Nota del redactor: navegando por Internet siempre me encuentro algo nuevo sobre el tema en el cual tanto insisto por tratarse de un genocidio y masacre masiva a ciudadanos civiles por ser simplemente alemanes. Llevo meses de meses buscando vídeos, artículos y fotos de este lamentable hecho histórico muy poco conocido y difundido con dos culpables jamás enjuiciados: Edvard Benes, presidente checo y Stalin, mandatario soviético. A mí no me lo cuentan. Mi familia estuvo entre ellos y sé la verdad. Hans-Peter Firbas
Vamos a algunos datos y cifras gracias a losdiariosdewinston@blogspot.pe
Aún a día de hoy es difícil establecer cifras fiables, pero creo que los siguientes datos pueden ser orientativos de la magnitud de lo ocurrido. Insisto son cifras orientativas y en mi opinión deberían ser revisadas a la baja. Aun así las cifras exactas, de conocerse, no creo que reflejaran grandes variaciones:
8.500.000 residentes en el Este de Alemania.
3.500.000 en los Sudetes.
250.000 en los Estados Bálticos y el distrito de Memel.
380.000 en Dantzig.
1.300.000 en la región de Posen.
623.000 en Hungría.
537.000 en Yugoslavia.
786.000 en Rumanía.
150.000 en Bulgaria.
Los supervivientes tuvieron que soportar un sinfín de sufrimientos, que se añadían a la pérdida de su tierra natal y casi todos sus bienes. Al tener que enfrentarse a las peores condiciones imaginables hambre, frío y maltrato durante el recorrido de larguísimas distancias, a veces a pie, antes de poder instalarse en algún lugar que los aceptara.
Dentro de las expulsiones podemos diferenciar tres fases, según una clasificación hecha por P. Ther:
Primera fase (finales de 1944 - primavera de 1945)
En un primer momento se pusieron en marcha medidas de evacuación tomadas por las autoridades alemanas. Se trató del traspaso de los alemanes étnicos habitantes de los Países Bálticos, Volhynia y Besarabia que decidieron adoptar la ciudadanía alemana y se trasladaron antes de que sus territorios cayeran en manos soviéticas.
En octubre de 1944 el avance de las tropas del ejército soviético alcanza las regiones alemanas de Prusia oriental, tomado las primeras poblaciones pero en dos semanas tuvieron que retroceder. Es entonces cuando las tropas alemanas descubren lo que se conoció a partir de entonces como la Masacre de Nemmersdorf.
En esta pequeña localidad alemana las fuerzas soviéticas dejaron claro a la aterrorizada población germana que se enfrentaban a una guerra étnica. La escena es dantesca, tal y como recoge un documental alemán de la época:
"En la granja había un carro, al que más mujeres desnudas fueron clavadas atravesando sus manos en una posición cruciforme... Cerca de una posada grande, el "Roter Krug", había un granero: en cada una de sus dos puertas había una mujer desnuda con las manos clavadas, en una posición cruciforme.... En las viviendas se encontró un total de 72 mujeres y niños junto a un hombre de 74 edad, todos los muertos.... Algunos bebés tenían sus cabezas golpeadas."
Solo era una muestra, pero confirmaba los peores temores de la población civil. El pánico se apoderó de los habitantes de Prusia que empezaron a ser evacuados por todos los medios posibles. Muchos pudieron ser evacuados por vía marítima. Entre 2 y 3 millones de personas fueron evacuadas por la Kriegsmarine y la Marina Mercante alemana. Pero no fue una operación fácil, porque además de su carácter masivo, los soviéticos interfirieron cuanto pudieron para dañar lo más posible (Para más información ver El hundimiento del Wilhelm Gustloff).
No obstante al grueso de la población no le dio tiempo a escapar y las hordas del este cayeron sobre ellos en Prusia, Polonia, Checoslovaquia etc. Es entonces cuando empezó la parte más brutal de las expulsiones masivas y las carnicerías.
Segunda fase (marzo - julio de 1945). El llamado exilio salvaje.
La política de limpieza étnica que tuvo comienzo desde el primer momento recibió un respaldo inestimable en la conferencia de Yalta, celebrada el 11 de febrero de 1945 entre Stalin, Churchill y Roosevelt como jefes de gobierno de la URSS, Reino Unido y Estados Unidos.
Los acuerdos de Yalta fueron polémicos incluso antes del encuentro final en Posdam. Tras la muerte de Roosevelt, Churchill y él fueron acusados de no haber aceptado un control internacional sobre los países liberados por la URSS. Más aún, ningún otro gobierno fue consultado o le fueron notificadas las decisiones tomadas allí.
