Aunque el progreso del hombre en la industria y ciencia trajo grandes mejoras científicas, la cocina se ha mantenido al margen, perfeccionando su rol de sibarita (persona que es aficionada al lujo y a los placeres caros y refinados, especialmente si rechaza las cosas que no lo son) sin incorporar los avances nutricionales.
Subordinada al sensualismo, ha despreciado los consejos de las universidades y de la industria alimentaria. En su afán de satisfacer al mercado ha seguido en muchos aspectos el mismo camino.
Sin embargo, no hay ninguna incompatibilidad entre las exigencias del paladar y de la ciencia. Muchos platos exquisitos son muy nutritivos, mientras que otros igualmente apreciados por el comensal ignorante no solo presentan valores alimentarios inferiores, sino hasta resultan dañinos.
Frente a las grandes deficiencias nutricionales y los efectos perjudiciales de muchas comidas, conviene que tomemos conciencia de las causas de nuestros problemas de salud, de malestar, cansancio, desgano y prematura pérdida de la juventud y mejoremos nuestra cocina.
No solo los ingredientes de los platos, que consumimos, influyen sobre nuestra salud y vida, sino también la manera en que se preparan en la cocina. Por ejemplo, el exceso de calor genera compuestos tóxicos en las frituras y el empleo del aceite sobrante o de sartenes mal lavadas agrava el problema.
La experiencia de mi familia prueba que se pueden consumir grandes cantidades de aceite vegetal fresco, sin sufrir prejuicios, mientras que cantidades menores de aceite adherido a las frituras pueden causar trastornos.
Las temperaturas superiores al punto de ebullición del agua, es decir a los 100°C, deterioran la calidad de las proteínas. La incorporación de los subproductos del humo en la preparación de carnes a la brasa aumenta aún más los riesgos de enfermedades, como el cáncer.
Las personas que conscientemente pasan de alto estos peligros no deberían quejarse de su “mala suerte” cuando caen enfermas. Al sancochar sus alimentos, el antiguo peruano inteligente sabía proteger su salud.
La ignorancia convierte al hombre moderno en víctima de las trampas, que tiende nuestra civilización. Por esta razón, deseo entregarles sencillas pautas al alcance de todos, antes de ahondar en los principios de la Dietética y Nutrición.
No pretendo menguar el placer de la buena mesa a nadie. Solo espero poder introducir algunas innovaciones altamente beneficiosas, desde todo punto de vista.
Al mismo tiempo he minimizado el esfuerzo, que exige todo cambio, y he reducido los gastos de tal manera que las novedades permitan una gran economía.
Espero contar con su indispensable entusiasmo. Para su propio bien, le ruego que baje el escudo de su desconfianza y prejuicios y me siga. Estamos en peligro y necesitamos todos la protección de una sabia alimentación.
Las recetas, que les presento, son originales. Han sido desarrolladas en los últimos años. No solo deben haberme ayudando a sobrevivir a un diagnóstico confirmado de neoplasia (tumor), sino también a aumentar mi rendimiento profesional y capacidad para el ejercicio.
Los fundamentos de las recetas y sus virtudes se encuentran bien documentados en la literatura científica y se sustentan en pruebas, realizadas con animales.
El agua potable
Para mantener la hidratación y vida de nuestro cuerpo, debemos reponer diariamente el agua perdida por la piel, los riñones, los pulmones y el intestino, a través de las bebidas y los alimentos, que deben aportar un total de unos 2 litros en condiciones normales.
El ejercicio fuerte, el calor, las diarreas y los diuréticos aumentan nuestra necesidad de agua y sales.
Si solo suministramos agua pura destilada o casi pura (las aguas blandas), podría producirse deshidratación por falta de sales perdidas en el sudor o las heces.
Este hecho justifica en los niños el empleo de las bolsitas rehidratantes en casos graves de deshidratación y el uso de adecuadas bebidas para todos.
En zonas geográficas, que presentan aguas duras, se observan menos trastornos circulatorios y promedios más largos de vida.
Por lo tanto es conveniente que el agua, que bebemos, contenga sales disueltas. Las más comunes son de calcio y magnesio.
