Luego del inicio el 9 de febrero de 2021 de esta campaña asesina, el 30 de diciembre de ese mismo año me inoculé por primera vez y el 20 de enero 2022 la segunda dosis. Desde ese entonces, mi vida corre peligro y mi médico, con mis investigaciones hacemos todo lo posible.
El MINSA en un documento denominado “Eventos adversos supuestamente atribuidos a la vacunación o inmunización (ESAVI) reportados a la vacuna contra la COVID-19 periodo 09 febrero 2021 al 28 febrero 2022” informa acerca que, hasta el 28 de febrero del 2022, se han registrado en la Base de Datos Nacional de Fármaco Vigilancia un total de 35,369 reportes de daños a la salud o muertes, de los 62 millones 941 mil 119 dosis administradas, lo que representa un 0,06%. Cabe resaltar que los reportes comprenden casos leves, moderados, graves y muerte.
En relación al desenlace de los casos reportados, 30,691 (82,4%) se recuperaron, 3,353 (12,7%) están recuperándose, 1088 (3,2%) se desconoce el desenlace, 35 (0,1%) con desenlace fatal y dos (0,01%) se recuperaron con secuela. Asimismo, según el tipo de profesional de la salud que realizó la notificación de ESAVI, se observó que el 71,2% de reporte de casos fue realizado por el profesional químico farmacéutico seguido por otros profesionales de la salud con 16,4% y por el profesional médico en un 11,2%.
Sin tomar en cuenta los miles de casos – como el mío- y muertes no reportadas, esta estadística es más que suficiente para que usted presente un habeas corpus o acción de amparo contra el Decreto Supremo 041-2022 PCM, y en cualquiera de las dos opciones el juez declarará sin dudar fundada su demanda, puesto que el gobierno ya no puede exigir la vacuna o el carné bajo pretexto de salud pública, ya que el informe del Ministerio de Salud evidencia que la vacuna no es segura ni eficaz.
CASO FIRBAS
Ni bien me inoculé la primera dosis, aparecieron varias reacciones adversas atribuidas a las vacunas COVID-19. Fatiga, somnolencia, intensos dolores de cabeza, mareos, náuseas, malestar, escalofríos, mialgia y sin saberlo, mi cuerpo comenzó a desarrollar el síndrome metabólico, no causado por no hacer actividad física al menos 30 minutos la mayoría de los días, no comer muchas verduras, frutas, proteínas magras y cereales integrales, no limitar la sal y las grasas saturadas en tu dieta, mantener un peso saludable y no fumar. Hago suficiente actividad física, como verduras todos los días, no consumo sal ni grasas saturadas, un poco de sobrepeso y no fumo. Entonces por qué sucedía esto.
El 16 de marzo, ante mi deplorable estado físico realicé lo que mi padre siempre decía: “el análisis de sangre me dirá con exactitud qué sucede con tu salud.” Mi sorpresa fue mayúscula, ya que el resultado de mis triglicéridos era de 323 mg/dl, cuando el límite básico es 150. Dejé pasar 15 días y fui sumamente exigente con las normas de salud que debo respetar para que bajen o quizás el resultado estaba errado. El 31 de marzo la cifra subió a 367 y no había razón para esta espectacular alza.
Los triglicéridos evalúan el riesgo de enfermedad cardiaca y vascular, justamente lo que ocasionan las vacunas COVID-19, información expuesta decenas de oportunidades en mi Blog. La medición de triglicéridos se emplea para el seguimiento y control de pacientes con diabetes, síndrome nefrótico, hepatitis viral, obstrucción hepática, pancreatitis y trastornos del metabolismo. Este último era mi asunto, más no ninguno de los anteriores.