De esta forma los tres grandes se repartían el mundo a placer, dejando las manos libres a la URSS para actuar libremente en sus territorios ocupados. La limpieza étnica, que estaba en marcha a una escala nunca antes vista, obtuvo el visto bueno de las potencias occidentales de forma explícita en la conferencia de Potsdam, celebrada entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945, aunque ciertamente no se denominó proceso de limpieza étnica sino reasentamiento, y bajo este eufemismo el genocidio cometido sobre los alemanes étnicos adquiría carta de legalidad internacional, criterio que se mantiene a día de hoy, motivo por el que nadie ha sido nunca acusado ni procesado por estos acontecimientos.
Las expulsiones realizadas por polacos, checos, yugoslavos... fueron brutales y contaron en todo momento con la colaboración activa de los soviéticos y con la cómplice pasividad de los aliados occidentales. Se desalojaban poblaciones enteras y a sus habitantes se les daba un plazo de un par de horas para recoger lo que pudieran portar. Todo cuanto no llevaran consigo (es decir, poco más de lo que cabe en una maleta) lo perderían para siempre. Millones de personas, en su inmensa mayoría ancianos, niños, mujeres y enfermos eran enviados en vagones descubiertos o en interminables marchas a pie, en medio del crudo invierno centroeuropeo, sin comida y sin asistencia sanitaria de ningún tipo.
Pronto los cadáveres de cientos de miles de personas muertas de hambre, de frío, por epidemias y por brutalidades, jalonaron el paso de las columnas y trenes de expulsados.
Bertrand Russell escribía en el Times del 19 de octubre de 1945: “En Europa Oriental se están produciendo ahora deportaciones en masa por parte de nuestros aliados en un intento aparentemente deliberado de exterminar a millones de alemanes”.
Y el 8 de diciembre de ese año, el mismo Russell escribiría en el New Leader: “Se acordó en Postdam que la expulsión sería ‘ordenada y humana’, pero esta previsión no se ha cumplido en absoluto. Por las noticias que tenemos hasta ahora, mujeres y niños son amontonados en trenes, con apenas una maleta, que a menudo les es robada durante el viaje. El viaje hasta Berlín dura varios días, en los cuales no se les da comida. Muchos mueren antes de llegar a Berlín. (...) Una gran proporción de los expulsados de sus casas no son colocados en trenes, sino enviados hacia el oeste a pie”.
En Yugoslavia, por ejemplo, los alemanes fueron oficialmente declarados "fuera de la ley". En noviembre de 1.944 la "Liga antifascista para la liberación nacional" declaró lo siguiente:
1) Todas las personas que viviesen en Yugoslavia y fuesen de origen alemán, perdían automáticamente la ciudadanía yugoslava y todos los derechos civiles.
2) Todas las propiedades de las personas de origen alemán, pasaban a ser propiedad del estado.
3) Las personas de origen alemán no tienen ningún derecho ni pueden dirigirse a ningún tribunal para pedir protección. O sea, que cualquier alemán podía ser robado, encarcelado, maltratado y asesinado. Esta decisión fue dada a conocer por el comisario político de Tito, Moshe Pijade.
A día de hoy se desconoce con exactitud el destino de decenas de miles de alemanes residentes en Yugoslavia, pero conociendo los métodos de Tito y sus partisanos no es aventurado suponer lo peor.
En Trieste los partisanos de Tito practicaron una cruel y sangrienta venganza. En unas semanas desaparecieron unos 7.000 italianos y alemanes, la mayoría víctimas de la venganza ciega de los partisanos de Tito. Según investigaciones recientes mas de 1.100 prisioneros de guerra alemanes fueron bestialmente masacrados y arrojados a unas cuevas-agujeros que hay a unos kilómetros de Trieste. En "Foiba Miniera" debería haber los restos mortales de unos 3.800 prisioneros de guerra italianos y de unos 800 alemanes. Así estaba Yugoslavia en muchos lugares tras la "liberación".
