Tanto el agua, la arena y el aire costero poseen diversos elementos orgánicos, que en el cuerpo e ingresando a él a través de tu respiración poseen lo necesario para mantenerse fuerte, gracias a tu mecanismo de defensa. La natación es indispensable para complementar esta estrategia sanitaria.
En Perú, varios grupos de personas se han unido para formar equipos de nadadores en mar abierto. Entre ellos, el peruano Antonio Orjeda, conocido como el aquamán peruano, experto profesional, asesora a nuevos y viejos deportistas de esta disciplina. “La natación es perfecta para que manejes con inteligencia esta pandemia. Estamos trabajando una serie de eventos para que la mayor cantidad de compatriotas permanezcan sanos, señaló." Lo puede ubicar en el teléfono 923979117.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España emitió un informe en el que analiza cuáles son las probabilidades de infección de la COVID-19 en el mar. "El agua de mar tiene sal y se ha comprobado experimentalmente que este elemento desactiva o destruye la COVID-19", afirma Joan Grimalt, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua de dicho país.
"Hay muchísimos organismos que no pueden vivir en un entorno salino. El agua de mar tiene una osmosis, una densidad de iones, que mata muchas de las familias de virus". Lo que sucede en el caso de la COVID-19 es que está compuesto por un núcleo de material genético y una cápside de proteínas que lo envuelve y, al igual que otros coronavirus respiratorios, está recubierto por una envoltura lipídica. Otros virus, como el de la hepatitis A, por ejemplo, carecen de esa envoltura. "Ya va siendo hora de que la humanidad sea adulta y empiece a decidir qué cosas no puede hacer", agregó.
"Sorprendentemente eso les hace aguantar más en agua dulce o en agua de mar que la COVID-19", que muere más rápido, explica Grimalt. "Para infectarse, una persona necesita estar expuesta a un número mínimo de partículas virales", expone Bruce Ribner, director médico de la Unidad de Enfermedades Transmisibles Graves del Hospital de la Universidad Emory, en Estados Unidos. "Cualquier secreción que vaya al agua, como por un estornudo o tos, se diluirá rápidamente", dice.
Hay tres factores que contribuyen a que la transmisión del nuevo coronavirus en la arena sea difícil: el sol, la salinidad y la rugosidad de la superficie. La luz ultravioleta del sol destruye al virus en la arena. Pero también tenemos que tener en cuenta que la arena tiene altas concentraciones de sal del mar que la baña. A la reacción ante la sal de mar hay que añadir el "efecto dilución". Es decir, el virus se disemina en el agua y esto rebaja su poder de infección.
La natación en aguas abiertas es el último gran descubrimiento de los amantes de la inmunoterapia. Son cada vez más las personas que se sienten atraídas por esta disciplina. El incremento de practicantes se ha hecho notar después de las semanas de confinamiento tanto a nivel individual y lúdico como en su ámbito competitivo. Precisamente fue durante el encierro obligado por la pandemia cuando, en sus etapas de desescalada se observó que, junto al surf, la natación en el mar ganaba adeptos.
Los puntos fuertes esgrimidos por los deportistas eran que se trata una actividad individual que se puede realizar en solitario o en pelotón, pero siempre con total seguridad en cuanto a la distancia social, al aire libre y sin riesgos de contagio, además de los innumerables beneficios físicos y psíquicos que proporciona.
En el mar, el deportista se encuentra en plena naturaleza y forma una unidad con el medio marino, relaja su mente y se concentra en su respiración, aflojando la musculatura y priorizando la coordinación motora, lo que beneficia a todo el sistema cardiorrespiratorio y a la estimulación de las grandes cadenas musculares.
El biotipo masculino, en 1.500 metros, por ejemplo, suele ser de nadadores grandes y espigados, con extremidades largas y muy finos. En las mujeres es algo más pequeño y presentan mayor masa muscular en proporción a los hombres, según apunta el director técnico del Club Natación Liceo La Paz de A Coruña, Jesús de la Fuente.
La intensidad del esfuerzo conlleva efectos como la pérdida de peso. Un nadador, en una distancia de 10 kilómetros puede perder dos kilos y alcanzar un consumo de 3.000 calorías. Por esta razón, hidratarse antes de la práctica de la natación en aguas abiertas es fundamental, al igual que la ingesta de carbohidratos de consumo rápido.
Debido a la pandemia de la COVID-19 y al empezar directamente en el mar, sin pasar por la piscina, Jesús de la Fuente, recomienda nadar 1.500 o 2.000 metros, si nuestra condición física nos lo permite, dos o tres días por semana a ritmo cómodo, aunque 500 metros para empezar también son válidos. “Si queremos combinar también el trabajo más anaeróbico, debemos ir a series de 100 o 200 metros. Por ejemplo, 10x200 o bien 20x100, con descansos entre series de un minuto, inicialmente”, añade.
El director técnico del Club Natación Liceo La Paz de A Coruña, Jesús de la Fuente, se ha convertido en un auténtico referente en la preparación de deportistas de alto nivel especializados en la natación en aguas abiertas, avalado por los éxitos conseguidos en los últimos años.
“La preparación física debe realizarse con mucha planificación y constancia, además de paciencia, en la progresión del rendimiento deportivo. Debemos trabajar los aspectos técnicos como la orientación, el ritmo respiratorio, la relajación y el peso del agua para una óptima propulsión”, recomienda el entrenador, que apunta al trabajo mental: “elimina la ansiedad de sentirte aislado en el mar y cualquier amenaza del medio marino, disfruta y relájate”.
