A diferencia de las grandes campañas y propagandas de hoy en día, en esos lejanos tiempos, las cosas se manejaban diferente. No era el interés por una buena pauta publicitaria del gobierno, sino era el miedo que no te dejaba ser libre y menos ser opositor.
Informar con la verdad en ese año era retar al poder y pagar las consecuencias de una feroz persecución por parte del hombre del presidente (su secretario personal) y del Ministro del Interior, quienes utilizaban a integrantes de 'Seguridad del Estado' para llevarte directamente al calabozo sin previo mandato judicial por el sólo hecho de transmitir un acontecimiento que dañaba al Ejecutivo. Paralelamente las amenazas a la empresa privada de no invertir en los medios opositores les hacían muy difícil sobrevivir económicamente.
Si alguna empresa patrocinaba al medio que estaba en desacuerdo con los de turno, automáticamente mecanismos estatales, como la SUNAT o ilegales como comandos armados de la Logia de los 'Búfalos Mojados' -no el de los dibujos Los Picapiedra- se encargaban personalmente de ti y del medio de comunicación que representabas.
No se hablaba de dos muertos en semanas, sino de decenas de muertos cada día. Manifestantes, policías, periodistas, civiles despistados, niños, mujeres. Recuerdo con claridad que ya en 1983 era corresponsal de Radio Educación de México y director de La Rotativa del Aire de las ediciones de las seis de la tarde y cinco de la mañana del día siguiente.
Cómo olvidar cada despacho. No había descanso. No habían 24 horas sin que más de cinco o seis policías murieran asesinados cada 24 horas. Los bajos salarios, la diferencia abismal entre la guerrilla y el terrorismo con la Guardia Civil de ese entonces en preparación y en calidad de armamentos hacían que la lucha entre el bien y el mal fuera muy dispareja. Por otra parte, la corrupción dentro del APRA y el marcado desinterés por defender la ley y la seguridad era el camino elegido por un grupo de delincuentes nefastos.
El Diario La República de uno de los más grandes periodistas peruanos Gustavo Mohme, el Semanario Sí de César Hildebrandt, el Diario Nacional bajo el mando de José Olaya y Radio Cadena bajo mi dirección y de propiedad de Javier Diez Canseco, su hermano Miguel y Julio Schiappa-Pietra eran los únicos canales opositores. Ese mes de mayo dirigía Radio Cadena Informativa. A pesar de mi posición dentro del organigrama de la emisora radial, salí presto hacia el cuartel en la Avenida Alfonso Ugarte, donde Celso Pastrana y sus colegas se habían apertrechado en la 42 Comandancia de la Guardia Civil.
Pese a que muchos niegan la existencia de la huelga policial de 1987, existe el comunicado emitido por Palacio de Gobierno el mismo 15 de mayo de 1987 donde en su primer punto indica que:
“en la mañana de hoy un centenar de efectivos de la 42 Comandancia de la Guardia Civil, ubicada en las avenidas Alfonso Ugarte y Bolivia se negó a cumplir con su servicio en la 66 Comandancia GC ubicada en la Plaza Italia, se produjeron algunos incidentes de menor importancia. En el resto de las unidades policiales de Lima y del país, la situación es normal”.
Me abría paso entre los manifestantes, muchos de ellos infiltrados de SL y del MRTA. Era un bombardeo en esa zona que causó más de cien muertos extraoficialmente. Nunca se supo cuántos fueron. Seguía esquivando balas, bombas molotov, armas blancas, piedras y nada que ver con balas de goma o armas persuasivas.
Con la ayuda de algunos efectivos de la policía, quienes al ver mi credencial y mi nombre me reconocieron y me jalaron hasta la puerta de la comandancia en mención. Uno de ellos tocó la puerta y señaló: "es Hans Firbas, de Radio Cadena". Se abrió la puerta, ingresé y me hicieron subir a un estrado, en el cual acompañado por algunos congresistas, como Fransisco Diez-Canseco Távara, Rolando Ames Cobian, Fernando Olivera Vega y Yehude Simon, estuvimos en la boca del lobo.
"Es Firbas, que pase. Gracias señor Firbas, adelante." Sentía las palmadas de muchos policías y algunos abrazos. Fui uno de los pocos periodistas que tuvo acceso a ese lugar, por el simple hecho no sólo de haberme presentado al lugar de la batalla, nada comparable a las de hoy en día, sino porque era la cabeza de un medio importante. "Tú y un par más son los únicos en este país que nos defiende y Radio Cadena siempre dice la verdad."
Al día siguiente mi sorpresa fue mayúscula, ya que siendo una persona de marcada ideología de derecha (que nunca les importó a los dueños de Radio Cadena, uno de ellos Javier Diez Canseco), aparecí nada menos que en la portada del Diario Marka, vocero periodístico de Sendero Luminoso.
En esos meses, el MRTA ingresó tres veces a Radio Cadena y tomó la emisora con armas de largo alcance. Encerraron a todo el personas en el baño para emitir al aire sus mensajes sediciosos. Luego me llamaban por teléfono para pedirme disculpas por el delito, mientras Sendero Luminoso de vez en cuando se contactaba conmigo para decirme: "sabemos que eres hijo del Doctor Johann Firbas (en ese entonces catedrático de la Universidad San Luis Gonzaga de Ica, que era una de las trincheras más fuertes del movimiento terrorista de Abimael Guzmán). Te escuchamos y eres un periodista justo. Anda tranquilo."
A lo que voy. No importa tu posición política, de qué partido político eres o si eres millonario o pobre. Mientras digas la verdad -y eso que fui sumamente crítico contra Sendero Luminoso- y como periodista no estés al servicio de ningún interés ajeno a informar con la verdad. Lo más gracioso del tema, aunque no tiene nada de cómico- era que mi padre no dejaba de desaprobar inclusive a sus líderes.
Un día en la facultad de pesquería en Pisco se me acerca un grupo de ellos y me dicen: "tu padre es honesto, justo. Nosotros lo estamos cuidando, aunque nos jala mucho. Casi siempre se sienta con nosotros a almorzar y lo escuchamos y nos para llamando la atención por lo que hacemos, pero lo dice porque él lo cree. No le interesa en absoluto nada más que la verdad y siempre nos maletea."
Ahora soy sólo un dinosaurio viejo, como algunos de ustedes, que crecimos dentro de una generación muy inteligente y preparada. Ahora esos jóvenes que nos desprecian no piensan que ellos están en La Tierra porque son nuestros descendientes y como tales, son también dinosaurios y más adelante recibirán el mismo trato.
Durante mis 40 años de vida periodística, mis más difíciles momentos los viví no por culpa de delincuentes comunes o terroristas o guerrilleros, sino por los gobernantes de turno en Perú y por los Servicios de Inteligencia y Espionaje de Alemania, Rusia y Estados Unidos. Asilado inclusive en la Embajada de México en 1988 en Lima, cuando difundí el audio de Alan García en su discurso ante la Juventud Aprista Peruana en Huamanga con una alucinante apología al terrorismo o sufriendo espionajes por gobiernos extranjeros y constantes amenazas contra mi persona.
Al borde de los 60 años, desconocido para casi todos en el mundo periodístico por la sencilla razón que me bastarían cinco minutos al aire en un canal masivo para decir la verdad. No opinar, no especular, no manipular y nunca mentir. Equivocarme, siempre. Ahora veo a los jóvenes cómo nos insultan y nos dicen de todo con frases hirientes. Una pena ver a esta generación que no tiene la menor idea a dónde nos está conduciendo.