Matanzas en Trieste por los partisanos de Tito
En Checoslovaquia el gran maestro de ajedrez Ludek Pachmann cuenta lo siguiente sobre lo que ocurrió a los alemanes en Praga:"Si hay un infierno en la tierra, estaba en Praga el 5 de mayo de 1.945. En las farolas de mi amada ciudad había colgados de los pies y como antorchas vivientes, hombres de las SS (...). Bandas armadas que se llamaban partisanos expulsaba gente de sus casas. En la desembocadura del Wassergasse colgaban tres cadáveres desnudos, con amputaciones que los hacían irreconocibles, les habían sacado todos los dientes, la boca era un agujero sangrante. Otros alemanes eran obligados a arrastrar a sus muertos en Stefangasse. Ancianos, mujeres, niños eran torturados, castigados hasta la muerte. Violaciones, bárbaras atrocidades (...). Yo no cuento estas barbaridades para difamar a mis compatriotas sino porque estoy convencido de que solo habrá entendimiento entre los pueblos cuando todos reconozcan cómo ocurrieron los hechos".
Las matanzas son innumerables y se repiten por todo el territorio, como por ejemplo la Matanza de Postoloprty.
Otro ejemplo de lo que sucedía con frecuencia es el de Aussig, el 31 de julio de 1945, cuando unos 2.700 alemanes fueron exterminados por los checos. Los casos eran tan frecuentes que llegaron a oídos occidentales y la prensa protestó por estos hechos, aún a pesar del espíritu antialemán imperante después de la guerra. El “The Economist” de Londres del 15 de septiembre de 1945, escribiría: “Los alemanes, sin duda, merecen castigo, pero no mediante torturas de este tipo”.
Las autoridades de las tropas de ocupación norteamericanas, asentadas entre otras regiones en la frontera con Checoslovaquia, tuvieron que tomar medidas para disminuir el creciente “estado de ánimo anticheco” que se registraba en sus tropas, que podían ver a diario las monstruosidades que cometían los checos comunistas contra las personas inocentes de etnia alemana.
Como escribía Víctor Gollancz en su libro “Nuestros valores amenazados” (1946): “Los alemanes fueron expulsados, no ya con una total ausencia de cualquier consideración, sino con un máximo de brutalidad”.
Recomiendo leer algunos testimonios. No se trata de excepciones. En todos los territorios de donde son expulsados los alemanes étnicos se repiten las mismas escenas de brutalidad.
Al este del Oder se evacuaron 700.000 personas, pero en la localidad de Striegau, a 50 kilómetros al suroeste de Breslau, 15.000 personas no pudieron huir y sufrieron toda la furia del Ejército Rojo. Cuando la Wehrmacht recuperó Striegau en marzo de 1945, encontró una ciudad adoquinada de cadáveres.
A día de hoy siguen apareciendo fosas comunes con más de 1.800 cuerpos encontrada en Marlbork (Polonia).
Churchill, que había sido uno de los principales defensores de la política de expulsiones, declaraba en la Cámara de los Comunes el 16 de Agosto de 1945: “Estoy particularmente afectado, en este momento, con las noticias sobre las condiciones de expulsión, y éxodo de los alemanes de la nueva Polonia....Escasas narraciones de los sucedido y de lo que está sucediendo se están filtrando, pero no es imposible que se esté produciendo una tragedia de escala prodigiosa detrás del telón de acero que en este momento divide Europa.”
Tercera fase mediados de 1945-1955.
Esta tercera fase es menos desorganizada. Por decirlo de alguna manera la limpieza étnica empieza a burocratizarse. Esto no supone que el ritmo de las expulsiones disminuyese o que cesaran las brutalidades y asesinatos, sino que estos empiezan a efectuarse con mayor orden. Aunque sí es cierto que en el transporte de los expulsados el número de muertes descendió sensiblemente, es también en esta fase en la que surgen los campos de concentración y los esclavos.
Campos de concentración.
El año 1.993, apareció en Nueva York el libro del periodista John Sack "An Eye for an Eye”. El libro está basado en el resultado de siete años de investigación intensiva en la Polonia de posguerra y los territorios de donde fueron expulsados los alemanes. Sack estudió montañas de documentos y entrevistó a numerosos testigos.
Sack escribe: "En estos enormes territorios (los que Polonia anexionó en 1.945) tenia la Oficina Estatal (organización encargada de perseguir a "nazis") 1.255 campamentos para alemanes, y en todos murieron del 20 al 50% de los prisioneros. Esto no se pudo mantener en secreto. Muchas personas tomaron el tren a Berlín y lo denunciaron a las embajadas de EEUU y Gran Bretaña, que informaron a Washington y Londres en enormes sobres”.
Alguien debió leerlos. En el diario de sesiones del día 2 de agosto de 1945 está escrito lo que un senador de EEUU dijo: "Tras los horrores de los campos de concentración nazis habría que esperar que algo así nunca mas volviese a ocurrir. Pero lo siento…". El senador informó de "orgías" de castigos, fusilamientos, torturas con agua, venas abiertas, destrozo de cráneos contra el techo… en los campos de concentración de las Oficinas del Estado (Sack, p. 111).
