Más de cuarenta años en esto y tras decenas de libros y diferentes estudios leídos al respecto, una vez más algunos gobiernos utilizan estrategias de comunicación hartas conocidas, que son usadas por presidentes con características marxistas y con tufos dictatoriales.
Miente, miente, miente, que luego esa mentira se convertirá en verdad. Infunde miedo para que obedezcan. Centraliza las informaciones bajo una sola línea oficial, maltrata a la oposición y cállala y al final, si las cosas no funcionan, échale la culpa al pueblo.
Rodéate de amigotes, decide lo que vas a hacer con dialética y no con ciencia y finalmente cierra la democracia, decide sólo y dile a tus ciudadanos que tú eres el salvador, dueño de la verdad y que las otras afirmaciones no sirven. Pondría un sin número de ejemplos de los gobernantes más sanguinarios de la historia que siguieron estas premisas y que ahora algunos en Latinoamérica lo vienen efectuando sin pena ni gloria, gracias al virus.
Ayer, la Organización de las Naciones Unidas, como organismo 'diplomático' no mencionó a los países, pero al que le caiga el guante, que se lo chante. Esto señaló el Secretario general de la ONU Antonio Guterres:
1.- El problema no son las personas, sino el virus.
2.- Es inaceptable que los países aprovechen la emergencia provocada por la pandemia del coronavirus para erosionar los derechos humanos.
3.- En un contexto de etno-nacionalismo creciente, populismo, autoritarismo y arremetida contra los derechos humanos en algunos países, la crisis puede crear un pretexto para adoptar medidas represivas con objetivos, sin relación con la pandemia.
4.- Líderes autoritarios están usando la crisis para arremeter contra derechos humanos (ndr: la libertad al trabajo, a la circulación, a determinar tus propias decisiones, a la libertad de expresión, entre otras).
5.- Para bien o para mal es crucial considerar el largo plazo, mientras planean las respuestas de corto tiempo.
El miedo, como condición humana, se manifiesta como zozobra y lleva al descontrol emocional que generalmente tiende a conducir a la sumisión de las razones o presiones de quien lo provoca.
El psicólogo alemán Erich Fromm -soy su gran admirador, sobre todo en su teoría sobre el instinto de muerte- advertía que los sistemas autoritarios se valen del miedo para impedir la libertad de los individuos y son ellos los que le indican cómo pensar y qué tipo de decisiones se deben tomar.
Desde Aristóteles, pasando por Hobbes, Montesquieu y Tocqueville, por citar a los clásicos, entendieron que el miedo puede ser esencial para moldear criterios económicos, sociales y políticos.
Aunque quien mejor lo entendió y lo hizo valer fue Goebbels, el ministro de comunicación de Hitler quien estableció los mejores ejemplos de la “propaganda negra”.
Decía que se debería emplear cuando las razones del enemigo (el virus) sobre la sociedad impiden alcanzar los objetivos deseados por la vía del convencimiento o la credibilidad de las acciones.
Para esos casos, hay que promover materiales que generen inseguridad y terror entre las audiencias como el rumor, las mentiras o los chismes, ofrezca versiones falsas y si alguien lo confronta, desestímelo y repita esas mentiras tantas veces hasta que se convierta en una versión memorable.
Dada la naturaleza de consolidación de las sociedades en sistemas organizados que garanticen protección, es que el miedo llegue a ser utilizado por fuerzas como el Estado, los gobiernos, partidos políticos u organismos capaces de ejercer la fuerza para promover desasosiego y convertir a los colectivos en sujetos pasivos, incapaces de cuestionar acciones negativas para preservar la paz y tranquilidad.
El miedo a la libertad, del que hablaba Fromm
Por eso es tan nociva la presencia de campañas informativas basadas en la cultura del miedo, porque lejos de afectar a cualquiera de los enemigos en lo que debería ser una comunicación abierta, libre y competitiva, muestran el interés por alcanzar poder para imponer -no por la vía de la democracia.
Dicho de otra manera, lo que esos grupos buscan es aplicar una "Democra-tadura", como denominó el escritor Eduardo Galeano al laberinto de falsa democracia y terror totalitario, que se puede erradicar definitivamente, porque es una de las formas sofisticadas para quebrantar la seguridad, la certidumbre y nuestros derechos humanos.
Luego de leer las recomendaciones de la ONU a los gobiernos, le faltó el dardo y apuntar con nombre propio a quiénes se refería. Pero simplemente, la diplomacia se lo impide. Como no soy diplomático lo digo yo: es momento que el gobierno sea intervenido por el congreso de la república y se declare la incapacidad moral del Presidente para seguir en el cargo y /o que se interpele al consejo de ministros, quienes por negligencia o corrupción están destruyendo al país y asesinando a personas. A este ritmo la acusación puede llevar a números que permitan una acusación de genocidio. ¡Basta ya de mentiras, de ignorancia y de estupidez!
La propaganda negra nazi, como la comunista, daba más importancia a la eficacia del mensaje que a la verdad, y propagaba mentiras a través de canales indirectos para que, cuando el adversario lo descubriera, se pudiera negar con facilidad.

