Desde entonces el pueblo alemán ha tenido el respaldo de una ley que antepone, sobre todas las cosas, la libertad. Las libertades de circulación, de reunión, de religión, de trabajar y muchas otras más. Sin embargo, una vez más, siendo cautelosos y programados para un futuro seguro, en el año de 1968 se modificó la Ley Fundamental para poder restringir los derechos básicos en caso de emergencia "para combatir el peligro de epidemias". Una ley que generó mucha resistencia en su tiempo.
La manifestaciones en contra de las restricciones a la libre circulación fueron violentas. El 11 de mayo de ese año 50.000 personas protestaron en el inmenso campus de la de Universidad de Bonn. Ese día volaron piedras y hubo varios heridos, entre policías y civiles.
La aprobación de la "Ley de Emergencia" fue muy controvertida en su momento y provocó numerosas protestas en contra, ya que a muchos alemanes les recordó a la Ley habilitante de 1933, que permitió a los nazis hacerse con el poder absoluto.
Con estos antecedentes, cuando la Canciller Angela Merkel dictó mínimas medidas para restringir la libertad tan apreciada por su pueblo, apeló sabiamente a la inteligencia y a la comprensión de sus compatriotas 'para sugerir y aconsejar' antes que ordenar. Además de amantes de las libertades son también muy estrictos acerca de la verdad.
La verdad es otra de las condiciones en la que los germanos son tan exigentes. Debido a este dúo libertad - verdad es que Merkel tomó el camino que su pueblo eligió a través de la Ley Fundamental y condujo sus exigencias a las básicas. Si más adelante requiere medidas extremas, será el Bundestag -parlamento- el que tomará decisiones enmarcadas dentro de la democracia.
A lo largo de 75 años, Alemania ha mejorado en muchos aspectos. Generación tras generación han crecido en libertad, en prosperidad y seguridad. Todo esto parece estar en peligro ahora mismo, aunque sea por unas semanas o meses. Pero como siempre, anteponiendo el bien común al bien individual, respetando al prójimo más que a sí mismo, esta nación acaba de acoger a un grupo de 50 niños sirios que la estaban pasando muy mal en Grecia. Se abrieron las puertas nuevamente a extranjeros en problemas. La historia, al final de cuentas, aunque tarde, terminará reconociendo las verdades que se han ocultado durante un siglo sobre la cara del pueblo alemán.
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