El grave problema de la dependencia alimentaria, causado por el deficiente auto abastecimiento en casi todos los renglones, se complica por la falta de racionalización de los recursos propios en su explotación y uso y la ausencia de una política educativa moderna.
La mayor parte de la energía alimentaria se obtiene de la importación, que solo en el rubro de los cereales suma millones de toneladas métricas anuales. No hay reservas para hacer frente a situaciones de emergencia, que podrían surgir de improviso, debido a conflictos bélicos, propios o ajenos y porque el país se encuentra altamente vulnerable.
Al no haber una política de fortificación y control eficiente en los alimentos, la creciente industrialización e ignorancia han creado nuevos patrones de consumo, que resultan un serio peligro para la salud y afectan seriamente la capacidad productiva del hombre. Ya en la época de la Colonia el poblador del Perú, contrario a otros conquistados por España, ha demostrado una asombrosa inclinación a abandonar sus antiguas costumbres alimentarias y actualmente se inclina peligrosamente por cualquier novedad.
Algunos de estos aspectos serán ampliados posteriormente, pero es indispensable hacer presente que una falta de tradición de profundas raíces históricas y la adopción parcial de nuevos hábitos y productos alimentarios, mal copiados de otro país, suelen crear problemas de salud, agravados por las presiones de la vida moderna.
Las dificultades de abastecimiento de una población creciente no dejan que el gobierno se dedique a los aspectos de calidad y la industria pasa por alto normas extranjeras necesarias para garantizar la calidad de sus productos con la finalidad de reducir los costos, ahorrar insumos y aumentar su utilidad.
Hans-Peter Firbas
GRUPO FIRBAS
LO QUE NECESITA PARA MORIR PRONTO