Las superbebidas
La pérdida más grave en la deshidratación es la eliminación del potasio, el principal elemento del contenido líquido de nuestras células.
La deshidratación grave y muchos medicamentos (corticoides y diuréticos) fomentan la pérdida del potasio.
Al formular las súper bebidas, que deben ser superiores a las bebidas generalmente consumidas, he incorporado en su composición potasio y otros elementos de origen vegetal, que previenen la excesiva acidificación de la sangre por los alimentos de origen animal y los cereales, grave a veces en diabéticos, desnutridos o personas bajo régimen de adelgazamiento.
Los ácidos orgánicos, como el cítrico de los limones y el málico de las manzanas, uvas y plátanos, se “queman” en nuestro organismo. No solo no producen acidificación sino estimulan el metabolismo a través de ciclos metabólicos, en los cuales ocupan posiciones claves.
Por lo tanto, solo en enfermos de úlceras o inflamaciones del estómago o duodeno está contraindicado el consumo de jugos de frutas.
Además, las súper bebidas deben alimentar al brindar vitaminas y muchos minerales, completando los aportes de los alimentos. No deben contener altos niveles de azúcar, que puede causar molestias por fermentación en el estómago y el intestino (gases) y deshidratar por ósmosis (atracción del agua). Las bebidas gaseosas suelen contener excesos de azúcar, colorantes impuros y conservadores químicos. Por supuesto, las superbebidas también deben ser agradables.
El superrefresco
Todos conocen las virtudes de la soya, y muchos probablemente han probado la leche de soya.
Sin embargo, no creo que alguien haya probado un refresco de soya, que podemos preparar con los siguientes ingredientes: 50 gramos (cuatro cucharadas) de frijoles de soya escogidos, limpios de impureza y granos dañados, 2 cucharadas llenas de azúcar (aproximadamente 25 gramos), una pizca de sal, el jugo de los limones colado, y agua potable. ¡Evite aluminio cuando usa jugo de limón! Necesitamos además tazas, ollas y una licuadora, tocuyo, etc.
Se lava la soya escogida unas cuatro veces con agua. Se agrega la sal, el azúcar y media taza de agua, así como el jugo de limón. Se remueve hasta que el azúcar este disuelta y se deje reposar tapando unas 4 a 8 horas (a menor temperatura ambiental más tiempo). Luego se coloca todo en la copa de la licuadora, se agregan 3 tazas de agua y se licúa a mediana velocidad unos minutos. Se lleva a ebullición y se cuela frío. El refresco, así preparado, está listo. El bagazo se usa en tortillas.
La acidez del limón ha sido neutralizada por la soya. Tanto el frijol soya como el jugo de limón son ricos en potasio y actúan en nuestro organismo como alcalinizantes. Los naturistas pregonan mucho las ventajas de la “cura de limón”. Aquí además tenemos un buen tónico.
El refresco de soya ha perdido gran parte del sabor astringente de la soya y es agradable. Contiene una gran parte de las vitaminas y minerales de la soya y del limón, así como ácidos grasos esenciales de la soya. Los azúcares han sido desdoblados.
Los factores negativos de la soya fueron eliminados en la ebullición y el tiempo que demora el enfriamiento. Todos pueden tomar este refresco. No produce trastornos. Se combina bien con el vodka para las fiestas.
Para preparar en un solo licuado cantidades mayores, debe retenerse una parte del agua, mezclándola después, ya que la capacidad de nuestras licuadoras suelen limitarse a un litro.
El superemoliente
El superemoliente agrega a la mayoría de las ventajas del súper refresco y su acción reguladora sobre la digestión y su efecto emoliente, es decir ablandador, sobre las heces, así como factores antiinflamatorios y efectos diuréticos suaves.
La cebada es la base para su preparación. El consumo de cebada parece aumentar la longevidad. Se encuentra extendido sobre aquellas regiones, Kashmir en el Pakistán y Puno en el Perú, donde abundan los centenarios.
La linaza suministra el mucílago de alto poder absorbente de agua y espesante. Ayuda y protege a intestino.
