Quizás a algunos no les suenen estas siglas, pero pertenecen a un misterioso proyecto de la Fuerza Aérea norteamericana cuyas siglas HAARP, High Frequency Advanced Auroral Research Project, traducidas al español sería, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia. En unas instalaciones militares situadas en Gakona, Alaska, se está desarrollando un misterioso proyecto el cual consiste en 180 antenas que funcionando en conjunto será como una sola antena que emitirá 1 GW =1.000.000.000 W, es decir un billón de ondas de radio de alta frecuencia las cuales penetran en la atmósfera inferior e interactúan con la corriente de los elecrojets aureales.
En este sentido debemos reseñar que la tierra se encuentra envuelta y protegida por la atmósfera. La troposfera se extiende desde la superficie terrestre hasta unos 16 km de altura. La estratosfera, con su capa de ozono, se sitúa entre los 16 y 48 km de altura. Mas allá de los 48 km tenemos la ionosfera que llega hasta los 350 km de altura. Los cinturones de Van Allen se sitúan a distancias superiores y tienden a captar las partículas energéticas que tratan de irrumpir en la tierra desde el espacio exterior.
Los pulsos emitidos artificialmente estimulan a la ionosfera creando ondas que pueden recorrer grandes distancias a través de la atmósfera inferior y penetran dentro de la tierra para encontrar depósitos de mísiles, túneles subterráneos, o comunicarse con submarinos sumergidos, entre muchas otras aplicaciones.
¿Qué es el Electrojet?. Hay una electricidad flotando sobre la Tierra llamada electrojet aureal, al depositar energía en ella se cambia el medio, cambiando la corriente y generando ondas LF (Low Frecuency) y VLF (Very Low Frecuency). HAARP tiene la intención de acercar el electrojet a la Tierra con el objetivo de aprovecharlo en una gran estación generadora.
HAARP enviará haces de radiofrecuencia dentro de la ionosfera, los electrojet afectan al clima global, algunas veces durante una tormenta eléctrica llegan a tocar la Tierra, afectando a las comunicaciones por cables telefónicos y eléctricos, la interrupción de suministros eléctricos e incluso alteraciones en el estado del ser humano.
El HAARP actuaría como un gran calentador ionosférico, el más potente del mundo. En este sentido podría tratarse de la más sofisticada arma geofísica construida por el hombre. Hasta aquí hemos descrito la parte "oficial" de la cuestión, pero ¿por qué hay quien cree que detrás de HAARP se oculta algo más?, ¿extraños experimentos de modificación del clima, de control de la mente y de producir incluso terremotos?
Ciertamente algo de base científica asoma en todo este asunto, HAARP con sus cientos de millones de vatios de potencia y antenas se puede considerar como un verdadero "calefactor" de la alta atmósfera, provocando una tremenda ionización que puede acarrear consecuencias imprevisibles, y que gracias a su efecto "espejo" podría dirigir sus efectos hacia cualquier zona del planeta. Estaríamos hablando de un nuevo tipo de arma, capaz de intensificar tormentas, prolongar sequías, sobre territorio de un supuesto enemigo, y perjudicándolo sin que este se diera cuenta.
El proyecto es tan controvertido como peligroso. Sus defensores aducen un sinfín de ventajas de carácter científico, geofísico y militar, pero sus detractores están convencidos de que podrían tener consecuencias catastróficas para nuestro planeta, desde arriesgadas modificaciones en la ionosfera, hasta la manipulación de la mente humana.
El científico Nick Begich junto a la periodista Jeanne Manning realizaron una profunda investigación sobre el tema fruto del cual vio la luz el libro "Angels don´t play this harp" (Los ángeles no tocan esta arpa), en el que ambos autores plantean inquietantes hipótesis, una de ellas es que de ponerse en marcha dicho proyecto podría tener peores consecuencias que las pruebas nucleares. De acuerdo con la Dra. Rosalie Bertell, HAARP forma parte de un sistema integrado de armamentos, que tiene consecuencias ecológicas potencialmente devastadoras.
"Se relaciona con cincuenta años de programas intensos y crecientemente destructivos para comprender y controlar la atmósfera superior. Sería precipitado no asociar HAARP con la construcción del laboratorio espacial que está siendo planeado separadamente por los Estados Unidos. HAARP es parte integral de una larga historia de investigación y desarrollo espacial de naturaleza militar deliberada. Las implicaciones militares de la combinación de estos proyectos son alarmantes. La capacidad de la combinación HAARP/Spacelab/cohete espacial de producir cantidades muy grandes de energía, comparable a una bomba atómica, en cualquier parte de la tierra por medio de haces de láser y partículas, es aterradora. El proyecto será probablemente "vendido" al público como un escudo espacial contra la entrada de armas al territorio nacional o, para los más ingenuos, como un sistema para reparar la capa de ozono".
Fuera de la manipulación climática, HAARP tiene una serie de otros usos relacionados: HAARP podría contribuir a cambiar el clima bombardeando intensivamente la atmósfera con rayos de alta frecuencia. Convirtiendo las ondas de baja frecuencia en alta intensidad podría también afectar a los cerebros humanos, y no se puede excluir que tenga efectos tectónicos.