En Perú, varios grupos de personas se han unido para formar equipos de nadadores en mar abierto. Entre ellos, el peruano Antonio Orjeda, conocido como el aquamán peruano, experto profesional, asesora a nuevos y viejos deportistas de esta disciplina. “La natación es perfecta para que manejes con inteligencia esta pandemia. Estamos trabajando una serie de eventos para que la mayor cantidad de compatriotas permanezcan sanos, señaló." Lo puede ubicar en el teléfono 923979117.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España emitió un informe en el que analiza cuáles son las probabilidades de infección de la COVID-19 en el mar. "El agua de mar tiene sal y se ha comprobado experimentalmente que este elemento desactiva o destruye la COVID-19", afirma Joan Grimalt, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua de dicho país.
"Hay muchísimos organismos que no pueden vivir en un entorno salino. El agua de mar tiene una osmosis, una densidad de iones, que mata muchas de las familias de virus". Lo que sucede en el caso de la COVID-19 es que está compuesto por un núcleo de material genético y una cápside de proteínas que lo envuelve y, al igual que otros coronavirus respiratorios, está recubierto por una envoltura lipídica. Otros virus, como el de la hepatitis A, por ejemplo, carecen de esa envoltura. "Ya va siendo hora de que la humanidad sea adulta y empiece a decidir qué cosas no puede hacer", agregó.
"Sorprendentemente eso les hace aguantar más en agua dulce o en agua de mar que la COVID-19", que muere más rápido, explica Grimalt. "Para infectarse, una persona necesita estar expuesta a un número mínimo de partículas virales", expone Bruce Ribner, director médico de la Unidad de Enfermedades Transmisibles Graves del Hospital de la Universidad Emory, en Estados Unidos. "Cualquier secreción que vaya al agua, como por un estornudo o tos, se diluirá rápidamente", dice.
Hay tres factores que contribuyen a que la transmisión del nuevo coronavirus en la arena sea difícil: el sol, la salinidad y la rugosidad de la superficie. La luz ultravioleta del sol destruye al virus en la arena. Pero también tenemos que tener en cuenta que la arena tiene altas concentraciones de sal del mar que la baña. A la reacción ante la sal de mar hay que añadir el "efecto dilución". Es decir, el virus se disemina en el agua y esto rebaja su poder de infección.
La natación en aguas abiertas es el último gran descubrimiento de los amantes de la inmunoterapia. Son cada vez más las personas que se sienten atraídas por esta disciplina. El incremento de practicantes se ha hecho notar después de las semanas de confinamiento tanto a nivel individual y lúdico como en su ámbito competitivo. Precisamente fue durante el encierro obligado por la pandemia cuando, en sus etapas de desescalada se observó que, junto al surf, la natación en el mar ganaba adeptos.
Los puntos fuertes esgrimidos por los deportistas eran que se trata una actividad individual que se puede realizar en solitario o en pelotón, pero siempre con total seguridad en cuanto a la distancia social, al aire libre y sin riesgos de contagio, además de los innumerables beneficios físicos y psíquicos que proporciona.
En el mar, el deportista se encuentra en plena naturaleza y forma una unidad con el medio marino, relaja su mente y se concentra en su respiración, aflojando la musculatura y priorizando la coordinación motora, lo que beneficia a todo el sistema cardiorrespiratorio y a la estimulación de las grandes cadenas musculares.
El biotipo masculino, en 1.500 metros, por ejemplo, suele ser de nadadores grandes y espigados, con extremidades largas y muy finos. En las mujeres es algo más pequeño y presentan mayor masa muscular en proporción a los hombres, según apunta el director técnico del Club Natación Liceo La Paz de A Coruña, Jesús de la Fuente.
La intensidad del esfuerzo conlleva efectos como la pérdida de peso. Un nadador, en una distancia de 10 kilómetros puede perder dos kilos y alcanzar un consumo de 3.000 calorías. Por esta razón, hidratarse antes de la práctica de la natación en aguas abiertas es fundamental, al igual que la ingesta de carbohidratos de consumo rápido.
Debido a la pandemia de la COVID-19 y al empezar directamente en el mar, sin pasar por la piscina, Jesús de la Fuente, recomienda nadar 1.500 o 2.000 metros, si nuestra condición física nos lo permite, dos o tres días por semana a ritmo cómodo, aunque 500 metros para empezar también son válidos. “Si queremos combinar también el trabajo más anaeróbico, debemos ir a series de 100 o 200 metros. Por ejemplo, 10x200 o bien 20x100, con descansos entre series de un minuto, inicialmente”, añade.
El director técnico del Club Natación Liceo La Paz de A Coruña, Jesús de la Fuente, se ha convertido en un auténtico referente en la preparación de deportistas de alto nivel especializados en la natación en aguas abiertas, avalado por los éxitos conseguidos en los últimos años.
“La preparación física debe realizarse con mucha planificación y constancia, además de paciencia, en la progresión del rendimiento deportivo. Debemos trabajar los aspectos técnicos como la orientación, el ritmo respiratorio, la relajación y el peso del agua para una óptima propulsión”, recomienda el entrenador, que apunta al trabajo mental: “elimina la ansiedad de sentirte aislado en el mar y cualquier amenaza del medio marino, disfruta y relájate”.
Antonio Orjeda repitiendo la Ruta Olaya entre Chorrillos y la Punta. 21 kilómetros.