Sin embargo, la linaza debe tratarse con agua, dejándola en remojo, para eliminar factores tóxicos, que causan serios daños a animales (pollos y ratas), cuando se usa más que 2.5 % en las raciones.
Mi planta preferida para la preparación del superemoliente es el llantén, cuyas hojas parecen reducir inflamaciones.
La innovación en la preparación del superemoliente, sin embargo, no radica en los ingredientes, sino en la técnica, que conduce a mejoras tales como la elevación del valor nutritivo y la destrucción de factores tóxicos por medio del remojo previo de las semillas. Desaconsejo la alfalfa, contaminada.
Empleamos los siguientes ingredientes: 1 taza (150 gramos) de cebada con su cáscara, 5 cucharadas grandes llenas (50 gramos) de linaza, hojas de llantén, azúcar, sal y limón. Considero opcional el uso de boldo. Aparte los utensilios corrientes de cocina, conviene contar con un tamiz de malla fina.
La cebada y la linaza se colocan en una olla, de preferencia de hierro enlozado. Se agregan 2 tazas o medio litro de agua y se deja en remojo por un día en la misma olla tapada. Al día siguiente, después de 24 horas, se descarta el agua sobre un tamiz o colador, dejándola escurrir. Las semillas se devuelven a la misma olla y se secan a fuego lento, removiéndolas ocasionalmente. También pueden secarse al sol en una bandeja, si éste caliente fuerte y hay viento. Las semillas secas se tuestan a fuego lleno, removiéndolas permanentemente. Solo deben cambiar ligeramente de color y empezar a chasquear para evitar la formación de compuestos fenólicos. Adicione una pizca de sal.
Seguidamente se agrega un litro (o 4 tazas) de agua y unas 12 hojitas tiernas, chicas, o 3 hojas grandes de llantén, y 2 a 3 cucharadas llenas de azúcar, mezcla y deja enfriar, lo suficiente para pasar cómodamente por el tamiz, recibiendo el superemoliente en un “pyrex”. Puede servirse caliente enseguida o guardar en la heladera.
El sabor puede regularse de acuerdo al gusto de las personas. Es una combinación de amargo, dulce y ácido. Si resulta demasiado fuerte, puede diluirse con agua hervida. Muchas personas, acostumbradas a consumir excesos de azúcar, rechazan el sabor amargo, aunque es un estimulante de la secreción de jugos digestivos (aperitivo). La reducción de las hojas de llantén disminuye el sabor amargo, pero probablemente merma efectos beneficiosos.
De un modo algo similar, con un remojo seguido de secado y tostado, pueden prepararse a partir de frijoles soya “nueces soya”.
Un método rápido de preparación, que evita el molesto tostado, parte del empleo de afrecho de trigo, que está formado por la cáscara del trigo, tostada, en la forma comercial para consumo humano. Sobre 5 cucharadas grandes, llenas (50 gramos) de linaza se agrega una taza de agua, se mezcla y deja en remojo, tapado, por un día, de preferencia en un recipiente de vidrio. Al día siguiente se pasa todo a una olla grande, se agrega 1 y 1/2 taza (50 gramos) de afrecho, una pizca de sal, 4 a 5 cucharadas llenas de azúcar, unas 12 hojitas tiernas, chicas, de llantén y dos litros y dos litros (8 tazas) de agua. Se hierve unos 10 minutos, se retira del fuego y agrega el jugo de dos limones. Se deja enfriar y cuela. Se mezcla.
No conviene recurrir al emoliente, expendido en la calle, debido al empleo de ingredientes contaminados y la poca higiene en su preparación y servido. Con el método rápido es fácil preparar el súper emoliente. Las personas con gastritis o úlceras deben prescindir del limón, pero pueden usar cáscara de naranja en el hervido, o anís.
Sin embargo, no hay ninguna incompatibilidad entre las exigencias del paladar y de la ciencia. Muchos platos exquisitos son muy nutritivos, mientras que otros igualmente apreciados por el comensal ignorante no solo presentan valores alimentarios inferiores, sino hasta resultan dañinos.