Tras esa científica observación, mi médico optó por un tratamiento apuntando a neutralizar la vacuna. Vitamina C, E, D, aspirina y gemifibrozil. El gemifibrozil se usa junto con cambios en la dieta (restricción de la ingesta de colesterol y grasas) para reducir la cantidad de colesterol y triglicéridos (otras sustancias grasas) presentes en la sangre en ciertas personas con concentraciones muy altas de triglicéridos y que además están en riesgo de enfermedad pancreática (padecimientos que afectan al páncreas, una glándula que produce parte de los jugos digestivos y hormonas que controlan el azúcar en la sangre).
Ahora bien, hace varios años mi dieta es muy rigurosa, sin consumo de azúcar, grasas saturadas, frituras, poca carne, mucha verdura y frutas y actividad física. Simplemente había que reducir la cantidad de triglicéridos a como dé lugar, ya que me dirigía sin lugar a dudas a una trombosis, miocarditis o infarto. Eso hicimos y el 5 de mayo el nivel de triglicéridos se colocó en 149, menos de los 150 como cifra máxima.
Quién me asegura que, si no sigo con esta estrategia, nuevamente me suceda lo mismo. Mi doctor señaló que deje de tomar la medicina y volver a hacerme un análisis de sangre en 30 días para estar seguros que todo se encuentra bien, es decir, que los medicamentos ya no son necesarios. En conclusión, esperar para saber lo que me depara el futuro. He sido y soy testigo de innumerables consecuencias causadas por estas vacunas venenosas, entre ellas el fallecimiento de decenas de personas cercanas por coagulación intravascular diseminada, trombosis, derrame cerebral e infartos.
¿Por qué todos los resultados de mi perfil lipídico eran normales, salvo esta locura de 367 mg/dl de triglicéridos? Sólo el tiempo me dará una respuesta. Eso sí, nunca más aceptaré una vacuna. Mi padre fallecido en el 2002 siempre decía que jamás me deje inocular una vacuna contra un virus, salvo que sean virus antiguos y que hayan cumplido con todas las fases y normas. Recuerdo que señalaba hace 20 años que los virus que estaban apareciendo serían muy resistentes, que no tendrían cura, pero con un sistema inmunológico fuerte, mi propio cuerpo combatiría la enfermedad. A mi favor concluyo, que me vacuné para experimentar en carne propia si mis sospechas eran ciertas y no me equivoqué.
El MINSA en un documento denominado “Eventos adversos supuestamente atribuidos a la vacunación o inmunización (ESAVI) reportados a la vacuna contra la COVID-19 periodo 09 febrero 2021 al 28 febrero 2022” informa acerca que, hasta el 28 de febrero del 2022, se han registrado en la Base de Datos Nacional de Fármaco Vigilancia un total de 35,369 reportes de daños a la salud o muertes, de los 62 millones 941 mil 119 dosis administradas, lo que representa un 0,06%. Cabe resaltar que los reportes comprenden casos leves, moderados, graves y muerte.
En relación al desenlace de los casos reportados, 30,691 (82,4%) se recuperaron, 3,353 (12,7%) están recuperándose, 1088 (3,2%) se desconoce el desenlace, 35 (0,1%) con desenlace fatal y dos (0,01%) se recuperaron con secuela. Asimismo, según el tipo de profesional de la salud que realizó la notificación de ESAVI, se observó que el 71,2% de reporte de casos fue realizado por el profesional químico farmacéutico seguido por otros profesionales de la salud con 16,4% y por el profesional médico en un 11,2%.
Sin tomar en cuenta los miles de casos – como el mío- y muertes no reportadas, esta estadística es más que suficiente para que usted presente un habeas corpus o acción de amparo contra el Decreto Supremo 041-2022 PCM, y en cualquiera de las dos opciones el juez declarará sin dudar fundada su demanda, puesto que el gobierno ya no puede exigir la vacuna o el carné bajo pretexto de salud pública, ya que el informe del Ministerio de Salud evidencia que la vacuna no es segura ni eficaz.
