sábado, 7 de agosto de 2021

PERIODISTAS PERUANOS: LOS MÁS AFECTADOS EN EL MUNDO

Hans-Peter Firbas.- Trabajo informal, sin seguro médico ni pensión de jubilación, sueldos bajísimos, persecuciones judiciales y políticas y el récord mundial de muertes debido a la COVID-19 colocan a la profesión de periodismo en Perú, como una de las actividades más peligrosas y de menor respeto por parte de las autoridades nacionales, así como de los accionistas de los medios de comunicación.

En este Blog hemos tratado el tema reiteradamente. Uno de los asuntos más criticable es el hecho que los medios peruanos han reemplazado a gran parte de periodistas o comunicadores profesionales por personas que no tienen la menor idea de la responsabilidad que se tiene cuando alguien remite un mensaje a millones de personas. Muchos de ellos no miden las consecuencias de sus actos e inclusive desconocen los principales mecanismos de la información. Es como si un no médico opere a alguien. En este conflicto hablamos de los cerebros de los receptores.

La Clasificación de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras (RSF) 2021 revela un deterioro generalizado de la situación en América Latina. Perú se ubica en el puesto 91 sobre la evaluación a 180 países. Con algunas raras excepciones, el entorno laboral de los periodistas, que ya era hostil y complicado antes de la crisis del coronavirus, se ha deteriorado aún más.

La normalización de estos discursos con estigmas debilita a la profesión y genera ataques cada vez más enérgicos y violentos contra los medios de comunicación. RSF ha observado un aumento de los procesos judiciales abusivos contra la prensa, generalmente emprendidos por cargos electos o representantes del Estado, en países como Perú (91º, -1), Argentina (69, -5), e incluso Brasil y Nicaragua.

La periodista Lourdes Cueva Chacón del Instituto Reuters de Gran Bretaña ha realizado un extraordinario informe de investigación sobre la situación de la prensa en Perú. “La combinación de la pandemia, la inestabilidad política y las protestas ha afectado gravemente a los medios de comunicación en Perú. La pérdida significativa de puestos de trabajo en todo el país y un número récord de periodistas asesinados por COVID-19 apuntan a una recuperación difícil.”

Cueva sostiene que “ante uno de los encierros más estrictos de Sudamérica, los periódicos dejaron de imprimirse y pasaron meses antes de que muchos de ellos volvieran a las calles. La caída de la publicidad ha hecho que algunos periódicos importantes, como La República, hayan tardado en volver a sus ediciones diarias impresas completas.”

La investigación, realizada minuciosamente y con amplia data nos entrega cifras escalofriantes. 2,000 periodistas despedidos durante esta pandemia. El Grupo El Comercio, la operación de noticias más dominante en el país, 300 despidos, incluidos 100 periodistas, seguido por el Grupo La República con 50. Ambos grupos y otros han dejado de trabajar con la mayoría de sus corresponsales en las regiones del interior. El Grupo El Comercio también cerró el diario gratuito Publimetro y puso fin a la edición impresa de El Bocón, un diario deportivo de 26 años.

“135 periodistas asesinados por la COVID-19 en 2020, uno de los mayores números de muertes de periodistas en el mundo. La mayoría de ellos (80%) vivía fuera de la capital, Lima, lo que demuestra la precariedad de las condiciones laborales de los periodistas, que a menudo operan de forma independiente. Las estaciones de radio y televisión regionales y locales informaron haber perdido ingresos por publicidad y recortaron el tiempo de programación y el personal, y cerraron de manera temporal o permanente algunas operaciones,” señala Cueva en su reportaje en inglés.

“Las emisoras regionales no se beneficiaron de los programas de estímulo del gobierno, a diferencia de los grandes grupos de medios, pero pudieron obtener algo de alivio al participar en "Aprendo en Casa", una iniciativa estatal de educación en el hogar. La publicidad electoral también ha ayudado a algunos editores, pero proporciona un alivio temporal que puede no ser suficiente para salvar a algunos medios que operan en áreas remotas.”

Cueva manifiesta que “hubo un gran número de ataques a la prensa. Los más destacados se registraron durante las protestas callejeras de noviembre tras la destitución del presidente Martín Vizcarra por el Congreso y la posterior juramentación de Manuel Merino, presidente del Congreso. Más de 40 periodistas denunciaron agresiones físicas y detenciones.”

A las cifras de la colega, es necesario agregar la difícil situación por la que atraviesa la prensa opositora, llegando al extremo de estar obligados, por razones de seguridad, de producir sus programas desde el extranjero y la intención del gobierno de Castillo y de sus compinches terroristas es de apoderarse de la línea editorial y de la propiedad de los medios. Las persecuciones políticas, judiciales y las estrategias sociales de demolición y acoso a los periodistas son extremas.

Como van las cosas, a los periodistas de oposición sólo nos queda la autocensura, seguir en la oposición, lo que seguramente va a significar terminar muerto, desaparecido o preso o salir del país de inmediato. No nos queda mucho tiempo y se los digo con conocimiento de causa, ya que mi padre, sus hermanas, mi abuelo y abuela fueron deportados de Checoslovaquia, despojados de todos sus bienes y arrojados a la cloaca por el sólo hecho de ser alemanes civiles sin ninguna vinculación con la ideología o ejército nazi. Imagínese si usted, amigo colega, corra la misma suerte. Por nuestra parte, iniciando gestiones para tener un camino libre para desviarnos de rumbo de inmediato.