Frente a las grandes deficiencias nutricionales y los efectos perjudiciales de muchas comidas, conviene que tomemos conciencia de las causas de nuestros problemas de salud, de malestar, cansancio, desgano y prematura pérdida de la juventud y mejoremos nuestra cocina.
No solo los ingredientes de los platos, que consumimos, influyen sobre nuestra salud y vida, sino también la manera en que se preparan en la cocina. Por ejemplo, el exceso de calor genera compuestos tóxicos en las frituras y el empleo del aceite sobrante o de sartenes mal lavadas agrava el problema.
La experiencia de mi familia prueba que se pueden consumir grandes cantidades de aceite vegetal fresco, sin sufrir prejuicios, mientras que cantidades menores de aceite adherido a las frituras pueden causar trastornos.
Las temperaturas superiores al punto de ebullición del agua, es decir a los 100°C, deterioran la calidad de las proteínas. La incorporación de los subproductos del humo en la preparación de carnes a la brasa aumenta aún más los riesgos de enfermedades, como el cáncer.
Las personas que conscientemente pasan de alto estos peligros no deberían quejarse de su “mala suerte” cuando caen enfermas. Al sancochar sus alimentos, el antiguo peruano inteligente sabía proteger su salud.
La ignorancia convierte al hombre moderno en víctima de las trampas, que tiende nuestra civilización. Por esta razón, deseo entregarles sencillas pautas al alcance de todos, antes de ahondar en los principios de la Dietética y Nutrición.
No pretendo menguar el placer de la buena mesa a nadie. Solo espero poder introducir algunas innovaciones altamente beneficiosas, desde todo punto de vista.
Al mismo tiempo he minimizado el esfuerzo, que exige todo cambio, y he reducido los gastos de tal manera que las novedades permitan una gran economía.
Espero contar con su indispensable entusiasmo. Para su propio bien, le ruego que baje el escudo de su desconfianza y prejuicios y me siga. Estamos en peligro y necesitamos todos la protección de una sabia alimentación.
Las recetas, que les presento, son originales. Han sido desarrolladas en los últimos años. No solo deben haberme ayudando a sobrevivir a un diagnóstico confirmado de neoplasia (tumor), sino también a aumentar mi rendimiento profesional y capacidad para el ejercicio.
Los fundamentos de las recetas y sus virtudes se encuentran bien documentados en la literatura científica y se sustentan en pruebas, realizadas con animales.
El agua potable
Para mantener la hidratación y vida de nuestro cuerpo, debemos reponer diariamente el agua perdida por la piel, los riñones, los pulmones y el intestino, a través de las bebidas y los alimentos, que deben aportar un total de unos 2 litros en condiciones normales.
El ejercicio fuerte, el calor, las diarreas y los diuréticos aumentan nuestra necesidad de agua y sales.
Si solo suministramos agua pura destilada o casi pura (las aguas blandas), podría producirse deshidratación por falta de sales perdidas en el sudor o las heces.
Este hecho justifica en los niños el empleo de las bolsitas rehidratantes en casos graves de deshidratación y el uso de adecuadas bebidas para todos.
En zonas geográficas, que presentan aguas duras, se observan menos trastornos circulatorios y promedios más largos de vida.
Por lo tanto es conveniente que el agua, que bebemos, contenga sales disueltas. Las más comunes son de calcio y magnesio.
Las superbebidas
La pérdida más grave en la deshidratación es la eliminación del potasio, el principal elemento del contenido líquido de nuestras células.
La deshidratación grave y muchos medicamentos (corticoides y diuréticos) fomentan la pérdida del potasio.
Al formular las súper bebidas, que deben ser superiores a las bebidas generalmente consumidas, he incorporado en su composición potasio y otros elementos de origen vegetal, que previenen la excesiva acidificación de la sangre por los alimentos de origen animal y los cereales, grave a veces en diabéticos, desnutridos o personas bajo régimen de adelgazamiento.
Los ácidos orgánicos, como el cítrico de los limones y el málico de las manzanas, uvas y plátanos, se “queman” en nuestro organismo. No solo no producen acidificación sino estimulan el metabolismo a través de ciclos metabólicos, en los cuales ocupan posiciones claves.