CASO FIRBAS
Ni bien me inoculé la primera dosis, aparecieron varias reacciones adversas atribuidas a las vacunas COVID-19. Fatiga, somnolencia, intensos dolores de cabeza, mareos, náuseas, malestar, escalofríos, mialgia y sin saberlo, mi cuerpo comenzó a desarrollar el síndrome metabólico, no causado por no hacer actividad física al menos 30 minutos la mayoría de los días, no comer muchas verduras, frutas, proteínas magras y cereales integrales, no limitar la sal y las grasas saturadas en tu dieta, mantener un peso saludable y no fumar. Hago suficiente actividad física, como verduras todos los días, no consumo sal ni grasas saturadas, un poco de sobrepeso y no fumo. Entonces por qué sucedía esto.
El 16 de marzo, ante mi deplorable estado físico realicé lo que mi padre siempre decía: “el análisis de sangre me dirá con exactitud qué sucede con tu salud.” Mi sorpresa fue mayúscula, ya que el resultado de mis triglicéridos era de 323 mg/dl, cuando el límite básico es 150. Dejé pasar 15 días y fui sumamente exigente con las normas de salud que debo respetar para que bajen o quizás el resultado estaba errado. El 31 de marzo la cifra subió a 367 y no había razón para esta espectacular alza.
Los triglicéridos evalúan el riesgo de enfermedad cardiaca y vascular, justamente lo que ocasionan las vacunas COVID-19, información expuesta decenas de oportunidades en mi Blog. La medición de triglicéridos se emplea para el seguimiento y control de pacientes con diabetes, síndrome nefrótico, hepatitis viral, obstrucción hepática, pancreatitis y trastornos del metabolismo. Este último era mi asunto, más no ninguno de los anteriores.
Tras esa científica observación, mi médico optó por un tratamiento apuntando a neutralizar la vacuna. Vitamina C, E, D, aspirina y gemifibrozil. El gemifibrozil se usa junto con cambios en la dieta (restricción de la ingesta de colesterol y grasas) para reducir la cantidad de colesterol y triglicéridos (otras sustancias grasas) presentes en la sangre en ciertas personas con concentraciones muy altas de triglicéridos y que además están en riesgo de enfermedad pancreática (padecimientos que afectan al páncreas, una glándula que produce parte de los jugos digestivos y hormonas que controlan el azúcar en la sangre).
Ahora bien, hace varios años mi dieta es muy rigurosa, sin consumo de azúcar, grasas saturadas, frituras, poca carne, mucha verdura y frutas y actividad física. Simplemente había que reducir la cantidad de triglicéridos a como dé lugar, ya que me dirigía sin lugar a dudas a una trombosis, miocarditis o infarto. Eso hicimos y el 5 de mayo el nivel de triglicéridos se colocó en 149, menos de los 150 como cifra máxima.
Quién me asegura que, si no sigo con esta estrategia, nuevamente me suceda lo mismo. Mi doctor señaló que deje de tomar la medicina y volver a hacerme un análisis de sangre en 30 días para estar seguros que todo se encuentra bien, es decir, que los medicamentos ya no son necesarios. En conclusión, esperar para saber lo que me depara el futuro. He sido y soy testigo de innumerables consecuencias causadas por estas vacunas venenosas, entre ellas el fallecimiento de decenas de personas cercanas por coagulación intravascular diseminada, trombosis, derrame cerebral e infartos.
¿Por qué todos los resultados de mi perfil lipídico eran normales, salvo esta locura de 367 mg/dl de triglicéridos? Sólo el tiempo me dará una respuesta. Eso sí, nunca más aceptaré una vacuna. Mi padre fallecido en el 2002 siempre decía que jamás me deje inocular una vacuna contra un virus, salvo que sean virus antiguos y que hayan cumplido con todas las fases y normas. Recuerdo que señalaba hace 20 años que los virus que estaban apareciendo serían muy resistentes, que no tendrían cura, pero con un sistema inmunológico fuerte, mi propio cuerpo combatiría la enfermedad. A mi favor concluyo, que me vacuné para experimentar en carne propia si mis sospechas eran ciertas y no me equivoqué.