Según informaciones oficiales estos campos existieron de 1945 a 1948, y según los archivos alemanes murieron, o fueron asesinados, unos 80.000 alemanes, la mayoría ancianos y niños.
La Oficina, que tenia 1.255 campos de concentración, estaba dirigida por Jacob Berman. Entre sus ayudantes estaban Lola Potok Ackerfeld, Itzak Klein, Adela Glickman, Moshe Grossman, Shimon Nunberg, Salek Zucker, David Feuerstein, Ayzer Maka, Aaron Lehman, Jadzia Gutman Sapirstein, Shlomo Singer, Chaim Studniberg, Hanka Tinkpulver, Shlomo Morel, Efrain Lewin, Moshe Maka, Barek Einsenstein, Major Frydman, Jacobowitz, Mordecai Kac, Moshe Kalmewicki, Josef Kluger, Nachum Solowitz, Moshe Szajnwald y Schmuel Kleinhaut (Sack, p. 182-183).
John Sack, de origen judío, subraya que la Oficina estaba dominada por judíos: "Barek Einsenstein calculó que un 90% de los judíos de la Oficina de Kattowitz ‘polaquizaron’ sus nombres (…)”
Pinek Maka, secretario de seguridad del estado por Schlesien (Silesia), calculaba que entre un 70 y un 75% de los oficiales en Schlesien era judíos.
Barek Einsenstein calculaba al menos el 75%.
Moshe Makas "tal vez" entre el 70 y el 75%.
El año 1990 dijo el viceministro de justicia de Polonia: "No me gusta hablar de esto, pero la inmensa mayoría de los oficiales de la Oficina en toda Polonia eran judíos (…)"
“Entre los comandantes judíos estaban Major Frydman en Beuthen, Jacobowitz en un campo sin identificar, Shmuel Kleinhaut en Myslowitz, Efrain Lewin en Neisse, Shlomo Morel en Schwientochlowitz, Oppeln en Kattowitz y Lola Potok Ackerfeld en Gleiwitz. Czeslaw Geborsky, comandante en Lamsdorf era católico, pero de algún otro comandante (no judío) de campo de concentración, nunca he escuchado hablar.” (Sack, p.183).
Veamos alguno de estos campos de estos campos:
La situación en Schwientochlowitz
“Los guardias usaban garrotes, maderas, pértigas y las muletas de los alemanes para pegarles los 15 golpes cada uno. A veces cambiaban la paliza por la pena de muerte, para lo cual tomaban al alemán de pies y manos y como un espolón con la cabeza por delante lo golpeaban contra la pared (...) Los guardias violaron a las mujeres, por lo que una joven de 13 años quedó en estado (…) Enseñaron a sus perros a atacar a los alemanes mordiéndoles en los testículos. Pero aún quedaban 3.000 prisioneros, y Shlomo los odiaba aún mas que en febrero, ya que se resistían a morir (...) Al final los piojos llegaron para ayudar a Shlomo: un hombre enfermó de tifus y él y el otro hombre de su cama murieron, y al poco la fiebre se había extendido por todo el campamento de Shlomo (...).”
Al poco tiempo tres cuartas partes de los alemanes habían muerto en el campo de Shlomo, y éste dijo: "Lo que los alemanes no habían conseguido en cinco años en Auschwitz, lo he conseguido yo en Schwientochlowitz en sólo cinco meses" (Sack, p. 106).
Durante siete meses consiguió Shlomo Morel acabar con la vida de 2.500 civiles alemanes.
¿Qué fue de Shlomo Morel, director del campo?
En Polonia, en el año 1992, quisieron procesarlo por esta masacre. Morel huyó a Israel, que se niega a extraditarlo a Polonia.
Este solo es un somero resumen de una limpieza racial que expulsó de sus hogares a entre 12 y 15 millones de alemanes étnicos y que costó la vida a más de dos millones de ellos. ¿Venían reflejados estos hechos en tus libros de texto? ¿Has visto alguna película que los narre o que esté ambientada en el transcurso de estos acontecimientos? Pregunta a algunas de las personas que tienes a tu alrededor cuántos han oído hablar de estos sucesos. ¡Cómo es posible que una limpieza étnica en el corazón de Europa, que afectó a millones y millones de personas, apenas sea conocida fuera de Alemania!