Por lo tanto, solo en enfermos de úlceras o inflamaciones del estómago o duodeno está contraindicado el consumo de jugos de frutas.
Además, las súper bebidas deben alimentar al brindar vitaminas y muchos minerales, completando los aportes de los alimentos. No deben contener altos niveles de azúcar, que puede causar molestias por fermentación en el estómago y el intestino (gases) y deshidratar por ósmosis (atracción del agua). Las bebidas gaseosas suelen contener excesos de azúcar, colorantes impuros y conservadores químicos. Por supuesto, las superbebidas también deben ser agradables.
El superrefresco
Todos conocen las virtudes de la soya, y muchos probablemente han probado la leche de soya.
Sin embargo, no creo que alguien haya probado un refresco de soya, que podemos preparar con los siguientes ingredientes: 50 gramos (cuatro cucharadas) de frijoles de soya escogidos, limpios de impureza y granos dañados, 2 cucharadas llenas de azúcar (aproximadamente 25 gramos), una pizca de sal, el jugo de los limones colado, y agua potable. ¡Evite aluminio cuando usa jugo de limón! Necesitamos además tazas, ollas y una licuadora, tocuyo, etc.
Se lava la soya escogida unas cuatro veces con agua. Se agrega la sal, el azúcar y media taza de agua, así como el jugo de limón. Se remueve hasta que el azúcar este disuelta y se deje reposar tapando unas 4 a 8 horas (a menor temperatura ambiental más tiempo). Luego se coloca todo en la copa de la licuadora, se agregan 3 tazas de agua y se licúa a mediana velocidad unos minutos. Se lleva a ebullición y se cuela frío. El refresco, así preparado, está listo. El bagazo se usa en tortillas.
La acidez del limón ha sido neutralizada por la soya. Tanto el frijol soya como el jugo de limón son ricos en potasio y actúan en nuestro organismo como alcalinizantes. Los naturistas pregonan mucho las ventajas de la “cura de limón”. Aquí además tenemos un buen tónico.
El refresco de soya ha perdido gran parte del sabor astringente de la soya y es agradable. Contiene una gran parte de las vitaminas y minerales de la soya y del limón, así como ácidos grasos esenciales de la soya. Los azúcares han sido desdoblados.
Los factores negativos de la soya fueron eliminados en la ebullición y el tiempo que demora el enfriamiento. Todos pueden tomar este refresco. No produce trastornos. Se combina bien con el vodka para las fiestas.
Para preparar en un solo licuado cantidades mayores, debe retenerse una parte del agua, mezclándola después, ya que la capacidad de nuestras licuadoras suelen limitarse a un litro.
El superemoliente
El superemoliente agrega a la mayoría de las ventajas del súper refresco y su acción reguladora sobre la digestión y su efecto emoliente, es decir ablandador, sobre las heces, así como factores antiinflamatorios y efectos diuréticos suaves.
La cebada es la base para su preparación. El consumo de cebada parece aumentar la longevidad. Se encuentra extendido sobre aquellas regiones, Kashmir en el Pakistán y Puno en el Perú, donde abundan los centenarios.
La linaza suministra el mucílago de alto poder absorbente de agua y espesante. Ayuda y protege a intestino.
Sin embargo, la linaza debe tratarse con agua, dejándola en remojo, para eliminar factores tóxicos, que causan serios daños a animales (pollos y ratas), cuando se usa más que 2.5 % en las raciones.
Mi planta preferida para la preparación del superemoliente es el llantén, cuyas hojas parecen reducir inflamaciones.
La innovación en la preparación del superemoliente, sin embargo, no radica en los ingredientes, sino en la técnica, que conduce a mejoras tales como la elevación del valor nutritivo y la destrucción de factores tóxicos por medio del remojo previo de las semillas. Desaconsejo la alfalfa, contaminada.
Empleamos los siguientes ingredientes: 1 taza (150 gramos) de cebada con su cáscara, 5 cucharadas grandes llenas (50 gramos) de linaza, hojas de llantén, azúcar, sal y limón. Considero opcional el uso de boldo. Aparte los utensilios corrientes de cocina, conviene contar con un tamiz de malla fina.