Por si fuera poco, a la posible manipulación de las mentes humanas y las modificaciones en la ionosfera habría que sumar nuevos efectos negativos. El propio creador del calentador ionosférico del proyecto HAARP, Bernard Eastlund, asegura que su invento podría, también, controlar el clima. Una afirmación que ha llevado a Begich a concluir que si el HAARP operase al cien por cien podría crear anomalías climatológicas sobre ambos hemisferios terrestres, siguiendo la teoría de la resonancia tan empleada por el genial Nikola Tesla en sus inventos.
Un cambio climatológico en un hemisferio desencadenaría otro cambio en el otro hemisferio. Una posibilidad que no se debe descartar, sobre todo a tenor de las opiniones de científicos de le Universidad de Stanford, que aseguran que el clima mundial podría ser controlado mediante la transmisión de señales de radio relativamente pequeñas, a los cinturones de Van Allen. Por resonancia, pequeñas señales activadoras pueden controlar energías enormes.
La evidencia científica reciente sugiere que el HAARP está en funcionamiento y que tiene la capacidad potencial de desencadenar inundaciones, sequías, huracanes y terremotos. Desde un punto de vista militar, HAARP es un arma de destrucción masiva. Potencialmente, constituye un instrumento de conquista capaz de desestabilizar selectivamente los sistemas agrícolas y ecológicos de regiones enteras.
Se ha sugerido en diversos trabajos científicos que los vientos de la alta atmósfera (sobre los 50 km de altura) juegan un papel importante en el chorro, que a su vez controla las estructuras de tiempo en superficie. Otros autores han estudiado el “auroreal electrojet”, y han encontrado que existe una relación muy estrecha con los vientos a 80 km de altura. Por lo tanto, los sistemas electrojet – vientos troposféricos están, aparentemente, correlacionados.
Uno de los objetivos del HAARP es modular las corrientes del electrojet y así afectar a la intensidad y dirección de os vientos zonales y del chorro. Por otra parte, el poder “calentar” ciertas zonas hostiles del globo podría generar las condiciones meteorológicas para producir sequías.
El proyecto HAARP parte de la idea originaria de Tesla: poder transmitir potentes ondas electromagnéticas que se puedan reflejarse en la ionosfera y así alcanzar grandes distancias.
¿Es posible modificar el clima para provocar efectos caóticos? Suena a ciencia ficción, pero hay quienes defienden que sí. De hecho, la máquina capaz de lograrlo existe. Se trata de HAARP (Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia), un polémico proyecto que, cada cierto tiempo, vuelve a convertirse en tendencia por los intermitentes enfrentamientos entre Irán y Estados Unidos.
“Saltó del papel a la realidad en los años 80 y, desde entonces, numerosas personas aseguran que se trata de un arma de guerra suficiente para provocar distintos desastres naturales”, subraya Pablo López, ingeniero energético. ¿Qué hay de verdad en ello? Su propósito inicial era sencillo: examinar los procesos que ocurren en la ionosfera bajo la influencia solar para mejorar las comunicaciones submarinas, realizar controles cartográficos de zonas remotas o localizar estructuras de complejos subterráneos.
Para ello, se tomó de base un análisis similar llamado ROTHR (Radar Relocalizable sobre el Horizonte). Éste tenía como meta detectar movimientos más allá del horizonte ya que, debido a la curvatura del planeta, los aparatos convencionales no podían hallar puntos que se escondiesen tras este límite. Así, utilizaban esta termosfera como un espejo que reflejase impulsos electromagnéticos que, de otra forma, nunca alcanzarían el otro lado. Este experimento se destinó, sobre todo, a identificar misiles y aviones durante la Guerra Fría. ¿Por qué esta capa de la atmósfera?
Sencillamente porque, gracias a su permanente fotoionización, pueden enviarse señales de radio al cielo para que éstas reboten y puedan viajar largas distancias por el globo terráqueo. Eso es lo que explica, por ejemplo, que podamos hablar con alguien que se encuentra a 7.000 kilómetros de distancia. En el caso de HAARP, el objetivo es muy parecido: mandar enormes cantidades de energía para distorsionar el alto cielo y así poder desviar aviones, provocar lluvias radioactivas, condicionar las transmisiones, aumentar las concentraciones de ozono… incluso, existen voces que apuntan a la posibilidad de manipular el cerebro humano.
El medio para conseguirlo son 180 antenas situadas en Gakona (Alaska), que funcionan como un solo proyectil capaz de emitir mil millones de ondas de radio de alta frecuencia al mencionado estrato. Una vez dentro, interactúan con los llamados electrojets aureales, un conjunto de componentes que generan electricidad y flotan sobre La Tierra. De tal modo que, cuando se deposita dicha potencia sobre ellos, se puede modificar el medio, la corriente y los vientos que se localizan en los mismos. Este es el motivo por el que, durante una tormenta, se cortan los suministros eléctricos o se alteran las conexiones telefónicas. Ahora bien, de ahí a que se pueda modificar el tiempo hay un trecho. Esta es la versión oficial del ensayo liderado por La Marina y las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos. No obstante, hay quienes defienden que detrás de él se esconden otros intereses.