La cebada y la linaza se colocan en una olla, de preferencia de hierro enlozado. Se agregan 2 tazas o medio litro de agua y se deja en remojo por un día en la misma olla tapada. Al día siguiente, después de 24 horas, se descarta el agua sobre un tamiz o colador, dejándola escurrir. Las semillas se devuelven a la misma olla y se secan a fuego lento, removiéndolas ocasionalmente. También pueden secarse al sol en una bandeja, si éste caliente fuerte y hay viento. Las semillas secas se tuestan a fuego lleno, removiéndolas permanentemente. Solo deben cambiar ligeramente de color y empezar a chasquear para evitar la formación de compuestos fenólicos. Adicione una pizca de sal.
Seguidamente se agrega un litro (o 4 tazas) de agua y unas 12 hojitas tiernas, chicas, o 3 hojas grandes de llantén, y 2 a 3 cucharadas llenas de azúcar, mezcla y deja enfriar, lo suficiente para pasar cómodamente por el tamiz, recibiendo el superemoliente en un “pyrex”. Puede servirse caliente enseguida o guardar en la heladera.
El sabor puede regularse de acuerdo al gusto de las personas. Es una combinación de amargo, dulce y ácido. Si resulta demasiado fuerte, puede diluirse con agua hervida. Muchas personas, acostumbradas a consumir excesos de azúcar, rechazan el sabor amargo, aunque es un estimulante de la secreción de jugos digestivos (aperitivo). La reducción de las hojas de llantén disminuye el sabor amargo, pero probablemente merma efectos beneficiosos.
De un modo algo similar, con un remojo seguido de secado y tostado, pueden prepararse a partir de frijoles soya “nueces soya”.
Un método rápido de preparación, que evita el molesto tostado, parte del empleo de afrecho de trigo, que está formado por la cáscara del trigo, tostada, en la forma comercial para consumo humano. Sobre 5 cucharadas grandes, llenas (50 gramos) de linaza se agrega una taza de agua, se mezcla y deja en remojo, tapado, por un día, de preferencia en un recipiente de vidrio. Al día siguiente se pasa todo a una olla grande, se agrega 1 y 1/2 taza (50 gramos) de afrecho, una pizca de sal, 4 a 5 cucharadas llenas de azúcar, unas 12 hojitas tiernas, chicas, de llantén y dos litros y dos litros (8 tazas) de agua. Se hierve unos 10 minutos, se retira del fuego y agrega el jugo de dos limones. Se deja enfriar y cuela. Se mezcla.
No conviene recurrir al emoliente, expendido en la calle, debido al empleo de ingredientes contaminados y la poca higiene en su preparación y servido. Con el método rápido es fácil preparar el súper emoliente. Las personas con gastritis o úlceras deben prescindir del limón, pero pueden usar cáscara de naranja en el hervido, o anís.
Lo más interesante de estos consejos es que no sólo quien escribe ha servido para comprobar a lo largo de mis 58 años de vida las bondades acá señaladas. por suerte, no soy uno. Mis dos hermanos, mis dos hijos, mi propio padre y muchos ciudadanos que fueron beneficiados con estos consumos en su salud.
Uno de los grandes errores que comete la medicina moderna es buscar a la fuerza reemplazar los alimentos naturales por remedios sintéticos. Lo más grave:en más de medio siglo de diversas atenciones y consultas con un número indeterminado de médicos, quizás un par de excepciones recurrieron a análisis de sangre antes y después de los tratamientos. Nunca entenderé cómo un doctor en medicina no utiliza los datos que nos entrega la sangre para un correcto diagnóstico y no andar adivinando, acertando o fallando por causa de la suerte o de un presentimiento.
Si buscamos convertir a la medicina en una ciencia exacta -que no lo es- es por culpa de los propios galenos. Un niño tiene frío en Puno y se muere, a pesar que les llevaron casas especiales, frazadas, abrigos y otros. Sin embargo, el niño no muere de frío. Fallece porque su cuerpo mal alimentado y bajo en defensas no está capacitado para defenderse de bajas temperaturas. pero al parecer, la brutalidad manda.
Hans-Peter Firbas









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